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CRISTO
DE LOS FAVORES
El viejo
Haakon cuidaba cierta Ermita. En ella se
veneraba un crucifijo de mucha devoción. Este crucifijo
recibía el nombre, bien
significativo de "Cristo de los Favores."
Todos
acudían allí para pedirle al Santo Cristo. Un
día el ermitaño Haakon quiso pedirle también un
favor. Lo impulsaba un
sentimiento generoso. Se arrodilló ante la imagen y le dijo,
"Señor,
quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero
reemplazarte en La
Cruz." Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Sagrada
Efigie, como
esperando la respuesta. El Crucifijo abrió sus labios y
habló. Sus palabras
cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras.
"Siervo
mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser
con una condición."
"Cual,
Señor?" preguntó con acento
suplicante Haakon.
"Es una
condición difícil."
"Estoy
dispuesto a cumplirla con tu ayuda,
Señor," respondió el viejo ermitaño.
"Escucha.
Suceda lo que suceda y veas lo que
veas, has de guardar siempre silencio." Haakon contestó, "Os lo
prometo, Señor." Y se efectuó el cambio. Nadie
advirtió el trueque. Nadie
reconoció al ermitaño, colgado de cuatro clavos en la
Cruz. El Señor ocupaba el
puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el
compromiso. A nadie dijo
nada. Los devotos seguían desfilando pidiendo favores.
Pero un
día... Llegó un rico y, después de haber
orado, dejo allí olvidada su bolsa. Haakon lo vio y
calló. Tampoco dijo nada
cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió
de la bolsa del rico.
Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante
él, poco después, para
pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese
momento volvió
a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que
el muchacho se
la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo,
iracundo,
"!Dame la
bolsa que me has cogido!" El
joven sorprendido, replicó,
"No he cogido
ninguna bolsa."
"!No mientas,
devuelvemela enseguida!"
"Le repito
que no he cogido ninguna bolsa,"
afirmó el muchacho.
El rico
arremetió, furioso, contra él. Sonó entonces
una voz fuerte, "!Detente! El rico miró hacia arriba y vio que
la imagen
hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, grito,
defendió al joven e
increpó al rico por la falsa acusación. Este quedo
anonadado, y salió de la
Ermita. El joven salió
también porque tenía prisa para emprender su viaje.
Cuando la Ermita quedó a
solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo,
"Baja de la
Cruz. No sirves para ocupar mi
puesto. No has sabido guardar silencio."
"Señor,"
dijo Haakon, "como iba a
permitir esa injusticia?" Se cambiaron los oficios. Jesús ocupo
la Cruz de
nuevo y el ermitaño se quedo de rodillas ante el Crucifijo. El
Señor, clavado,
siguió hablando.
"Tu no sabias
que al rico le convenía perder la
bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven
mujer. El
pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo
bien en
llevárselo; En cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus
heridas le
hubieran impedido realizar el viaje que para El resultaría
fatal. Ahora, hace
unos minutos, acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la
vida. Tu no sabías
nada. No sabes nada. Yo sí se. Por eso callo."
Y la sagrada
imagen del crucificado guardó silencio.
Haakon levantó sus ojos hacia él y exclamó:
"Perdón, Señor, Perdón!"
Dios
calla. Y, cuando habla; sus
palabras no destruyen del todo su divino silencio; más bien lo
subrayan con
trazo vigoroso; pues son sus palabras destinadas a Convencernos de que
el
misterio del dolor en este caso, seguirá de Cualquier modo,
siendo misterioso.
Si habla, dice poco más o menos,
"Confiad en mi, que sé
bien lo
que debo hacer".
OBSTÁCULOS
Hace
mucho tiempo, un rey
colocó una gran roca obstaculizando un camino. Luego se
escondió para ver si
alguien quitaba la tremenda roca.
Algunos
de los comerciantes
más adinerados del reino y varios cortesanos pasaron por el
camino y
simplemente le dieron una vuelta; muchos culparon al rey ruidosamente
de no
mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la
piedra
grande del camino.
