MÁS REFLEXIONES...
   


               
                                                                  
 CARTAS DE JESÚS PARA TÍ    
     

Ver para creer
No estrujes corazones
Recuerda y serás feliz
Pagado con un vaso de leche
Por una peseta

El círculo del 99
¿Eres una zanahoria, un huevo o un café?
La carga que se hizo dulce
No vendas a Jesús
No te parece extraño...

El naúfrago
Semillas
¡Dios existe!
Yo puedo hacer más que eso
El verdadero amor

La última prueba
Sobrevive a la guerra y muere por falta de amor
Hay que seguir cantando
El payaso triste
El loco

¿Es usted la esposa de Dios?
Cuatro grandes lecciones para amar
Con amor
Cicatrices de amor
Las siete maravillas del mundo

El amor maduro
¿Quien se lleva al hijo?
Estoy a la puerta
El chantaje
Juan Pablo II y el mendigo

La otra mejilla
El rey que supo imitar la misericordia del cielo
Aguanta un poco más
El elefante
Los clavos del mal carácter

El saco de plumas
Como pajaritos enjaulados
¿Cuánto vales?
El precio de la salvación
Las piedrecitas azules

Operación de corazón abierto
Oración de un niño
Aunque no escribas libros
Un niño abortado escribe a su mamá
Algunas cosas que he aprendido

Los ingredientes del bizcocho
La mamá más mala del mundo
Ama hoy, mañana puede ser muy tarde
La afortunada estrella de mar
La última casa

Decálogo de Asís para la paz
Si yo cambiara
Historias de navidad
Historias urbanas
La cosa más bella

Acción de gracias
Alfabeto de la vida comunitaria
Grietas del alma
La oferta del diablo
Rescate en el mar
















¿VER PARA CREER?

Una maestra quiso demostrar a sus niños de primaria que Dios es un mito.  La clase ocurrió así: 

MAESTRA:  Hoy vamos a aprender que Dios no existe. (Entonces, dirigiéndose a uno de los niños dice:) ¿Tito, ves el árbol allá afuera? 

TITO:  Si, maestra.

MAESTRA: ¿Tito, ves la hierba? 

TITO: Si, maestra.

MAESTRA: Vete afuera y mira hacía arriba y dime si ves el cielo. 

TITO:  (Regresando unos minutos mas tarde) Si, vi el cielo, maestra.

MAESTRA: ¿Y vistes a Dios? 

TITO: No, maestra.

MAESTRA: Esto es exactamente mi punto. Podemos ver todo lo que existe, pero no podemos ver a Dios porque El no existe. Es un cuento. 

En ese momento, María, una compañera de Tito, pidió a la maestra si podría hacerle mas preguntas a Tito

La maestra, algo sorprendida, accedió.

MARIA: ¿Tito, ves los árboles afuera? 

TITO: Si. 

MARIA: ¿ves la hierba? 

TITO: (ya aburrido de tantas preguntas, contesta)  Siiiiiiiii 

MARIA: ¿ves a la maestra? 

TITO: Siiiiii

MARIA: Todo lo que existe se ve, ¿cierto?

TITO: Siiii

MARIA: ¿ves el cerebro de la maestra? 

TITO: Noooo. 

MARIA: Entonces, Tito, según nos han enseñado hoy, ¡nuestra maestra no tiene cerebro!








NO ESTRUJES CORAZONES

Cuando era joven, mi carácter fuerte, impulsivo y explosivo,
me hacía reventar en cólera a la menor provocación.
La mayoría de las veces, después de uno de estos incidentes,
me sentía avergonzado y me esforzaba por
consolar a quien había dañado.

Un día mi maestro, quien me vio dando excusas a un
compañero de salón después de una explosión de ira,
me llevó a un aula, me entregó una hoja
de papel lisa y me dijo:

"¡Estrújalo!".

Asombrado, obedecí, lo arrugué e hice con él una bolita.
Luego me dijo:

"Ahora déjalo como estaba antes" ...

Por supuesto que no pude dejarlo como estaba.

Por más que traté, el papel quedó lleno de pliegues y arrugas.

El profesor me dijo:

"El corazón de las personas es como este papel ...
La impresión que dejas en ellos, será tan difícil de
borrar como esas arrugas y esos pliegues que
has hecho en el papel" ...

Así aprendí a ser más comprensivo y paciente.
Cuando siento ganas de estallar, recuerdo ese papel arrugado.
La impresión que dejamos en los demás es
imposible de borrar ... más aún cuando lastimamos
con nuestras reacciones o con nuestras palabras ...







RECUERDA Y SERÁS FELIZ

Si te has levantado de la cama esta mañana… recuerda cuantos no pueden.  Un millón de personas no va a sobrevivir esta semana…

Si nunca has experimentado el peligro de una batalla, la soledad del encarcelamiento, la agonía de la tortura, o la angustia del hambre… recuerda a 500 millones de tus hermanos que lo sufren en este momento.

Si puedes asistir a la iglesia sin temor de ser acosado, arrestado, torturado, o matado… recuerda que tres billones de tus hermanos en el mundo no gozan de esa libertad.

Si tienes alimentos en el refrigerador, ropa para ponerte, un techo sobre tu cabeza, y un lugar donde dormir… recuerda que eres mas rico que el 75% de tus hermanos.

Si tienes dinero en el banco, en tu billetera, y menudo o cambio en algún lugar de tu casa… estas en el tope del 8% de los ricos del mundo.

Si tus padres siguen casados… esto es algo extraordinario en cualquier parte del mundo.

