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Una maestra
quiso demostrar a sus niños de primaria que Dios es un mito. La clase ocurrió así:
MAESTRA: Hoy vamos a aprender que Dios
no existe.
(Entonces, dirigiéndose a uno de los niños dice:) ¿Tito, ves el árbol allá afuera?
TITO: Si, maestra.
MAESTRA: ¿Tito, ves la hierba?
TITO: Si, maestra.
MAESTRA: Vete afuera y mira
hacía arriba y dime si ves el
cielo.
TITO: (Regresando unos minutos mas tarde) Si, vi el cielo, maestra.
MAESTRA: ¿Y vistes a Dios?
TITO: No, maestra.
MAESTRA: Esto
es exactamente mi
punto. Podemos ver todo lo que
existe, pero no podemos ver a Dios porque
El no existe. Es un cuento.
En
ese
momento, María, una compañera de
Tito, pidió
a la maestra si podría hacerle mas
preguntas a Tito.
La maestra, algo
sorprendida, accedió.
MARIA:
¿Tito, ves los árboles afuera?
TITO: Si.
MARIA: ¿ves la
hierba?
TITO: (ya aburrido de
tantas preguntas,
contesta) Siiiiiiiii
MARIA:
¿ves a la maestra?
TITO: Siiiiii
MARIA: Todo lo que existe se
ve, ¿cierto?
TITO: Siiii
MARIA: ¿ves el
cerebro de la maestra?
TITO: Noooo.
MARIA: Entonces, Tito,
según nos han enseñado hoy, ¡nuestra maestra no
tiene cerebro!
Cuando
era joven, mi carácter fuerte, impulsivo y explosivo,
me hacía reventar en
cólera a la menor provocación.
La mayoría de las veces,
después de uno de estos
incidentes,
me sentía avergonzado y
me esforzaba por
consolar a quien había
dañado.
Un día mi maestro, quien
me vio dando excusas a un
compañero de
salón después de una explosión
de ira,
me llevó a un aula, me
entregó una hoja
de papel lisa y me dijo:
"¡Estrújalo!".
Asombrado, obedecí, lo
arrugué e hice con él una
bolita.
Luego me dijo:
"Ahora déjalo como
estaba antes" ...
Por supuesto que no pude
dejarlo como estaba.
Por más que
traté, el papel quedó lleno de
pliegues y arrugas.
El profesor me dijo:
"El corazón de las
personas es como este papel ...
La impresión que dejas
en ellos, será tan difícil
de
borrar como esas arrugas y esos
pliegues que
has hecho en el papel" ...
Así aprendí a ser
más comprensivo y paciente.
Cuando siento ganas de
estallar, recuerdo ese papel arrugado.
La impresión que dejamos
en los demás es
imposible de borrar ...
más aún cuando lastimamos
con nuestras reacciones o con
nuestras palabras ...
Si te
has levantado
de la cama esta mañana… recuerda cuantos no pueden. Un
millón de personas no va a sobrevivir esta semana…
Si
nunca has
experimentado el peligro de una batalla, la soledad del
encarcelamiento, la agonía de la tortura, o la angustia del
hambre… recuerda a 500 millones de tus hermanos que lo sufren en este
momento.
Si
puedes asistir a
la iglesia sin temor de ser acosado, arrestado, torturado, o matado…
recuerda que tres billones de tus hermanos en el mundo no gozan de esa
libertad.
Si
tienes alimentos
en el refrigerador, ropa para ponerte, un techo sobre tu cabeza, y un
lugar donde dormir… recuerda que eres mas rico que el 75% de tus
hermanos.
Si
tienes dinero en
el banco, en tu billetera, y menudo o cambio en algún lugar de
tu casa… estas en el tope del 8% de los ricos del mundo.
Si
tus padres siguen
casados… esto es algo extraordinario en cualquier parte del mundo.
Si
agradeces a Dios
por tantas bendiciones en tu vida y le correspondes de corazón,
eres afortunado pues la mayoría pueden, pero no lo hacen.
Si te
olvidas de ti
mismo y vives para Dios y para tus hermanos, si te acercas a ellos para
compartir tus riquezas espirituales y materiales, has encontrado la
felicidad mas grande.
Si
puedes leer este
mensaje, eres dichoso pues tienes vista y la estás utilizando en
un lugar que alimenta tu fe. Dios te ama. Comparte tu dicha.
Alaba a Dios y se agradecido. Dos billones de personas en el mundo ni
siquiera pueden leer muchos millones mas son ciegos.
Ten
un buen
día, cuenta tus bendiciones, y compártelas. Comparte
también este mensaje.
PAGADO CON
UN VASO DE LECHE
Un joven que pagaba
sus estudios trabajando de vendedor
ambulante, sentía hambre pero no tenía dinero para
almorzar. Decidió vencer la vergüenza que le daba mendigar
y pedir algo de comer en la próxima puerta que tocase. No
obstante, perdió su nervio cuando una hermosa joven le
abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió solo un
vaso de agua.
Ella, sin embargo,
se apiadó de el y le trajo un
vaso de leche. El se lo tomó tímidamente y
preguntó, "¿Cuanto le debo?". - "No me debe nada,"
respondió ella. "Mi madre nos enseñó a nunca
aceptar pago por hacer un favor." "Entonces le agradezco de
corazón.", respondió el joven.
Aquel joven llamado
Howard Kelly se fue de
aquella casa, no solo sintiéndose fortalecido en su cuerpo sino
también en su fe en Dios y en la humanidad. Antes del
incidente estaba pensando en rendirse y renunciar.
Muchos años
mas tarde aquella joven, ya mayor,
se enfermo gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados.
Finalmente la enviaron al hospital de una gran ciudad donde practicaba
un famoso especialista en aquella enfermedad.
Cuando el
médico se dio cuenta del nombre de su
nueva paciente y del pueblo de procedencia, inmediatamente se
levantó y fue a verla. La reconoció inmediatamente.
Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar
su vida. La lucha fue larga pero la señora se salvó.