Entonces
llegó un campesino
que llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, puso su
carga en
el suelo y trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y
fatigarse mucho, pudo lograrlo.
Mientras
recogía su carga de
vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde
había
estado la roca. La
cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey
indicando que
el oro era para la persona que moviera la piedra del camino.
El
campesino sabía lo que
los otros nunca entendieron: Cada obstáculo presenta una
oportunidad para
mejorar tu condición.
QUE
GRAN
CONSUELO
Algún día, cuando mis
hijos
sean suficientemente grandes para entender la lógica que motiva
a las madres,
les diré:
Te
amé lo suficiente, como
para preguntarte a dónde ibas, con quién, y a qué
hora regresarías a casa.
Te
amé lo suficiente, como
para insistir en que ahorraras dinero para comprarte una bicicleta
aunque
nosotros, tus padres, pudiéramos comprarte una.
Te
amé lo suficiente, como
para callarme y dejarte descubrir que tu nuevo y mejor amigo era un
patán.
Te
amé lo suficiente, como
para fastidiarte y estar encima de ti, durante dos horas, mientras
arreglabas
tu cuarto, un trabajo que me hubiese tomado a mí sólo 15
minutos.
Te
amé lo suficiente, como
para dejarte ver mi ira, desilusión y lágrimas en mis
ojos. Los hijos también
deben entender que no somos perfectas.
Te
amé lo suficiente, como
para dejar que asumieras la responsabilidad de tus acciones, aunque los
castigos eran tan duros que rompían mi corazón.
Pero
sobre todo, te amé lo
suficiente, como para decirte que "NO" cuando sabía que me ibas
a
odiar por ello.
Esas
fueron las batallas más
difíciles para mí.
Pero
estoy contenta por
haberlas ganado porque, al final, también las ganaste tú.
Y algún día, cuando tus
hijos sean suficientemente grandes para entender la lógica que
motiva a los
padres, tu les dirás: "Te amé lo
suficiente, como para
hacer todo lo que
hice por ti".
TU
AMIGO,
JESÚS
¿COMO
ESTAS? Tenia que
mandarte esta nota para decirte lo mucho que me importas. Ayer te vi
cuando
caminabas y hablabas con tus amigos. Yo esperé todo el
día
deseando que tu
quisieras también hablar conmigo.
Conforme
avanzaba el
día te di una puesta de sol para cerrar tu día, te
di brisa suave y fresca para descansarte, esperé, pero siempre
te amo
porque
soy tu amigo, te vi quedarte dormido anoche y tenia ganas de tocar tu
frente,
así que dejé que un rayo te acariciara tu rostro.
Te
esperé otra vez queriendo
apresurarme para que pudiéramos hablar...tengo tantos regalos
para
ti. Te
levantase esta mañana muy deprisa y no tuviste tiempo de
hablarme, mis
lagrimas estaban en la lluvia y el rocio esta mañana. Hoy
te veo tan triste,
tan solo, me duele en mi corazón verte así, sabes? yo te
comprendo, porque mis
amigos también me desilusionaron, pero yo si te quiero... yo
trato de decírtelo
a través del cielo azul y del pasto verde y de las flores. Te
grito en los ríos
de las montanas y les doy a los pájaros canciones de amor para
cantarte, te
visto con rayos de sol y perfumo el aire con las esencias de la
naturaleza.
Mi amor
por ti es mas
profundo que los mares y más grande que cualquier necesidad que
tengas
en tu
corazón. Oh, si tu supieras cuánto anhelo caminar
contigo...Yo sé
lo dura que es
la vida en la tierra !vaya que si lo sé! y quiero ayudarte,
quiero que
conozcas
a mi padre, El quiere ayudarte también, solamente tienes que
invocar mi nombre
y pedírmelo.
Ya no te molesto más, sé que estás muy ocupado
pero
quiero que, por
favor, no olvides que te amo.