Si agradeces a Dios por tantas bendiciones en tu vida y le correspondes de corazón, eres afortunado pues la mayoría pueden, pero no lo hacen.

Si te olvidas de ti mismo y vives para Dios y para tus hermanos, si te acercas a ellos para compartir tus riquezas espirituales y materiales, has encontrado la felicidad mas grande. 

Si puedes leer este mensaje, eres dichoso pues tienes vista y la estás utilizando en un lugar que alimenta tu fe.  Dios te ama. Comparte tu dicha. Alaba a Dios y se agradecido. Dos billones de personas en el mundo ni siquiera pueden leer muchos millones mas son ciegos.

Ten un buen día, cuenta tus bendiciones, y compártelas. Comparte también este mensaje.







PAGADO CON UN VASO DE LECHE

Un joven que pagaba sus estudios trabajando de vendedor ambulante, sentía hambre pero no tenía dinero para almorzar. Decidió vencer la vergüenza que le daba mendigar y pedir algo de comer en la próxima puerta que tocase. No obstante, perdió su nervio  cuando una hermosa joven le abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió solo un vaso de agua. 

Ella, sin embargo, se apiadó de el y le trajo un vaso de leche. El se lo tomó tímidamente y preguntó, "¿Cuanto le debo?". - "No me debe nada," respondió ella. "Mi madre nos enseñó a nunca aceptar pago por hacer un favor." "Entonces le agradezco de corazón.", respondió el joven. 

Aquel joven llamado Howard  Kelly se fue de aquella casa, no solo sintiéndose fortalecido en su cuerpo sino también en su fe en Dios y en la humanidad.  Antes del incidente estaba pensando en rendirse y renunciar. 

Muchos años mas tarde aquella joven, ya mayor, se enfermo gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron al hospital de una gran ciudad donde practicaba un famoso especialista en aquella enfermedad. 

Cuando el médico se dio cuenta del nombre de su nueva paciente y del pueblo de procedencia, inmediatamente se levantó y fue a verla.  La reconoció inmediatamente. Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar su vida. La lucha fue larga pero la señora se salvó. 

Por su parte la señora andaba muy preocupada sabiendo que el precio de su estancia en el hospital sería astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió órdenes que le pasaran a el la cuenta final. Después de examinarla escribió un mensaje al pie de la cuenta antes de que fuese enviada a la señora.

Ella abrió aquella cuenta con gran temor, pensando que pasaría el resto de sus días pagándola. Finalmente miró y cual fue su asombró cuando leyó al pie de la lista de enormes cifras:

 Todo Pagado por completo con un vaso de leche.
Firmado: Dr. Howard Kelly.







POR UNA PESETA

Hace años un predicador se mudó para Houston, Texas.  Poco después, se montó en un autos para ir al centro de la ciudad.  Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado una peseta de más en el cambio. 

Mientras consideraba que hacer, pensó para si mismo, "Ah, olvídalo, es solo una peseta. ¿Quien se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos.  Acéptalo como un regalo de Dios."  Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió darle la peseta al conductor diciéndole, "Tome, usted me dio esta peseta de más." 

El conductor, con una sonrisa le respondió, "Se que eres el nuevo predicador del pueblo. He pensando regresar a la iglesia y quería ver que usted haría si yo le daba demasiado cambio”

Se bajó el predicador sacudido por dentro y dijo: "Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por una peseta." 

Nuestras vidas serán la única Biblia que algunos jamás leerán.






EL CIRCULO DEL 99
 

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día el rey lo mandó a llamar. Paje -le dijo- ¿Cuál es el secreto?¿Qué secreto, Majestad?¿Cuál es el secreto de tu alegría? ¡No hay ningún secreto, Alteza!. No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto. ¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿Por qué? Majestad, no tengo razones para estar triste. Amo a Dios sobre todo, su Alteza me honra permitiéndome atenderlo, tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz? Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar, dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado!!!!  Pero, Majestad, no hay otro secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...Vete, ¡Vete antes de que llame al verdugo! 

El sirviente sonrió un poco asustado, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana. ¿Por qué él es feliz? Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo..¿Fuera del círculo? Así es. ¿Y eso es lo que lo hace feliz? No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz. 
-Así es. 
-¿Y cómo salió?
-Nunca entró
-¿Qué circulo es ese?
-El círculo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada.
-
La única manera para que entendiera, sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-Eso, obliguémoslo a entrar.
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo.
-No hace falta, Su Majestad. 
-Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito. Son pocos los hombres tan grandes que sean capaces de resistir.
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-No, al contrario. Pensará que es su fortuna.
-Y después, cuando se sienta infeliz, ¿no podrá salir?
-Si podría, pero muy pocos hombres son capaces de lograrlo. Les llamamos "santos". 
-Que esperas, hagamos la prueba.
-Majestad, ¿Está dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-Sí

-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso? Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
-Hasta la noche. 

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste.”Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena. 

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido de la bolsa sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60 hasta que formó la última pila: 9 monedas !!!Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.“No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.¡Me robaron -gritó- me robaron, malditos!!Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”. “99 monedas. Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo, pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no. 

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.  Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?.Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. “Doce años es mucho tiempo”, pensó. Quizás pudiera decirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡¡¡Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender.... vender.... Vender.... estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99... Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y amargado.¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo. Nada me pasa, nada me pasa.

Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo, ¿No? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también? No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje del círculo del 99.






¿ERES UNA ZANAHORIA,UN HUEVO O CAFE?


Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato.
Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?"

-"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de
su rico aroma. Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?"