Por su parte la
señora andaba muy preocupada
sabiendo que el precio de su estancia en el hospital sería
astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió
órdenes que le pasaran a el la cuenta final. Después de
examinarla escribió un mensaje al pie de la cuenta antes de que
fuese enviada a la señora.
Ella abrió
aquella cuenta con gran temor,
pensando que pasaría el resto de sus días
pagándola. Finalmente miró y cual fue su asombró
cuando leyó al pie de la lista de enormes cifras:
Todo
Pagado por completo con un
vaso de leche.
Firmado: Dr. Howard Kelly.
POR UNA PESETA
Hace años un predicador se mudó
para Houston, Texas. Poco después, se montó en un
autobús para ir al centro de la
ciudad. Al
sentarse, descubrió que el chofer le había
dado una peseta de más en el cambio.
Mientras consideraba que hacer, pensó para si mismo, "Ah,
olvídalo, es solo una peseta. ¿Quien se va a preocupar
por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de autobús recibe
mucho de las tarifas y no
la
echarán de
menos. Acéptalo
como un regalo de Dios." Pero cuando llegó a su
parada,
se detuvo y, pensando de nuevo,
decidió darle la peseta al conductor diciéndole, "Tome, usted me dio esta
peseta de más."
El conductor, con una sonrisa le
respondió, "Se que eres el nuevo
predicador
del pueblo. He pensando regresar a la
iglesia y quería ver que usted
haría si
yo le daba demasiado cambio”
Se
bajó el predicador sacudido por dentro y dijo: "Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por una peseta."
Nuestras vidas serán la única Biblia
que algunos jamás leerán.
Había
una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al
rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se
dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era
siempre serena y alegre. Un día el rey lo mandó a llamar.
Paje -le dijo- ¿Cuál es el secreto?¿Qué
secreto, Majestad?¿Cuál es el secreto de tu
alegría? ¡No hay ningún secreto, Alteza!. No me
mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una
mentira.
No le miento,
Alteza, no guardo ningún secreto. ¿Por qué
está siempre alegre y feliz? ¿Por qué? Majestad,
no tengo razones para estar triste. Amo a Dios sobre todo, su Alteza me
honra permitiéndome atenderlo, tengo mi esposa y mis hijos
viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y
alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con
algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no
estar feliz? Si no me dices ya mismo el secreto, te haré
decapitar, dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has
dado!!!! Pero, Majestad, no hay otro secreto. Nada me
gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo
esté ocultando...Vete, ¡Vete antes de que llame al
verdugo!
El sirviente
sonrió un poco asustado, hizo una reverencia y salió de
la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió
explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado,
usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los
cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de
sus asesores y le contó su conversación de la
mañana. ¿Por qué él es feliz? Ah, Majestad,
lo que sucede es que él está fuera del
círculo..¿Fuera del círculo? Así es.
¿Y eso es lo que lo hace feliz? No Majestad, eso es lo que no lo
hace infeliz.
-A ver si
entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
-Así es.
-¿Y cómo salió?
-Nunca entró
-¿Qué circulo es ese?
-El círculo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada.
-La única manera para que
entendiera,
sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-Eso, obliguémoslo a entrar.
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo.
-No hace falta, Su Majestad.
-Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.
Son pocos los hombres tan grandes que sean capaces de resistir.
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su
infelicidad?
-No, al contrario. Pensará que es su fortuna.
-Y después, cuando se sienta infeliz, ¿no podrá
salir?
-Si podría, pero muy pocos hombres son capaces de lograrlo. Les
llamamos "santos".
-Que esperas, hagamos la prueba.
-Majestad, ¿Está dispuesto a perder un excelente
sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-Sí
-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener
preparada una
bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos.
¡99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si
acaso? Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
-Hasta la noche.
Así
fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se
escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa
del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se
encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa
y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es
el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a
nadie cómo lo encontraste.”Luego ató la bolsa con el
papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a
esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban
desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente
vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar
el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa
contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se
arrimaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente
había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado
sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el
contenido de la bolsa sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo
que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas,
tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje
las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz
de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas
de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas
de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro,
cinco, seis y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60 hasta que
formó la última pila: 9 monedas !!!Su mirada
recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego
el piso y finalmente la bolsa.“No puede ser”, pensó. Puso la
última pila al lado de las otras y confirmó que era
más baja.¡Me robaron -gritó- me robaron,
malditos!!Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la
bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los
muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como
burlándose de él, una montañita resplandeciente le
recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”. “99
monedas. Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda.
Noventa y nueve no es un número completo, pensaba- Cien es un
número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su
asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma,
estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se
habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un
horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente
guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para
ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre
la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó
a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría
que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número
cien?.Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a
trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no
necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre
puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con
cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo.
Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que
recibía, en once o doce años juntaría
lo necesario. “Doce años es mucho tiempo”, pensó.
Quizás pudiera decirle a su esposa que buscara trabajo en el
pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo,
él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde,
podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por
ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de
su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡¡¡Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera
llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo
por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida
habría para vender.... vender.... Vender.... estaba haciendo
calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?¿Para
qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en
cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El
rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en
el círculo del 99... Durante los siguientes meses, el sirviente
siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una
mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las
puertas, refunfuñando y amargado.¿Qué te pasa?-
preguntó el rey de buen modo. Nada me pasa, nada me pasa.
Antes, no
hace
mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo,
¿No? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su
bufón y su juglar también? No pasó mucho tiempo
antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un
paje del círculo del 99.
¿ERES
UNA ZANAHORIA,UN HUEVO O CAFE?
Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y
cómo las
cosas le resultaban tan difíciles. No
sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de
luchar. Parecía que cuando solucionaba
un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.
Allí llenó tres ollas con agua y
las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó
zanahorias, en otra colocó huevos y en la
última colocó granos de café. Las dejó
hervir sin decir palabra.
La
hija esperó impacientemente, preguntándose qué
estaría haciendo su padre. A los veinte
minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los
huevos y los colocó en otro plato.
Finalmente, coló el café y lo
puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija
le dijo: "Querida, ¿qué ves?"