TU
AMIGO, J E S ÚS
ESTOY
SIEMPRE CONTIGO
¿Me
necesitas? Estoy aquí
contigo.
No
puedes verme, sin embargo
soy la Luz que te permite ver.
No
puedes oírme, sin embargo
hablo a través de tu voz.
No
puedes sentirme, sin
embargo soy el poder que trabaja en tus manos.
Estoy
trabajando en ti,
aunque desconozcas mis senderos.
Estoy
trabajando, aunque no
reconozcas mis obras.
No
soy una visión extraña.
No soy un misterio.
Sólo
en silencio absoluto,
más allá del “yo” que aparentas ser, puedes conocerme.
Todavía
estoy aquí contigo.
Todavía te oigo.
Todavía
te contesto.
Aunque
me niegues, estoy
contigo.
En
los momentos en que más
solo crees encontrarte, Yo estoy contigo.
Aún
en tus temores, estoy
contigo.
Aun
en tu dolor, estoy
contigo.
Estoy
contigo cuando oras y
cuando no oras.
Estoy
en ti y tú estás en
Mi.
Sólo
en tu mente puedes
sentirte separado de Mi, pues sólo en tu mente
están
las brumas de “lo
tuyo” y “lo mío”.
Sin
embargo tan solo con tu
mente puedes conocerme y sentirme.
Vacía
tu corazón de temores
ignorantes. Cuando quites el “yo” del medio, estoy contigo.
Tu
sólo no puedes hacer
nada, pero Yo todo lo puedo.
Yo
estoy en todo. Aunque no
puedas ver bien, el bien está allí, pues Yo estoy
allí.
Sólo
en Mi el mundo tiene
significado; sólo de Mi toma el mundo forma.
Sólo por mi el mundo sigue adelante.
Soy
tu paz. Soy uno contigo.
YO SOY.
Aunque tardes en buscarme, Yo nunca dejo de encontrarte.
Aunque
tu fe en Mi es
insegura, mi fe en ti nunca flaquea.
Porque
te conozco,
porque
te amo.
Mi
hijo bienamado, estoy
aquí, contigo.
Y te
espero.
NO
RECIBÍ NADA DE LO QUE PEDÍ
Pedí
a Dios ser fuerte,
a
fin de ejecutar proyectos grandiosos,
y
El me hizo débil,
para
conservarme en la humildad.
Pedí
a Dios que me diese salud,
para
realizar grandes empresas
y
El me dio la enfermedad,
para
comprenderlas mejor.
Pedí
a Dios la riqueza,
para
poseerlo todo,
y
El me dejó pobre,
para
no ser egoísta.
Pedí
a Dios el poder,
para
que los hombres necesitasen de mí,
y
El me dio la humildad
para
que yo necesitase de ellos.
Pedí
a Dios gozar de la vida,
y
El me dio la vida para que pudiese gozar de todo.
Señor,
no recibí nada de lo que pedí,
pero
me diste todo lo que necesitaba.
Y
casi contra mi voluntad,
las
oraciones que no hice fueron escuchadas.
¡Alabado
seas, oh Dios mío!
Entre
todos los hombres nadie tiene más que yo.
Oración
de un atleta estadounidense que, a los 24 años,quedó
paralizado y encontró a Dios en el sufrimiento.
QUIEN
TIENDE LAS MANOS
Quien
tiende las manos, quien da calor,
y
quien no pide nada, sabe de amor.
Quien
cada mañana saluda alegre al sol,
quien
es fuerte, quien vive, sabe de amor.
Quien
no se retira, quien cuida el calor,
quien
no cierra las puertas, sabe de amor.
Quien
siempre espera del otro lo mejor
y
quien nunca se cansa, sabe de amor.
Quien
tiene en su vida sólo una obsesión,
quien
acoge las cargas, sabe de amor.
Quien
tiene escondida su fuerza en una cruz,
es
que ha recibido de Dios la luz.
Quien
fuerte proclama que Dios es Salvador
es
que ha conocido que Dios es Amor.