El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al
agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?

¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú,¿cual de los tres eres?









LA CARGA QUE SE HIZO DULCE

Después de crear la luz, las estrellas, el sol, la luna, el agua, las nubes y la tierra; Dios quiso crear los seres vivos, y empezó con las plantas. Y así creó la hierba que la hizo verde, fresca y suave. Viendo que era buena se animó y creó las flores dando rienda suelta a su imaginación (figuraos lo que puede dar de sí la imaginación de Dios) y las hizo de todos los colores tamaños y formas. Aquí también quedó satisfecho, así que pensó en avanzar un poco más y formó los arbustos y matorrales más duros y resistentes. Y cuando ya había ensayado con el herbaje las flores y los arbustos, decidió culminarlo todo con la obra maestra de los vegetales e hizo los árboles. Uno alto, espigado, con hojas pequeñas y gruesas, y el tronco resinoso. Era bonito, pero Dios quiso hacer otro mejor aún, así que puso todo su amor e hizo otro con tronco mucho más grueso, con unas ramas que se abrían y bifurcaban infinitas veces formando ramas inmensas llenas de hojas. ¡Y qué hojas! Grandes, con forma de estrella, y de un verde, que al soplar el viento producían unos brillos de lentejuelas y un susurrar que calmaba al más espírico. Y todo ello sustentado por raíces tan grandes y fuertes que sobresalían de la tierra. Y tal era el aspecto del nuevo árbol que daba la impresión de que si no estuvieran ahí,  todo el árbol subiría a los cielos. Era, con mucho, el más bonito de todo el Jardín del Edén. Tanto era así que los pájaros, cuando todo estuvo creado, buscaban sus ramas para anidar, las ardillas buscaban las rugosidades de su corteza para cobijarse, todo tipo de animales buscaban sombra bajo sus ramas, se rascaban en su tronco. Todos estaban muy felices con ese árbol tan bonito. Todos... menos él. Siempre estaba refunfuñando y de mal humor. Un día Dios le preguntó el motivo de su enfurecimiento y él le dijo -¿Por qué me has maldecido así? ¿Qué he hecho yo? No comprendo que afrenta te habré causado para que me pongas estas ramas tan grandes y pesadas, que encima tienen que soportar estas infinitas y enormes hojas que son muchas más de las que puedo cargar. ¡¿No ves que pesan mucho?! El otro árbol lleva con ligereza esas hojitas minúsculas que le has dado, pero yo debo cargar con semejante lastre. Me has hecho mal. ¡No quiero estas hojas! Dios, al ver su cerrazón le dijo: - De acuerdo, si crees que es lo mejor así sea. A partir de mañana no tendrás hojas. El árbol se quedó encantado ante la idea y esa noche durmió feliz y esperanzado. Por la mañana se llenó de júbilo al ver que todas sus hojas estaban secas en el suelo. Pero pronto su alegría se tornó en tristeza. Ya nadie iba a acogerse bajo su sombra, las ardillas ya no correteaban por él, los pájaros ya no anidaban sobre sus ramas... Bien es cierto que antes eran un incordio con sus piares, sus arañazos, su continua presencia no le dejaba descansar, pero... estaba ahora tan solo, y pasaba tanto frío que empezó a llorar. Tanto lloró que Dios se apiadó de él y le dijo: -Ahora te das cuenta de tu gran soberbia y comprendes que no hay nadie más sabio que Yo. Esas hojas que te di eran precisamente lo que te hacía el ser el más deseado. ¿No compensaba eso con creces el peso de las hojas? ¿No te das cuenta de que ya te había dado yo fuertes ramas para sujetar semejante follaje? Voy a devolverte tus hojas, pero para que no se te olvide tu osadía, todos los años, en invierno te quitaré tus hojas, y para que compruebes Mi misericordia te las devolveré en primavera, y así el resto de los animales podrán volver a disfrutar de tu sombra. Y así fue. Y el árbol, cada vez que apreciaba el peso de sus hojas se alegraba al pensar en la gran suerte que tenía al llevar semejante peso. Y esto se transmitió de generación en generación entre todas las familias de los árboles descendientes de aquel árbol. Y es por eso que aún hoy hay árboles a los que se les caen las hojas.





NO VENDAS A JESÚS

Tus Acciones Te Delatan

 Hace años un sacerdote se mudó para Houston, Texas. Poco después, se montó en un autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado una moneda de 25 centavos de más en el cambio.

Mientras consideraba que hacer, pensó para sí mismo: "¡Ah!, olvídalo, son sólo 25 centavos. ¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un regalo de Dios".

Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió darle la moneda al conductor diciéndole: "Tome, usted me dio 25 centavos de más".

El conductor, con una sonrisa le respondió: "Sé que es el nuevo sacerdote. He pensando regresar a la Iglesia y quería ver que haría usted si yo le daba demasiado cambio".

Se bajó el sacerdote sacudido por dentro y dijo: "¡Oh Dios!, por poco vendo a Tu Hijo por 25 centavos."

Tus acciones son vistas por todos. ¿Que testimonio das por Cristo?






NO TE PARECE EXTRAÑO...



... como un billete de $10 parece tan grande cuando lo llevas a la Iglesia y tan pequeño cuando lo llevas a las tiendas.

.... cuán larga parece una hora cuando servimos a Dios, pero qué corta cuando vemos nuestro programa favorito.

.... qué difícil nos vienen las palabras al rezar y cuán fácil cuando hablamos con un amigo.