-"Zanahorias,
huevos y café" fue su respuesta. La hizo acercarse
y le pidió que tocara las zanahorias. Ella
lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle
la cáscara, observó el huevo duro.
Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió
mientras disfrutaba de
su rico aroma. Humildemente la hija
preguntó: "¿Qué significa esto, padre?"
El le
explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma
adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma
diferente. La zanahoria llegó al agua
fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de
deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su
cáscara fina protegía su interior líquido; pero
después de estar en agua hirviendo, su
interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de
estar en agua hirviendo, habían cambiado al
agua.
"¿Cual
eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando
la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?
¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando
la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con
un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido,
pero después de una muerte, una separación, o un despido
te has vuelto duro y rígido? Por fuera
te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero,
con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O
eres como un grano de café? El café cambia al
agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al
punto de ebullición el café alcanza
su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas
se ponen peor tú reaccionas mejor y
haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
Y
tú,¿cual de los tres eres?
LA
CARGA QUE SE HIZO DULCE
Después
de
crear la luz, las estrellas, el sol, la luna, el agua, las nubes y la
tierra; Dios quiso crear los seres vivos, y empezó con las
plantas. Y así creó la hierba que la hizo verde, fresca y
suave. Viendo que era buena se animó y creó las flores
dando rienda suelta a su imaginación (figuraos lo que puede dar
de sí la imaginación de Dios) y las hizo de todos los
colores tamaños y formas. Aquí también
quedó satisfecho, así que pensó en avanzar un poco
más y formó los arbustos y matorrales más duros y
resistentes. Y cuando ya había ensayado con el herbaje las
flores y los arbustos, decidió culminarlo todo con la obra
maestra de los vegetales e hizo los árboles. Uno alto, espigado,
con hojas pequeñas y gruesas, y el tronco resinoso. Era bonito,
pero Dios quiso hacer otro mejor aún, así que puso todo
su amor e hizo otro con tronco mucho más grueso, con unas ramas
que se abrían y bifurcaban infinitas veces formando ramas
inmensas llenas de hojas. ¡Y qué hojas! Grandes, con forma
de estrella, y de un verde, que al soplar el viento producían
unos brillos de lentejuelas y un susurrar que calmaba al más
espírico. Y todo ello sustentado por raíces tan grandes y
fuertes que sobresalían de la tierra. Y tal era el aspecto del
nuevo árbol que daba la impresión de que si no estuvieran
ahí, todo el árbol
subiría a los cielos. Era, con mucho, el más bonito de
todo el Jardín del Edén. Tanto era así que los
pájaros, cuando todo estuvo creado, buscaban sus ramas para
anidar, las ardillas buscaban las rugosidades de su corteza para
cobijarse, todo tipo de animales buscaban sombra bajo sus ramas, se
rascaban en su tronco. Todos estaban muy felices con ese árbol
tan bonito. Todos... menos él. Siempre estaba
refunfuñando y de mal humor. Un día Dios le
preguntó el motivo de su enfurecimiento y él le dijo
-¿Por qué me has maldecido así? ¿Qué
he hecho yo? No comprendo que afrenta te habré causado para que
me pongas estas ramas tan grandes y pesadas, que encima tienen que
soportar estas infinitas y enormes hojas que son muchas más de
las que puedo cargar. ¡¿No ves que pesan mucho?! El otro
árbol lleva con ligereza esas hojitas minúsculas que le
has dado, pero yo debo cargar con semejante lastre. Me has hecho mal.
¡No quiero estas hojas! Dios, al ver su cerrazón le dijo:
- De acuerdo, si crees que es lo mejor así sea. A partir de
mañana no tendrás hojas. El árbol se quedó
encantado ante la idea y esa noche durmió feliz y esperanzado.
Por la mañana se llenó de júbilo al ver que todas
sus hojas estaban secas en el suelo. Pero pronto su alegría se
tornó en tristeza. Ya nadie iba a acogerse bajo su sombra, las
ardillas ya no correteaban por él, los pájaros ya no
anidaban sobre sus ramas... Bien es cierto que antes eran un incordio
con sus piares, sus arañazos, su continua presencia no le dejaba
descansar, pero... estaba ahora tan solo, y pasaba tanto frío
que empezó a llorar. Tanto lloró que Dios se
apiadó de él y le dijo: -Ahora te das cuenta de tu gran
soberbia y comprendes que no hay nadie más sabio que Yo. Esas
hojas que te di eran precisamente lo que te hacía el ser el
más deseado. ¿No compensaba eso con creces el peso de las
hojas? ¿No te das cuenta de que ya te había dado yo
fuertes ramas para sujetar semejante follaje? Voy a devolverte tus
hojas, pero para que no se te olvide tu osadía, todos
los años, en invierno te quitaré tus hojas, y para que
compruebes Mi misericordia te las devolveré en primavera, y
así el resto de los animales podrán volver a disfrutar de
tu sombra. Y así fue. Y el árbol, cada vez que apreciaba
el peso de sus hojas se alegraba al pensar en la gran suerte que
tenía al llevar semejante peso. Y esto se transmitió de
generación en generación entre todas las familias de los
árboles descendientes de aquel árbol. Y es por eso que
aún hoy hay árboles a los que se les caen las hojas.
Tus Acciones Te Delatan
Hace años un sacerdote
se mudó para Houston, Texas. Poco después, se montó en un
autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse,
descubrió que el chofer le había
dado una moneda de 25 centavos de más en el cambio.
Mientras consideraba que hacer, pensó para sí mismo:
"¡Ah!, olvídalo, son sólo
25 centavos. ¿Quién se va a preocupar por tan poca
cantidad? De todas formas la
compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y
no la echarán de menos. Acéptalo
como un regalo de Dios".
Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo,
decidió darle la moneda al conductor
diciéndole: "Tome, usted me dio 25 centavos de
más".
El conductor, con una sonrisa le respondió: "Sé que es el
nuevo sacerdote. He pensando regresar a la
Iglesia y quería ver que haría
usted si yo le daba demasiado cambio".
Se bajó el sacerdote sacudido por dentro y dijo: "¡Oh
Dios!, por poco vendo a Tu Hijo por 25
centavos."