Una
sonrisa no cuesta nada
Y
produce mucho.
Enriquece
al que la recibe
sin
empobrecer al que la da;
no
dura más que un instante,
pero
su recuerdo en a veces eterno.
Ninguno
es tan rico
que
pueda prescindir de ella,
ninguno
es tan miserable
para
no necesitarla.
Una
sonrisa
creadora
de la felicidad,
es
un sostén en
la familia
Y
en la tarea diaria.
Una
sonrisa
es
el signo de la amistad.
Una
sonrisa
da
reposo en el cansancio,
en
el desaliento renueva
el valor,
es
consolidación en la tristeza.
Una
sonrisa
es
el antídoto natural
en
todas las penas,
pero
es un bien
que
no se puede
comprar,
ni comprometer,
ni
robar...
Porque
solo tiene valor
en
el instante en
que se da.
Si
encontraran
quizá,
que la esperada
sonrisa
no
se les dona,
sean
generosos y
den la suya.
Porque
nadie tiene
tanta
necesidad
de
una sonrisa
como
aquel
que
a los demás
no
sabe darla.
GRATITUD
DE
AMIGO
Por la
amistad que me profesas,
por mis defectos que no notas,
por mis valores que estimulas,
por mi fe que alimentas,
por esta paz que nos transmitimos,
por este pan de amor que repartimos,
por el silencio que dice casi todo,
por esa mirada muda que reprueba,
por esa mirada que dice:
-¡Amigo, vas hacia adelante!,
porque no te callas y no consientes,
por la pureza de estos sentimientos,
por estar presente en todos los momentos,
aun cuando estás
ausente,
por ser feliz cuando me ves contento,
por estar triste cuando estoy entristecido,
por reír conmigo cuando estoy alegre,
por reprenderme cuando estoy equivocado,
por mi secreto que siempre guardaste,
por tu secreto que sólo yo conozco, y
por darme cuenta que apenas lo merezo,
porque en cada instante me acercas a Dios,
por ese amor fraterno tan constante,
por todo esto y mucho más yo te digo:
-Dios te bendiga, mi querido amigo.
A ESO DE CAER Y VOLVER A
LEVANTARTE
A eso de caer y volver a
levantarte.
De fracasar y volver a comenzar.
De seguir un camino y tener que torcerlo.
De encontrar el dolor y tener que afrontarlo.
A eso no le llames adversidad,
Llámale sabiduría.
A eso de sentir la mano de
DIOS
Y saberte impotente.
De fijarte una meta y tener que seguir otra.
De huir de una prueba y tener que encararla.
De planear un vuelo y tener que recortarlo.
De aspirar y no poder, de querer y no saber,
De avanzar y no llegar.
A eso no le llames castigo,
Llámale enseñanza.
A eso de pasar días juntos
radiantes.
Días felices y días tristes.
Días de soledad y días de compañía.
A eso no le llames rutina,
Llámale experiencia.
A eso de que tus ojos miren
Y tus oídos oigan.
Y tu cerebro funcione y tus manos trabajen.
Y tu alma irradie, y tu sensibilidad sienta.
Y tu corazón ame.
A eso no le llames poder humano,
Llámale milagro divino…
EL
PLAN DE DIOS
No te detengas en lo malo
que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a
cambiar.
No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.
No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación,
sino en cada paso
que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas.
No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu
propia vida y trata de
cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es
alcanzarla.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el
futuro llegue a su
tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que "cada día tiene su
propio
afán" (Mt. 6,34)
NO
LLORES SI
ME AMAS
No llores si me amas
¡Si conocieras el don de Dios
y lo que es el cielo!
Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
¡Si por un instante pudieran contemplar,
como yo, la belleza, ante la cual
las bellezas palidecen!
¿Me has amado en el país
de las sombras y no te resignas a verme
en el de las inmutables realidades?