.... cuánto nos emocionamos cuando un partido de futbol se extiende a tiempos extras y cuánto nos quejamos cuando una misa es mas larga de lo usual.

 .... lo difícil que es leer un capítulo de la Biblia, pero qué fácil leemos100 páginas de una novela popular o de un periódico deportivo.

.... cómo las personas desean los asientos del frente en cualquier juego o concierto, pero cómo hasta se esfuerzan para buscar asientos en la parte de atrás de la Iglesia.

... qué necesitemos 2 ó 3 semanas de aviso para responder a un evento de la Iglesia pero ajustamos nuestros compromisos sin previo aviso para otros eventos aunque sea en el último momento.

.... lo difícil que es aprender una verdad simple del Evangelio para compartirla con otros, pero qué fácil que es para la misma persona entender y repetir un chisme.

.... cómo creemos lo que dicen los periódicos pero cuestionamos lo que dice la Biblia.

... cómo podemos enviar miles de chistes por correo electrónico y se esparcen como reguero de pólvora, pero cuando empezamos a enviar mensajes acerca de Dios, la gente lo piensa dos veces antes de compartirlos.

...que en nuestros países cristianos los sitios mas visitados en el internet son los que ofenden al Señor.

... que muchos sean tan cuidadosos para escoger lo que entra en su estómago pero no se preocupan de lo que entra en su mente o en su corazón.

.... que todos quieran ir al cielo y pocos se preocupan de vivir las exigencias del evangelio necesarias para lograrlo.

Es extraño, ¿no te parece?





EL NAUFRAGO


Desde una isla remota, el único sobreviviente de un naufragio oraba fervientemente, pidiendo a Dios que lo rescatara, y todos los días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba.

Cansado, eventualmente empezó a construir una pequeña cabañita para protegerse, y proteger sus pocas posesiones. Un día, después de andar buscando comida, encontró la pequeña choza en llamas, el humo subía hacia el cielo. Todo lo perdió en aquel incendio. Confundido y enojado con Dios le decía: “¿Cómo pudiste hacerme esto?” y se quedó dormido sobre la arena.

Temprano en la mañana del siguiente día, escuchó asombrado la sirena de un barco que se acercaba a la isla. Venían a rescatarlo. Les preguntó, ¿Cómo sabían que yo estaba aquí?. Y sus rescatadores le contestaron, "vimos las señales de humo que nos hiciste...."

Moraleja: Permite que Dios actúe aunque no entiendas sus caminos. 





SEMILLAS

Anoche tuve un sueño raro: En la plaza mayor de la ciudad habían abierto una tienda nueva. El rótulo decía: "Regalos de Dios". Entré: Un ángel atendía a los clientes. Yo, asombrado, le pregunté:

- ¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor?
- Ofrezco cualquier don de Dios.
- ¿Cobras muy caro?
- No, los dones de Dios son gratis. Miré los grandes estantes; estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más. Yo tenía gran necesidad de todas aquellas cosas. Cobré valor y le dije al ángel:
- Dame, por favor, bastante amor a Dios; dame perdón de Dios; un bulto de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación. Mucho me sorprendí cuando vi que el ángel, de todo lo que yo le había pedido, me había hecho un solo paquete; y el paquete allí estaba en el mostrador, un paquete tan pequeño como el tamaño de mi corazón.
- ¿Será posible? - pregunté - ¿Esto es todo? El ángel me explicó:
- Es todo, Dios nunca da frutos maduros; El sólo da pequeñas semillas, que cada quien debe cultiva
r.





¡DIOS EXISTE!

Un barbero le decía a su cliente mientras le recortaba el pelo:
- Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice.

- Pero, ¿por qué dice usted eso? -pregunta el cliente.

- Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. O... dígame, ¿acaso si Dios existiera, habría tantos enfermos? ¿Habría niños abandonados? Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión.  El barbero terminó su trabajo y, recién abandonaba la barbería, vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo; se veía muy desarreglado. Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.

- ¿Sabe una cosa? ¡Los barberos no existen!.
- ¿Cómo que no existen? -pregunta el barbero- Si aquí estoy yo y soy barbero.

- ¡No! -dijo el cliente- no existen, porque si existieran barberos no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.

- Ah, los barberos si existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mi.

- ¡Exacto! -dijo el cliente- Lo mismo ocurre con Dios. Las personas no van a Dios y por eso hay tanto dolor y miseria.






YO PUEDO HACER MAS QUE ESO

La madre, de 26 años de edad, se paró al lado de la cama de su hijito de 6 años, que estaba muriendo de leucemia. Aunque su corazón estaba lleno de tristeza y angustia, ella también tenía un fuerte sentimiento de determinación. Como cualquier otra madre, ella quería que su hijo creciera y realizara sus sueños. Ahora, eso no sería más posible, por causa de la leucemia terminal. Pero, aún así, ella todavía quería que aquel sueño de su hijo se transformara en realidad.

Ella tomó la mano de su hijo y le preguntó:

- Billy, ¿pensaste ya alguna vez en lo que te gustaría ser cuando crezcas? ¿Soñaste ya lo que te gustaría hacer con tu vida?

- Mamá, siempre quise ser un bombero, la madre sonrió y dijo:

- Vamos a ver si podemos transformar ese sueño en realidad.

Más tarde, ese mismo día, ella fue al cuerpo de bomberos local, en la ciudad de Phoenix, Arizona, donde se encontró con un bombero de gran corazón, llamado Bob. Ella explicó la situación de su hijo, su último deseo, y le preguntó si sería posible dar una vuelta en el camión de bomberos con su hijito de seis años, alrededor de la manzana.