Tus acciones son vistas por todos.
¿Que
testimonio das por Cristo?
... como un
billete de $10 parece tan grande cuando lo llevas a la Iglesia y tan
pequeño cuando lo llevas a las tiendas.
.... cuán larga parece una hora cuando servimos a Dios, pero
qué corta cuando vemos nuestro programa favorito.
.... qué difícil nos vienen las palabras al rezar y
cuán fácil cuando hablamos con un amigo.
.... cuánto nos emocionamos cuando un partido de futbol se
extiende a tiempos extras y cuánto nos quejamos cuando una misa
es mas larga de lo usual.
.... lo difícil que es leer un capítulo de la
Biblia, pero qué fácil leemos100 páginas de una
novela popular o de un periódico deportivo.
.... cómo las personas desean los asientos del frente en
cualquier juego o concierto, pero cómo hasta se esfuerzan para
buscar asientos en la parte de atrás de la Iglesia.
...
qué necesitemos 2 ó 3 semanas de aviso para responder a
un evento de la Iglesia pero ajustamos nuestros compromisos sin previo
aviso para otros eventos aunque sea en el último momento.
.... lo difícil que es aprender una verdad simple del Evangelio
para compartirla con otros, pero qué fácil que es para la
misma persona entender y repetir un chisme.
.... cómo creemos lo que dicen los periódicos pero
cuestionamos lo que dice la Biblia.
... cómo podemos enviar miles de chistes por correo
electrónico y se esparcen como reguero de pólvora, pero
cuando empezamos a enviar mensajes acerca de Dios, la gente lo piensa
dos veces antes de compartirlos.
...que
en nuestros países cristianos los sitios mas visitados en el
internet son los que ofenden al Señor.
... que
muchos sean tan cuidadosos para
escoger lo que entra en su estómago pero no se preocupan de lo
que entra en su mente o en su
corazón.
....
que todos quieran ir al cielo y pocos se preocupan de vivir las
exigencias del evangelio necesarias para lograrlo.
Es
extraño, ¿no te parece?
Desde una isla remota, el
único
sobreviviente de un naufragio oraba
fervientemente, pidiendo a Dios que lo rescatara, y todos los
días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta
nunca llegaba.
Cansado, eventualmente empezó a construir una pequeña
cabañita para protegerse, y proteger sus pocas posesiones. Un día, después de andar buscando
comida, encontró la pequeña choza en llamas, el humo
subía hacia el cielo. Todo lo perdió en
aquel incendio. Confundido y enojado con
Dios le decía: “¿Cómo pudiste hacerme esto?” y se
quedó dormido sobre la arena.
Temprano en la mañana del siguiente día, escuchó
asombrado la sirena de un barco que se acercaba
a la isla. Venían a rescatarlo. Les
preguntó, ¿Cómo sabían que yo estaba
aquí?. Y sus rescatadores le contestaron,
"vimos las señales de humo que nos
hiciste...."
Moraleja: Permite que Dios actúe aunque no
entiendas
sus caminos.
SEMILLAS
Anoche
tuve un sueño raro: En la plaza mayor de
la ciudad habían abierto una tienda nueva. El rótulo
decía: "Regalos de Dios". Entré: Un ángel
atendía a los clientes. Yo, asombrado, le pregunté:
-
¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor?
- Ofrezco cualquier don de Dios.
- ¿Cobras muy caro?
- No, los dones de Dios son gratis. Miré los grandes estantes;
estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de
esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más. Yo
tenía gran necesidad de todas aquellas cosas. Cobré valor
y le dije al ángel:
- Dame, por favor, bastante amor a Dios; dame perdón de Dios; un
bulto de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación.
Mucho me sorprendí cuando vi que el ángel, de todo lo que
yo le había pedido, me había hecho un solo paquete; y el
paquete allí estaba en el mostrador, un paquete tan
pequeño como el tamaño de mi corazón.
- ¿Será posible? - pregunté - ¿Esto es
todo? El ángel me explicó:
- Es todo, Dios nunca da frutos maduros; El sólo da
pequeñas semillas, que cada quien debe cultivar.
Un barbero
le decía a su
cliente mientras le recortaba el pelo:
- Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted
dice.
- Pero, ¿por qué dice usted eso? -pregunta el cliente.
- Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse
cuenta de que Dios no existe. O... dígame, ¿acaso si Dios
existiera, habría tantos enfermos?
¿Habría niños abandonados? Si
Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo
pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.
El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder
para evitar una discusión. El
barbero terminó su trabajo y, recién abandonaba la barbería, vio en
la calle a un hombre con la barba y el cabello
largo; se veía muy desarreglado. Entonces
entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.
- ¿Sabe una cosa? ¡Los barberos no
existen!.
- ¿Cómo que no existen? -pregunta
el barbero- Si aquí estoy yo y soy barbero.
- ¡No! -dijo el cliente- no existen, porque si existieran barberos no habría personas con el pelo y la
barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.
- Ah, los barberos si existen, lo que pasa es que esas personas no
vienen hacia mi.
- ¡Exacto! -dijo el cliente- Lo mismo ocurre con
Dios. Las personas no van a Dios y por
eso hay tanto dolor y miseria.
YO PUEDO
HACER MAS QUE ESO
La madre, de
26 años de edad, se paró al lado de la cama de su hijito
de 6 años, que estaba muriendo de leucemia. Aunque su
corazón estaba lleno de tristeza y angustia, ella también
tenía un fuerte sentimiento de determinación. Como
cualquier otra madre, ella quería que su hijo creciera y
realizara sus sueños. Ahora, eso no sería más
posible, por causa de la leucemia terminal. Pero, aún
así, ella todavía quería que aquel sueño de
su hijo se transformara en realidad.
Ella
tomó la mano de su hijo y le preguntó:
- Billy,
¿pensaste ya alguna vez en lo que te
gustaría ser cuando crezcas? ¿Soñaste ya lo que te gustaría hacer con tu vida?
- Mamá,
siempre quise ser un bombero, la madre
sonrió y dijo:
- Vamos a ver
si podemos transformar ese sueño en realidad.