Créeme, cuando llegue el día
que Dios ha fijado,
y tu alma venga a este cielo,
en que te ha precedido la mía,
volverás a ver a este corazón
que siempre te ama, con todas
sus ternuras purificadas,
transfigurado y feliz,
no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo por senderos de luz.
Enjuga tu llanto, no llores si me amas.
San Agustín
PADRE
NUESTRO
TU: Padre Nuestro que estás en
los cielos..
DIOS: Si.. Aquí estoy..
TU: Por favor ... no me interrumpa,
estoy orando!
DIOS: Pero tu me llamaste!..
TU: Que llamé? No llamé a nadie.
Estoy
orando.... Padre Nuestro que estás en los cielos...
DIOS: Ah!!! Eres tu nuevamente.
TU: ¿Cómo?
DIOS: Me llamaste!, Tu dijiste:
Padre nuestro que estás en cielos... Estoy aquí.
¿En que te puedo ayudar?
TU: Pero no quise decir eso. Estoy
orando. Oro el Padrenuestro todos los días, me siento bien
orando así. Es como
cumplir con un deber. Y no me siento bien hasta cumplirlo.
DIOS: Pero como puedes decir Padre
Nuestro, sin pensar que todos son tus Hermanos, ¿Cómo
puedes decir que estás en
los cielos, si no sabes que el cielo es paz, que el cielo es amor a
todos...
TU: Es que.... realmente, no había
pensado en eso.
DIOS: Pero.. prosigue tu oración.
TU: Santificado sea tu nombre...
DIOS: Espera ahí! ¿qué
quieres decir
con eso?
TU: Quiero decir... quiero decir, ... lo que
significa. Como lo voy a saber? Es parte de la
oración. Solo eso!
DIOS: Santificado significa digno de
respeto, Santo, Sagrado.
TU: Ahora lo entiendo. Pero nunca había
pensado en el sentido de la palabra SANTIFICADO. Venga a nosotros tu
reino,
hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo..."
DIOS: Estás hablando en serio?
TU: Claro! ¿Por que no?
DIOS: Y que haces tu para que eso
suceda?
TU: ¿Cómo que hago? Nada!!... Es
que
es parte de la oración, hablando de eso... seria bueno que el
Señor tuviera
control de todo lo que aconteciese en el cielo y en la tierra
también.
DIOS: ¿Tengo control sobre ti?
TU: Bueno... yo voy a la Iglesia!
DIOS: No fue eso lo que te pregunté!
Que tal el modo en que tratas a tus hermanos, la forma en que gastas tu
dinero,
el mucho tiempo que das a la televisión, las propagandas por las
que corres
detrás, y el poco tiempo que me dedicas a Mi?
TU: Por favor, para de criticar!
DIOS: Disculpa. Pensé que estabas
pidiendo para que se haga mi voluntad. Si eso fuera a acontecer..
qué hacer con
aquellos que rezan y aceptan mi voluntad, el frío, el calor, la
lluvia, la
naturaleza, la comunidad....
TU: Es cierto, tienes razón... Nunca
acepto tu voluntad, pues reclamo de todo: Si mandas lluvia, pido sol;
si
mandas sol me quejo del calor, si mandas frio, continuó
pidiendo, pido salud,
pero no cuido de ella.
DIOS: Excelente que reconozcas todo
eso. Vamos a trabajar juntos tu y yo. Vamos a tener victorias y
derrotas. Me
está gustando mucho tu nueva actitud.
TU: Oye Señor, necesito terminar
ahora, esta oración esta tardando mucho más de lo
acostumbrado. Continúo...
"el pan nuestro de cada día danos hoy"...
DIOS: Para ahí! ¿Me estas pidiendo
pan material? No solo de pan vive el hombre sino también de mi
Palabra. Cuando
me pidas el pan, acuérdate de aquellos que no tienen pan. Puedes
pedirme lo
que quieras, deja que me vea como un Padre amoroso! Estoy interesado en
la
ultima parte de tu oración.. continúa...
TU: "Perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden..."
DIOS: y tu hermano despreciado?