El bombero Bob dijo:

- Mire, ¡NOSOTROS PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! Si tienes tu hijo listo, a las siete horas de la mañana, el próximo miércoles, nosotros lo haremos un bombero honorario por todo el día. ¡Él podrá venir al cuartel, comer con nosotros, salir para atender las llamadas de incendio! Y si nos das sus medidas, nosotros le conseguiremos un uniforme de verdad, con sombrero, con el emblema de nuestro batallón, un saco amarillo igual al que vestimos y también botas. Ellos son todos confeccionados aquí mismo en la ciudad y los conseguiremos rápidamente. Tres días después, el bombero Bob buscó al niño, lo vistió en su uniforme de bombero y lo escoltaron desde la cama del hospital hasta el camión de bomberos. Billy se sentó en la parte de atrás del camión, y lo llevaron hasta el cuartel central.

El estaba en el cielo. Ocurrieron tres llamadas aquel día, en la ciudad de Phoenix, y Billy acompañó a todos. En cada llamada, el fue en vehículos diferentes: en el camión tanque, en la van de los paramédicos y hasta en el coche especial del jefe del cuerpo de bomberos. El también fue filmado por el programa de televisión local. Tuvo su sueño realizado. Todo el amor y atención que le dieron lo tocó tan profundamente, que Billy vivió tres meses más de lo que todos los médicos habían previsto.

Una noche, todas sus funciones vitales empezaron a caer dramáticamente y la enfermera-jefe, que creía en el concepto de que nadie debería morir solo, empezó a llamar al hospital a toda la familia. Entonces, ella recordó el día que Billy había pasado como un bombero, y llamó al jefe, preguntando si sería posible enviar algún bombero al hospital, en ese momento difícil, para quedarse con el niño.

El jefe de los bomberos contestó:

¡NOSOTROS PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! estaremos ahí en cinco minutos. Y hágame un favor. Cuando escuche las sirenas y vea las luces de nuestros autos, avise al sistema de seguridad que no se trata de un incendio. Solamente es el cuerpo de bomberos que viene a visitar, una vez más, a uno de sus más distinguidos integrantes. ¿Y podrías abrir la ventana de su habitación? ¡Gracias!

Cinco minutos después, una van y un camión con escalera telescópica llegaron al hospital, extendieron la escalera hasta el piso donde estaba el niño y 16 bomberos subieron hasta su cuarto. Con el permiso de la madre, ellos lo abrazaron, lo tomaron en los brazos y dijeron lo mucho que ellos lo amaban.

Con un suspiro final, Billy miró al jefe y preguntó:

- Jefe, ¿yo realmente soy un bombero?

- Billy, ¡eres uno de los mejores! dijo el jefe.

Con estas palabras, Billy sonrió y cerró sus ojos por última vez.





 EL VERDADERO AMOR

Un sabio maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que se declaraban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.

El maestro les escuchó con atención y después les relató un testimonio personal:

- Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno cuando sufrió un infarto y cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el hospital mientras su corazón se despedazaba en profunda agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa  noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Él pidió a mi hermano teólogo que dijera algunas reflexión sobre la muerte y la eternidad. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte. Mi padre escuchaba con gran atención. De pronto pidió "llévenme al cementerio".

"Papá" respondimos "¡Son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio ahora!" Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan  conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años". Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y, con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 buenos años...¿saben?, Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos juntos en todo. Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando me echaron de mi trabajo, cuando ustedes enfermaban", continuó  "Siempre estuvimos juntos. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de muchos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos y perdonamos nuestras faltas... hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben por que?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera..."

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló:

- "Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día". Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo y no tiene que ver con el erotismo. Más bien es una comunión de corazones que es posible porque somos imagen de Dios. Es una alianza que va mucho mas allá de los sentidos y es capaz de sufrir y negarse cualquier cosa por el otro."

Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Ese tipo de amor les superaba en grande. Pero, aunque no tuviesen la valentía de aceptarlo de inmediato, podían presentir que estaban ante el amor verdadero. El maestro les había dado la lección mas importante de sus vidas.






LA ULTIMA PRUEBA

John X se levantó del banco, arregló su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón él conocía pero cuya cara nunca había visto, la chica de la rosa.

Su interés en ella había comenzado 13 meses antes, en una Biblioteca de Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas en el margen. La escritura reflejaba un alma pura, de grandes valores y capaz de grandes sacrificios. En la contraportada del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección en Nueva York. Él le escribió una carta para presentarse y para invitarla a corresponderle.

Al día siguiente John fue enviado en barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó porque sentía que una relación verdadera no se puede fundamentar en apariencias.

Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 PM en la Gran Estación Central de Nueva York. "Tú me conocerás" dijo ella, "por la rosa roja que llevaré en la solapa".

Así que a las 7:00 PM, puntual, John estaba en la estación buscándola.

Dejaré que el señor "X"  les diga lo que sucedió:

"Una joven vino hacia mí, su figura era alta y esbelta. Su cabello rubio y rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían una gentil firmeza y en su traje verde pálido lucía como la primavera en vida. Yo comencé a caminar hacia ella sin darme cuenta que no llevaba la rosa. Mientras me movía, una pequeña sonrisa curvó sus labios: "¿Buscas a alguien marinero?" murmuró la dama. Casi incontrolablemente di un paso hacia ella y entonces vi a Hollys Maynell.  Estaba  parada casi directamente detrás de la chica, con la rosa en la solapa. Una mujer, ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo y algo gruesa.  