Más
tarde, ese mismo día, ella fue al cuerpo de bomberos local, en la ciudad de Phoenix, Arizona, donde se
encontró con un bombero de gran corazón, llamado Bob.
Ella explicó la situación de su hijo, su último
deseo, y le
preguntó si sería posible dar una vuelta en el
camión de bomberos con su hijito de seis años, alrededor
de la manzana.
El bombero Bob
dijo:
- Mire,
¡NOSOTROS PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! Si tienes tu hijo
listo, a las siete horas de la mañana, el próximo
miércoles, nosotros lo haremos un bombero honorario
por todo el día. ¡Él podrá venir al cuartel, comer con nosotros, salir para atender las
llamadas de incendio! Y si nos das sus medidas, nosotros le
conseguiremos un uniforme de verdad, con sombrero, con el emblema de
nuestro batallón, un saco amarillo igual al que vestimos y
también botas. Ellos son todos confeccionados aquí mismo
en la ciudad y los conseguiremos rápidamente. Tres días
después, el bombero Bob buscó al niño, lo
vistió en su uniforme de bombero y lo escoltaron desde la cama
del hospital hasta el camión de
bomberos. Billy se sentó en la parte de atrás del
camión, y lo llevaron hasta el cuartel central.
El estaba en
el cielo. Ocurrieron tres llamadas aquel día, en la ciudad de
Phoenix, y Billy acompañó a todos. En cada llamada, el fue en vehículos diferentes: en el
camión tanque, en la van de los paramédicos y hasta en el
coche especial del jefe del cuerpo de bomberos. El también fue
filmado por el programa de televisión local. Tuvo su
sueño realizado. Todo el amor y atención que le dieron lo
tocó tan profundamente, que Billy vivió tres meses
más de lo que todos los médicos habían previsto.
Una noche,
todas sus funciones vitales empezaron a caer dramáticamente
y la enfermera-jefe, que creía en el concepto de que nadie
debería morir solo, empezó a llamar al hospital a toda la
familia. Entonces, ella recordó el día que Billy
había pasado como un bombero, y llamó al jefe,
preguntando si sería posible enviar algún bombero al
hospital, en ese momento difícil, para
quedarse con el niño.
El jefe de los
bomberos contestó:
¡NOSOTROS
PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! estaremos ahí en cinco
minutos. Y hágame un favor. Cuando escuche las sirenas y vea las
luces de nuestros autos, avise al sistema de seguridad que no se trata
de un incendio. Solamente es el cuerpo de
bomberos que viene a visitar, una vez más, a uno de sus
más distinguidos integrantes. ¿Y
podrías abrir la ventana de su habitación? ¡Gracias!
Cinco minutos
después, una van y un camión con escalera telescópica
llegaron al hospital, extendieron la escalera hasta el piso donde
estaba el niño y 16 bomberos subieron hasta su cuarto. Con el
permiso de la madre, ellos lo abrazaron, lo
tomaron en los brazos y dijeron lo mucho que ellos lo amaban.
Con un suspiro
final, Billy miró al jefe y preguntó:
- Jefe,
¿yo realmente soy un bombero?
- Billy,
¡eres uno de los mejores! dijo el jefe.
Con estas
palabras, Billy sonrió y cerró sus ojos por última
vez.
EL
VERDADERO
AMOR
Un
sabio maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes
que se declaraban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban
que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y
que es preferible acabar con la relación cuando éste se
apaga en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.
El
maestro les escuchó con atención y después les
relató un testimonio personal:
- Mis
padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi
mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el
desayuno cuando sufrió un infarto y cayó. Mi padre la
alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la
subió a la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el
hospital mientras su corazón se despedazaba en profunda
agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella ya había
fallecido.
Durante
el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no
lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En
un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas.
Él pidió a mi hermano teólogo
que dijera algunas reflexión sobre la muerte y la eternidad. Mi
hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte.
Mi padre escuchaba con gran atención. De pronto pidió
"llévenme al cementerio".
"Papá"
respondimos "¡Son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio
ahora!" Alzó
la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por
favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue
su esposa por 55 años". Se produjo un momento de
respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio,
pedimos permiso al velador y, con una linterna llegamos a la
lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus
hijos que veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 buenos
años...¿saben?, Nadie puede hablar del amor verdadero si
no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así".
Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos juntos
en todo. Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando me
echaron de mi trabajo, cuando ustedes enfermaban",
continuó "Siempre estuvimos juntos. Compartimos la
alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos
uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la
sala de espera de muchos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos
abrazamos y perdonamos nuestras faltas... hijos, ahora se ha ido y
estoy contento, ¿saben por que?, porque se fue antes que yo, no
tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse
sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y
le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que
sufriera..."
Cuando
mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el
rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos
consoló:
- "Todo
está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen
día". Esa noche entendí lo que es el verdadero amor.
Dista mucho del romanticismo y no tiene que ver con el erotismo.
Más bien es una comunión de corazones que es posible
porque somos imagen de Dios. Es una alianza que va mucho mas
allá de los sentidos y es capaz de sufrir y negarse cualquier
cosa por el otro."
Cuando
el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios
no pudieron debatirle. Ese tipo de amor les superaba en grande. Pero,
aunque no tuviesen la valentía de aceptarlo de inmediato,
podían presentir que estaban ante el amor verdadero. El maestro
les había dado la lección mas importante de sus vidas.
John X se
levantó del banco, arregló su uniforme, y estudió
la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran
Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón
él conocía pero cuya cara nunca había visto, la
chica de la rosa.
Su
interés en
ella había comenzado 13 meses antes, en una Biblioteca de
Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no
por las palabras del libro, sino por las notas escritas en el margen.
La escritura reflejaba un alma pura, de grandes valores y capaz de
grandes sacrificios. En la contraportada del libro descubrió el
nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell.
Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección en Nueva
York. Él le escribió una carta para presentarse y para
invitarla a corresponderle.
Al día
siguiente John fue enviado en barco para servir en la Segunda Guerra
Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a
través del correo, y un romance fue creciendo. John le
pidió una fotografía, pero ella se negó porque
sentía que una relación verdadera no se puede fundamentar
en apariencias.