La chica del traje verde se iba rápidamente. Sentí como si me partieran en dos: mi deseo tan agudo de seguirla, y a la vez mi tan profundo anhelo por la mujer de corazón puro que por correspondencia me había acompañado y apoyado durante tiempos difíciles. Y ahí estaba ella, tenía un aspecto amigable y sereno. 

No puedo negar que me sentí de pronto decepcionado. Pero enseguida comprendí que ese sentimiento respondía sólo a la pasión y la fantasía. Contradecía todo lo que precisamente, con la ayuda de Miss Maynell, había descubierto sobre el amor verdadero.  Fue por eso que di el paso y la saludé con auténtico entusiasmo. Es cierto, esto no sería romance, pero sería algo preciado, algo quizás mejor que el romance, una amistad por la que había y debía estar siempre agradecido.

"Soy el Teniente John X, y usted debe ser la Srta. Maynell. ¿la puedo llevar a cenar?" "Muchas gracias, dijo la mujer, pero usted busca a mi hija, es la joven con el vestido verde que se acaba de ir. Me entregó su rosa y me dijo que si usted me invitaba a cenar se la entregase para que usted se la lleve. Lo está esperando en el restaurante de enfrente."

Aquel encuentro ocurrió al fin de la Guerra Mundial, hace más de 50 años. John y Maynell son ya muy ancianos pero los años solo han aumentado aquel amor probado que resultó ser verdadero.






SOBREVIVE A LA GUERRA Y MUERE POR FALTA DE AMOR

Al regresar de la Guerra de Vietnam, un soldado telefoneó a sus padres desde San Francisco: -"Mamá, Papá:  Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor. Traigo a un amigo que me gustaría se quedara con nosotros".

-"Claro que sí", le contestaron llenos de alegría por su regreso, "Nos encantaría conocerlo."

-"Pero hay algo que deben saber", el hijo, siguió diciendo, "mi amigo fue gravemente herido en la guerra. Pisó una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna. Sus padres no lo quieren. No tiene donde ir y quiero que se venga a vivir con nosotros a casa"

-"Siento mucho el escuchar eso, hijo. A lo mejor podemos encontrar un lugar en donde el se pueda quedar."

-"No, mamá y papá, yo quiero que el viva con nosotros y que seamos su familia."

-"Hijo," le dijo el padre, "tú no sabes lo que estas pidiendo. Una persona tan limitada físicamente sería un  gran peso para nosotros. Tenemos nuestras propias vidas que vivir y no podríamos cuidarle adecuadamente. Yo pienso que estás demasiado afectado con ese caso. Deberías regresar a casa y olvidarte de él. Tú amigo encontrará una manera en la que pueda vivir el solo. Además él es la responsabilidad del gobierno y puede ingresar en un lugar para veteranos de guerra. Para eso pagamos impuestos."

Al oír esas palabras, el hijo colgó el teléfono. Los padres no volvieron a saber nada de él hasta que unos días mas tarde recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco. Su hijo había muerto al caer de la ventana de un edificio. La policía creía que era un suicidio. Los padres, destrozados por la noticia, volaron a San Francisco y fueron llevados a la morgue de la ciudad para que identificaran a su hijo. Con horror, descubrieron que su hijo tan solo tenía un brazo y una pierna. El representante del ejército les relató algo que el joven había querido mantener en secreto:   Había  sufrido los efectos de la explosión de una mina.  El mismo era el "amigo" y quería saber de antemano si sus padres de verdaderamente lo aceptarían.   Lamentablemente, al percibir la negativa, se suicidó desesperado.

Reflexión:

La desesperación y el suicidio jamás son el camino.  Jesús nos ama y nos acoge tal cual somos y si le entregamos nuestra vida miserable, El nos lleva a la casa del Padre. Pero muchas personas  necesitan de nuestra acogida para comprender ese amor divino.

Los padres de esta historia son como muchos de nosotros. Encontramos muy fácil amar a quienes nos resultan atractivos, pero rechazamos a los que retan nuestro egoísmo y nos causan inconveniencias.










HAY QUE SEGUIR CANTANDO

Como cualquier buena mamá, cuando Karen supo que estaba esperando un
bebé, hizo lo que pudo para ayudar a su hijo Michael de tres años a
prepararse para una nueva etapa en su vida.

Supieron que el nuevo bebe iba a ser una niña, y día y noche, Michael
le cantaba a su hermanita en el vientre de su madre.  El estaba
encariñándose con su hermanita aun antes de conocerla.

El embarazo de Karen progresó normalmente.  A tiempo empezó su labor de
parto, pronto los dolores eran cada cinco, cada tres y finalmente cada
minuto.  Pero una complicación se presentó de repente y Karen tuvo
horas de labor de parto.

Finalmente, después de muchas horas de lucha, la hermanita de Michael
nació, pero en muy malas condiciones.  La llevaron inmediatamente en una
ambulancia a la Unidad de Cuidados Intensivos, sección neonatal del
Hospital St. Mary en Knoxville, Tennessee.

Los días pasaron y la niña empeoraba.  Los pediatras tuvieron que decirle
finalmente a los padres las terribles palabras:  "Hay muy pocas esperanzas,
prepárense para lo peor".  Karen y su esposo contactaron al cementerio
local para apartar un lugar para su hijita.  Ellos habían creado un cuarto
nuevo para su hija y ahora se encontraban haciendo arreglos para un
funeral.

Sin embargo, Michael, les rogaba a sus padres que le dejaran ver a su
hermanita.  "Quiero cantarle", decía una y otra vez.