Cuando por
fin
llegó el día en que él regresaría de
Europa, arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 PM en la Gran
Estación Central de Nueva York. "Tú me conocerás"
dijo ella, "por la rosa roja que llevaré en la solapa".
Así
que a las
7:00 PM, puntual, John estaba en la estación buscándola.
Dejaré
que el
señor "X" les diga lo que sucedió:
"Una joven
vino
hacia mí, su figura era alta y esbelta. Su cabello rubio y
rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos
eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían
una gentil firmeza y en su traje verde pálido lucía como
la primavera en vida. Yo comencé a caminar hacia ella sin darme
cuenta que no llevaba la rosa. Mientras me movía, una
pequeña sonrisa curvó sus labios: "¿Buscas a
alguien marinero?" murmuró la dama. Casi incontrolablemente di
un paso hacia ella y entonces vi a Hollys Maynell. Estaba
parada casi directamente detrás de la chica, con la rosa en la
solapa. Una mujer, ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo y
algo gruesa.
La chica del
traje
verde se iba rápidamente. Sentí como si me partieran en
dos: mi deseo tan agudo de seguirla, y a la vez mi tan profundo anhelo
por la mujer de corazón puro que por correspondencia me
había acompañado y apoyado durante tiempos
difíciles. Y ahí estaba ella, tenía un aspecto
amigable y sereno.
No puedo
negar que
me sentí de pronto decepcionado. Pero enseguida comprendí
que ese sentimiento respondía sólo a la pasión y
la fantasía. Contradecía todo lo que precisamente, con la
ayuda de Miss Maynell, había descubierto sobre el amor
verdadero. Fue por eso que di el paso y la saludé con
auténtico entusiasmo. Es cierto, esto no sería romance, pero sería algo
preciado, algo quizás mejor que el romance, una amistad por la
que había y debía estar siempre agradecido.
"Soy
el Teniente John X, y usted debe ser la Srta. Maynell. ¿la puedo
llevar a cenar?" "Muchas gracias, dijo la mujer, pero usted busca a mi
hija, es la joven con el vestido verde que se acaba de ir. Me
entregó su rosa y me dijo que si usted me invitaba a cenar se la
entregase para que usted se la lleve. Lo está esperando en el
restaurante de enfrente."
Aquel
encuentro ocurrió al fin de la Guerra Mundial, hace más
de 50 años. John y Maynell son ya muy ancianos pero los
años solo han aumentado aquel amor probado que resultó
ser verdadero.
SOBREVIVE
A LA GUERRA Y MUERE POR FALTA DE AMOR
Al regresar de la
Guerra de Vietnam, un soldado
telefoneó a sus padres desde San Francisco: -"Mamá,
Papá: Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un
favor. Traigo a un amigo que me gustaría se quedara con
nosotros".
-"Claro que
sí", le contestaron llenos de
alegría por su regreso, "Nos encantaría conocerlo."
-"Pero hay algo que
deben saber", el hijo,
siguió diciendo, "mi amigo fue gravemente herido en la guerra.
Pisó una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna.
Sus padres no lo quieren. No tiene donde ir y quiero que se venga a
vivir con nosotros a casa"
-"Siento mucho el
escuchar eso, hijo. A lo mejor
podemos encontrar un lugar en donde el se pueda quedar."
-"No, mamá y
papá, yo quiero que el viva
con nosotros y que seamos su familia."
-"Hijo," le dijo el
padre, "tú no sabes lo que
estas pidiendo. Una persona tan limitada físicamente
sería un gran peso para nosotros. Tenemos nuestras propias
vidas que vivir y no podríamos cuidarle adecuadamente. Yo pienso
que estás demasiado afectado con ese caso. Deberías
regresar a casa y olvidarte de él. Tú amigo
encontrará una manera en la que pueda vivir el solo.
Además él es la responsabilidad del gobierno y puede
ingresar en un lugar para veteranos de guerra. Para eso pagamos
impuestos."
Al oír esas
palabras, el hijo colgó el
teléfono. Los padres no volvieron a saber nada de él
hasta que unos días mas tarde recibieron una llamada
telefónica de la policía de San Francisco. Su hijo
había muerto al caer de la ventana de un edificio. La
policía creía que era un suicidio. Los padres,
destrozados por la noticia, volaron a San Francisco y fueron llevados a
la morgue de la ciudad para que identificaran a su hijo. Con horror,
descubrieron que su hijo tan solo tenía un brazo y una pierna.
El representante del ejército les relató algo que el
joven había querido mantener en secreto:
Había sufrido los efectos de la explosión de una
mina. El mismo era el "amigo" y quería saber de antemano
si sus padres de verdaderamente lo aceptarían.
Lamentablemente, al percibir la negativa, se suicidó desesperado.
Reflexión:
La
desesperación y el suicidio jamás son el camino.
Jesús nos ama y nos acoge tal cual somos y si le entregamos
nuestra vida miserable, El nos lleva a la casa del Padre. Pero muchas
personas necesitan de nuestra acogida para comprender ese amor
divino.
Los
padres de esta
historia son como muchos de
nosotros. Encontramos muy fácil amar a quienes nos resultan
atractivos, pero rechazamos a los que retan nuestro egoísmo y
nos causan inconveniencias.
Como
cualquier buena
mamá, cuando Karen supo que estaba esperando un
bebé, hizo lo que pudo para ayudar a su
hijo Michael de tres años a
prepararse para una nueva etapa en su vida.
Supieron
que el
nuevo bebe iba a ser una niña, y día y noche, Michael
le cantaba a su hermanita en el vientre de su madre. El estaba
encariñándose con su hermanita aun
antes de conocerla.
El
embarazo de Karen
progresó normalmente. A tiempo empezó su labor de
parto, pronto los dolores eran cada cinco, cada tres y finalmente cada
minuto. Pero una complicación se presentó de
repente y Karen tuvo
horas de labor de parto.
Finalmente,
después de muchas horas de lucha, la hermanita de Michael
nació, pero en muy malas condiciones. La llevaron
inmediatamente en una
ambulancia a la Unidad de Cuidados Intensivos, sección neonatal
del
Hospital St. Mary en Knoxville, Tennessee.
Los
días pasaron y
la niña empeoraba. Los pediatras tuvieron que decirle
finalmente a los padres las terribles palabras: "Hay muy pocas
esperanzas,
prepárense para lo peor". Karen y su esposo contactaron al
cementerio
local para apartar un lugar para su hijita. Ellos habían
creado un cuarto
nuevo para su hija y ahora se encontraban haciendo arreglos para un
funeral.
Sin
embargo,
Michael, les rogaba a sus padres que le dejaran ver a su
hermanita. "Quiero cantarle", decía una y otra vez.
Estuvieron
dos
semanas en Terapia Intensiva y parecía que el funeral
vendría antes de que acabara la semana. Michael
siguió insistiendo que quería
cantarle a su hermanita, pero le explicaban que no se permitía
la
entrada de niños a Terapia Intensiva.
De
pronto Karen se
decidió. Llevaría a Michael a ver a su hermanita,
¡la dejaran o no! Si no veía a su hermanita en ese
momento, tal vez no la
vería viva nunca.
Ella
le puso un
overol inmenso y lo llevo a Terapia Intensiva, Michael
parecía una enorme canasta de ropa sucia. Pero la jefa de
enfermeras
se dio cuenta de que era un niño y se enfureció.
"¡Saquen a ese niño de
aquí ahora mismo! No se admiten niños
aquí" El carácter de Karen afloró y,
olvidándose de sus lindos modales de dama, que siempre la
habían
caracterizado, miró con ojos de acero a la enfermera, sus labios
eran
una sola línea y con firmeza dijo: Él no se va
hasta que le cante a su
hermanita" y levantó a Michael y lo llevó a la cama de su
hermanita.
El
miró a la
pequeñita, perdiendo la batalla por conservar la vida.
Después de un momento empezó a cantar con la voz que le
salía del corazón
de un niño de tres años. Michael le
cantó: "Eres mi luz del sol, mi única luz,
tú me haces feliz cuando el cielo es gris...." (conocida
canción en inglés
"You´re my sunshine").
Instantáneamente,
la bebé pareció responder al estímulo de la voz de
Michael, su pulso se empezó a volver normal.
"Sigue
cantando,
Michael" le pedía desesperadamente su mamá con
lágrimas en los ojos. Y el niño
seguía: "Tú no sabrás nunca, querida,
cuanto te amo, por favor no te lleves mi luz del sol... "Al
tiempo que Michael
cantaba a su hermana, la bebé se movía y su
respiración se volvía tan suave como
la de un gatito cuando lo acarician. "Sigue cantando,
cariño" le decía
su mamá y él continuaba haciéndolo como cuando
todavía su hermanita estaba
en el vientre de su madre. "La otra noche, querida, cuando
dormía, soñé que
te abrazaba en mis brazos..." seguía cantando el niño; la
hermanita de
Michael empezó a relajarse y a dormir con un sueño
reparador que parecía
que la mejoraba por segundos. "Sigue cantando Michael"... ahora
era la voz de
la enfermera que, con lágrimas en los ojos, no dejaba de pedirle
al niño
que continuara.
"Tú
eres mi
luz del sol, mi única luz del sol, por favor no te lleves mi
sol..."
Al
día
siguiente... el mismísimo día siguiente... la niña
estaba en
perfectas condiciones para irse a casa.
La
revista "Woman"s Day" lo
llamó "El Milagro de la canción del
Hermano".
Los
doctores le
llamaron simplemente un milagro. Karen le llamó "El
Milagro del amor de Dios".
"Nunca
te rindas por
la gente que Amas.... El Amor es increíblemente
poderoso."
La
vida es demasiado
buena como para desperdiciarla...
Confía en que Dios sabe que estas exactamente donde debes estar.
Nunca olvides las infinitas posibilidades que nacen de la FÉ
Había
una vez un payaso que
divertía a los niños pero el mismo siempre estaba muy
triste. Cuando regresaba a
su casa, se encontraba que a su
esposa no le importaba si existía y los hijos se burlaban de el
por ser payaso. Aquella casa no era un hogar porque faltaba el
amor.
Cada
día aquel pobre hombre volvía a su papel de payaso. Todos los
niños se reían de el, menos un pequeñín que
lo miraba con una gran ternura, como si le viera mas allá del
maquillaje.
Un
día, ya muy cansado y deprimido, el payaso se acostó en
una banca del parque y se durmió. ¿Como podré
seguir de payaso si ya no me queda fuerza para hacer reír? Al
despertar se encontró con aquel pequeñín que lo
miraba con ojos llenos de amor. El payaso, sorprendido, le pregunta
¿Como descubriste que yo era el payaso si no tengo maquillaje?
El niño respondió. Para mi tu no eres un payaso sino mi
hermano, hijo de Mi Padre. Soy Jesús. Yo di mi vida por ti.
Historia
de la vida real.
Cerca
de la ciudad de Beloxi en EE.UU., un huracán amenazaba con
grandes vientos. Ya de noche y bajo una fuerte lluvia, un hombre se
atravesó en la carretera. Habiéndose quitado la camisa,
la enarbolaba y agitaba ante los vehículos. Los choferes
pensaron que era un loco. Algunos lo esquivaron y siguieron de largo,
otros, no pudiendo evitarlo, pararon muy enojados y le amenazaron con
llamar a la policía si no despejaba el camino.
Fue
entonces que el "loco" tuvo la oportunidad de hablarles: "El puente que
está adelante ha sido arrastrado por las aguas. Si no los paraba
de alguna manera, ustedes hubieran muerto como los otros
choferes". Todos comprendieron que aquel "loco" era en realidad
un héroe. Había arriesgado su vida para salvar la de
ellos.
¿Le
has dado gracias a los "locos" que han
intervenido en TU vida?
¿ES
USTED LA
ESPOSA DE DIOS?
Un
niño de 10 años, descalzo y temblando de frio, miraba a
través de la vitrina de una zapatería. Una señora
se acercó al niño y le dijo:
"MI
PEQUEÑO AMIGO,
¿QUÉ
ESTAS MIRANDO CON TANTO INTERÉS EN ESA VENTANA?".