Estuvieron dos semanas en Terapia Intensiva y parecía que el funeral
vendría antes de que acabara la semana.  Michael siguió insistiendo que quería
cantarle a su hermanita, pero le explicaban que no se permitía la
entrada de niños a Terapia Intensiva.

De pronto Karen se decidió.  Llevaría a Michael a ver a su hermanita,
¡la dejaran o no!  Si no veía a su hermanita en ese momento, tal vez no la
vería viva nunca.

Ella le puso un overol inmenso y lo llevo a Terapia Intensiva, Michael
parecía una enorme canasta de ropa sucia.  Pero la jefa de enfermeras
se dio cuenta de que era un niño y se enfureció.  "¡Saquen a ese niño de
aquí ahora mismo!  No se admiten niños aquí"  El carácter de Karen afloró y,
olvidándose de sus lindos modales de dama, que siempre la habían
caracterizado, miró con ojos de acero a la enfermera, sus labios eran
una sola línea y con firmeza dijo:  Él no se va hasta que le cante a su
hermanita" y levantó a Michael y lo llevó a la cama de su hermanita.

El miró a la pequeñita, perdiendo la batalla por conservar la vida.
Después de un momento empezó a cantar con la voz que le salía del corazón
de un niño de tres años.  Michael le cantó:  "Eres mi luz del sol, mi única luz,
tú me haces feliz cuando el cielo es gris...." (conocida canción en inglés
"You´re my sunshine").

Instantáneamente, la bebé pareció responder al estímulo de la voz de
Michael, su pulso se empezó a volver normal.

"Sigue cantando, Michael" le pedía desesperadamente su mamá con
lágrimas en los ojos.  Y el niño seguía:  "Tú no sabrás nunca, querida,
cuanto te amo, por favor no te lleves mi luz del sol...  "Al tiempo que Michael
cantaba a su hermana, la bebé se movía y su respiración se volvía tan suave como
la de un gatito cuando lo acarician.  "Sigue cantando, cariño" le decía
su mamá y él continuaba haciéndolo como cuando todavía su hermanita estaba
en el vientre de su madre.  "La otra noche, querida, cuando dormía, soñé que
te abrazaba en mis brazos..." seguía cantando el niño; la hermanita de
Michael empezó a relajarse y a dormir con un sueño reparador que parecía
que la mejoraba por segundos.  "Sigue cantando Michael"... ahora era la voz de
la enfermera que, con lágrimas en los ojos, no dejaba de pedirle al niño
que continuara.

"Tú eres mi luz del sol, mi única luz del sol, por favor no te lleves mi
sol..."

Al día siguiente... el mismísimo día siguiente... la niña estaba en
perfectas condiciones para irse a casa.

La revista "Woman"s Day" lo llamó "El Milagro de la canción del
Hermano".

Los doctores le llamaron simplemente un milagro.  Karen le llamó "El
Milagro del amor de Dios".

"Nunca te rindas por la gente que Amas.... El Amor es increíblemente
poderoso."

La vida es demasiado buena como para desperdiciarla...
Confía en que Dios sabe que estas exactamente donde debes estar.
Nunca olvides las infinitas posibilidades que nacen de la FÉ







El PAYASO TRISTE

Había una vez un payaso que divertía a los niños pero el mismo siempre estaba muy triste. Cuando regresaba a su casa, se encontraba que a su esposa no le importaba si existía y los hijos se burlaban de el por ser payaso. Aquella casa no era un hogar porque faltaba el amor. 

Cada día aquel pobre hombre volvía a su papel de payaso. Todos los niños se reían de el, menos un pequeñín que lo miraba con una gran ternura, como si le viera mas allá del maquillaje. 

Un día, ya muy cansado y deprimido, el payaso se acostó en una banca del parque y se durmió. ¿Como podré seguir de payaso si ya no me queda fuerza para hacer reír? Al despertar se encontró con aquel pequeñín que lo miraba con ojos llenos de amor. El payaso, sorprendido, le pregunta ¿Como descubriste que yo era el payaso si no tengo maquillaje? El niño respondió. Para mi tu no eres un payaso sino mi hermano, hijo de Mi Padre. Soy Jesús. Yo di mi vida por ti.





EL LOCO

Historia de la vida real.

Cerca de la ciudad de Beloxi en EE.UU., un huracán amenazaba con grandes vientos. Ya de noche y bajo una fuerte lluvia, un hombre se atravesó en la carretera. Habiéndose quitado la camisa, la enarbolaba y agitaba ante los vehículos. Los choferes pensaron que era un loco. Algunos lo esquivaron y siguieron de largo, otros, no pudiendo evitarlo, pararon muy enojados y le amenazaron con llamar a la policía si no despejaba el camino.

Fue entonces que el "loco" tuvo la oportunidad de hablarles: "El puente que está adelante ha sido arrastrado por las aguas. Si no los paraba de alguna manera, ustedes hubieran muerto como los otros choferes".  Todos comprendieron que aquel "loco" era en realidad un héroe. Había arriesgado su vida para salvar la de ellos.

¿Le has dado gracias a los "locos" que han intervenido en TU vida?





¿ES USTED LA ESPOSA DE DIOS?

Un niño de 10 años, descalzo y temblando de frio, miraba a través de la vitrina de una zapatería. Una señora se acercó al niño y le dijo:

"MI PEQUEÑO AMIGO, ¿QUÉ ESTAS MIRANDO CON TANTO INTERÉS EN ESA VENTANA?".

"LE ESTABA PIDIENDO A DIOS QUE ME DIERA UN PAR DE ZAPATOS", fue la respuesta del niño.

La señora lo tomó de la mano y lo metió en la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de pares de calcatines para el niño. Preguntó si podría darle un recipiente con agua y una toalla. El empleado le trajo lo que pidió. Ella se llevó al niño a la parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó los pies al niño y se los secó con la toalla.

Entonces el empleado llegó con los calcetines. La señora le puso un par al niño y después le compró unos zapatos.

Cogió el resto de los calcetines y se los dió al niño. Le acarició en la cabeza y le dijo: 

"¡NO HAY DUDA PEQUEÑO AMIGO QUE TE SIENTES MAS CÓMODO AHORA!".

Mientras ella se daba la vuelta para irse, el niño la alcanzó, le dió la mano y mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó:"¿ES USTED LA ESPOSA DE DIOS?".







CUATRO GRANDES LECCIONES PARA AMAR

 La Lección Más Importante: Ama
Durante el segundo mes de escuela de enfermeras, nuestro profesor nos dio un examen de sorpresa. Yo era una estudiante concienzuda y había encontrado todas las preguntas fáciles hasta leer la última:  "¿Cual es el primer nombre de la mujer que limpia la escuela?" Indudablemente esto era un chiste. Yo había visto a la señora varias veces. Era alta, trigueña, y en sus cincuentas, ¿pero como podría saber su nombre? Entregué mi papel dejando la última pregunta en blanco. Un poco antes que terminara la clase, un estudiante preguntó si la última pregunta contaría para el grado del examen. "Absolutamente," dijo el profesor. "En sus carreras, ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Ellas merecen su atención y cuidado, aunque lo único que hagan es sonreírles y decirles "hola". 

Esto es una lección que nunca se me ha olvidado. También aprendí que su nombre era Dorotea. 

Segunda Lección Importante: Ama
Una noche de gran tormenta, a las 11:30 PM, una señora mayor de raza negra estaba parada al lado de la carretera en el estado de Alabama. Estaba empapada por la lluvia. Se le había dañado el coche y desesperadamente necesitaba ayuda. Un joven blanco paró para ayudarla, algo que generalmente no ocurría en los años 1960 con sus conflictos raciales. El joven la llevó a un lugar más seguro, la ayudó a recibir asistencia, y le llamó un taxi. Ella lucía estar en un apuro muy grande, pero escribió su dirección y le dio las gracias. Siete días pasaron y alguien le tocó a la puerta al joven. Sorprendido le entregaron un televisor de color de consola. Una nota especial estaba pegada que decía:  

"Muchas gracias por su asistencia en la carretera la otra noche. La lluvia, no solo empapó mi ropa sino también mi espíritu. Entonces llegó usted. Gracias a su ayuda pude llegar al lado de mi esposo moribundo, justamente antes de que muriera. Que Dios lo bendiga por ayudarme y servir sin egoísmo a otros. Sinceramente, Sra. Nat King Cole  (Esposa del famoso cantante)

Tercera Lección Importante: Ama

Siempre recuerda con gratitud a quienes te sirven. En los días cuando un refresco con helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró a la cafetería de un hotel y se sentó en una mesa. Una camarera le puso un vaso de agua delante. 

-"¿Cuanto es un refresco con helado?" preguntó el niño.
-"Cincuenta centavos," respondió la camarera.
El niñito sacó su manito de su bolsillo y contó el menudo. "Bueno, ¿y cuanto es una copa de helado solo?" preguntó. 
Habían más personas esperando por una mesa y la camarera estaba perdiendo su paciencia. "Treinta y cinco centavos", le respondió bruscamente.
El niñito de nuevo contó su menudo. "Por favor deme una copa de helado solo", dijo el niño.

La camarera le trajo el helado, le puso la cuenta en la mesa y se fue. El niñito terminó el helado, le pagó a la cajera y dejó su propina. Cuando la camarera regresó a la mesa, empezó a llorar mientras limpiaba la mesa. Allí al lado de la copa vacía de helado habían dos monedas de cinco centavos y cinco centavos sueltos.  El niño renunció al refresco para tener suficiente para la propina.

Cuarta Lección Importante: Ama
Hace muchos años, cuando yo trabajaba de voluntaria en un hospital, conocí una niñita llamada Liz que sufría de una enfermedad rara y seria. Su única oportunidad de recuperación era una transfusión de sangre de su hermanito de 5 años, quien se había salvado milagrosamente de esta misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla. El médico le explicó la situación al hermanito, y le preguntó que si estaba dispuesto a darle sangre a su hermana. Lo vi vacilar por solo un momento antes de respirar fuertemente y decirle, "Si, lo haré si se salvará." Mientras que progresaba la transfusión, el estaba acostado al lado de su hermanita y sonrió viendo como el color regresaba a sus mejillas. Entonces el niño se puso pálido y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y preguntó con una voz temblorosa, "¿Moriré enseguida?" 

El niño había malentendido al médico; pensó que le tendría que dar toda su sangre a su hermana para salvarla y que entonces el moriría.






CON AMOR

La justicia con Amor te hace justo, sin Amor te hace duro.
La amabilidad con Amor te hace amable, sin Amor te hace hipócrita.
La inteligencia con Amor sirve a la razón, sin Amor te hace cruel.
La agudeza con Amor te hace capaz de adquirir la verdad, sin Amor te hace agresivo.
La autoridad con Amor te hace guía y protector, sin Amor te hace déspota.
La amistad con Amor te hace generoso, sin Amor te hace interesado.