"LE
ESTABA PIDIENDO A DIOS QUE ME DIERA UN PAR
DE ZAPATOS", fue la respuesta
del niño.
La
señora lo tomó de la mano y lo metió en la tienda,
le pidió al empleado que le diera media docena de pares de
calcatines para el niño. Preguntó
si podría darle un recipiente con agua y una toalla. El empleado
le trajo lo que pidió. Ella se llevó al niño a la
parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó
los pies al niño y se los secó con la toalla.
Entonces
el empleado llegó con los calcetines. La señora le puso
un par al niño y después le compró unos zapatos.
Cogió el
resto de los
calcetines y se los dió al niño. Le acarició en la
cabeza y le dijo:
"¡NO HAY
DUDA
PEQUEÑO AMIGO QUE TE SIENTES MAS CÓMODO AHORA!".
Mientras ella se
daba la vuelta
para irse, el niño la alcanzó, le dió la mano y
mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó:"¿ES USTED LA
ESPOSA DE DIOS?".
CUATRO
GRANDES LECCIONES PARA AMAR
La
Lección Más Importante: Ama
Durante el segundo mes de escuela de
enfermeras,
nuestro profesor nos dio un examen de sorpresa. Yo era una estudiante
concienzuda y había encontrado todas las preguntas
fáciles hasta leer la última: "¿Cual es el
primer nombre de la mujer que limpia la escuela?" Indudablemente esto
era un chiste. Yo había visto a la señora varias veces.
Era alta, trigueña, y en sus cincuentas, ¿pero como
podría saber su nombre? Entregué mi papel dejando la
última pregunta en blanco. Un poco antes que terminara la clase,
un estudiante preguntó si la última pregunta
contaría para el grado del examen. "Absolutamente," dijo el
profesor. "En sus carreras, ustedes conocerán muchas personas.
Todas son importantes. Ellas merecen su atención y cuidado,
aunque lo único que hagan es sonreírles y decirles
"hola".
Esto
es una lección que
nunca se me ha olvidado. También aprendí que su nombre
era Dorotea.
Segunda
Lección Importante: Ama
Una noche de gran tormenta, a las 11:30 PM, una
señora mayor de raza negra estaba parada al lado de la carretera
en el estado de Alabama. Estaba empapada por la lluvia. Se le
había dañado el coche y desesperadamente necesitaba
ayuda. Un joven blanco paró para ayudarla, algo que generalmente
no ocurría en los años 1960 con sus conflictos raciales.
El joven la llevó a un lugar más seguro, la ayudó
a recibir asistencia, y le llamó un taxi. Ella lucía
estar en un apuro muy grande, pero escribió su dirección
y le dio las gracias. Siete días pasaron y alguien le
tocó a la puerta al joven. Sorprendido le entregaron un
televisor de color de consola. Una nota especial estaba pegada que
decía:
"Muchas
gracias por su asistencia
en la carretera la otra noche. La lluvia, no solo empapó mi ropa
sino también mi espíritu. Entonces llegó usted.
Gracias a su ayuda pude llegar al lado de mi esposo moribundo,
justamente antes de que muriera. Que Dios lo bendiga por ayudarme y
servir sin egoísmo a otros. Sinceramente, Sra. Nat King
Cole (Esposa del famoso cantante)
Tercera
Lección Importante: Ama
Siempre recuerda con gratitud a quienes te sirven. En los días
cuando un refresco con helado costaba mucho menos, un niño de 10
años entró a la cafetería de un hotel y se
sentó en una mesa. Una camarera le puso un vaso de agua
delante.
-"¿Cuanto
es un refresco
con helado?" preguntó el niño.
-"Cincuenta centavos," respondió la camarera.
El niñito sacó su manito de su bolsillo y contó el
menudo. "Bueno, ¿y cuanto es una copa de helado solo?"
preguntó.
Habían más personas esperando por una mesa y la camarera
estaba perdiendo su paciencia. "Treinta y cinco centavos", le
respondió bruscamente.
El niñito de nuevo contó su menudo. "Por favor deme una
copa de helado solo", dijo el niño.
La camarera le trajo el
helado, le
puso la cuenta en la mesa y se fue. El niñito terminó el
helado, le pagó a la cajera y dejó su propina. Cuando la
camarera regresó a la mesa, empezó a llorar mientras
limpiaba la mesa. Allí al lado de la copa vacía de helado
habían dos monedas de cinco centavos y cinco
centavos
sueltos. El niño renunció al refresco para tener
suficiente para la propina.
Cuarta
Lección Importante: Ama
Hace muchos años, cuando yo
trabajaba de voluntaria en un hospital, conocí una niñita
llamada Liz que sufría de una enfermedad rara y seria. Su
única oportunidad de recuperación era una
transfusión de sangre de su hermanito de 5 años, quien se
había salvado milagrosamente de esta misma enfermedad y
había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.
El médico le explicó la situación al hermanito, y
le preguntó que si estaba dispuesto a darle sangre a su hermana.
Lo vi vacilar por solo un momento antes de respirar fuertemente y
decirle, "Si, lo haré si se salvará." Mientras que
progresaba la transfusión, el estaba acostado al lado de su
hermanita y sonrió viendo como el color regresaba a sus
mejillas. Entonces el niño se puso pálido y su sonrisa
desapareció. Miró al doctor y preguntó con una voz
temblorosa, "¿Moriré enseguida?"
El
niño había
malentendido al médico; pensó que le tendría que
dar toda su sangre a su hermana para salvarla y que entonces el
moriría.
La
justicia con Amor te hace justo, sin Amor
te hace duro.
La amabilidad
con Amor te hace amable, sin Amor te hace
hipócrita.
La inteligencia
con Amor sirve a la razón, sin Amor
te hace cruel.
La agudeza con
Amor te hace capaz
de adquirir la verdad, sin Amor te hace agresivo.
La autoridad
con Amor te hace guía y protector, sin
Amor te hace déspota.
La amistad con
Amor te hace generoso, sin Amor te hace
interesado.
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