TU: Ves? Oye Señor, él me
criticó
muchas veces y no era verdad lo que decía. Ahora no consigo
perdonarlo.
Necesito vengarme.
DIOS: Pero.. y tu oración? ¿que
quieres decir con tu oración? Tu me llamaste y estoy
aquí, quiero que salgas de
aquí transformado, me gusta que seas honesto. Pero no es bueno
cargar con el
peso de la ira dentro tuyo¿Entiendes?
TU: Entiendo que me sentiría mejor
si me vengara.
DIOS: No! Te vas a sentir peor. La
venganza no es buena como parece. Piensa en la tristeza que me
causarías,
piensa en tu tristeza ahora. Yo puedo cambiar todo para ti. Basta que
tu
quieras.
TU: Puedes? ¿Pero como?
DIOS: Perdona a tu hermano, y te
perdonaré a ti y te aliviaré.
TU: Pero Señor.. no puedo perdonarlo.
DIOS: Entonces no me pidas perdón
tampoco!
TU: Estás acertado! Pero solo
quería
vengarme, quiero la paz Señor. Está bien, está
bien: perdono a todos, pero
ayúdame Señor!.... Muéstrame el camino a seguir.
DIOS: Esto que pides es maravilloso,
estoy muy feliz contigo. Y tu... Cómo te estás sintiendo?
TU: ¡Bien, muy bien! A decir verdad,
nunca me había sentido así. Es muy bueno hablar con Dios.
DIOS: Ahora terminemos la oración..
prosigue...
TU: "No nos dejes caer en la
tentación y líbranos del mal..."
DIOS: Excelente, voy a hacer
justamente eso, pero no te pongas en situaciones donde puedas ser
tentado.
TU: y ahora.. ¿que quieres decir con
eso?
DIOS: Deja de andar en compañía de
personas que te llevan a participar de cosas sucias, secretos. Abandona
la
maldad, el odio. Todo eso te lleva al camino errado. No uses todo eso
como
salida de emergencia.
TU: no te entiendo!
DIOS: Claro que entiendes!... Has
hecho conmigo eso varias veces. Vas por el camino equivocado y luego
corres a
pedirme socorro.
TU: Tengo mucha vergüenza, perdóname
Señor.
DIOS: Claro que te perdono! Siempre
perdono a quien esta dispuesto a perdonar también.... Pero
cuando me vuelvas a
llamar acuérdate de nuestra conversación, medita cada
palabra que dices.
Termina tu oración.
TU: Terminar? Ah, si,
"AMEN!"
DIOS: y que quiere decir..
"Amen"?
TU: No lo sé. Es el final de la
oración.
DIOS: Debes decir AMEN cuando
aceptas todo lo que quiero, cuando concuerdas con mi voluntad, cuando
sigues
mis mandamientos, porque AMEN quiere decir ASÍ SEA , estoy de
acuerdo con todo
lo que recé.
TU: Señor, gracias por enseñarme
esta oración, y ahora gracias también por
hacérmela entender.
DIOS: Yo amo a todos mis hijos, pero
amo más a aquellos que quieren salir del error, a aquellos que
quieren
ser
libres del pecado. Te bendigo y permanece en mi paz!
TU: Gracias Señor!. Estoy muy feliz
de saber que eres mi amigo.
AFÉRRATE
Aférrate
a la fe porque es la fuente de la creencia de que todo es posible. Es
la fibra
y es la fortaleza de un alma confiada.
Aférrate
a la esperanza porque destierra la duda y da lugar a actitudes
positivas y
alegres.
Aférrate
a la confianza porque se encuentra en el corazón de las
relaciones fructíferas
que son seguras y satisfechas.
Aférrate
al amor porque es el don más preciado de la vida, porque es
generoso, se
preocupa y da significado a la vida.
Aférrate
a la familia y a los amigos porque son las personas más
importantes en tu vida
y porque hacen del mundo un lugar mejor. Ellos son la vida que ha
crecido con
el tiempo para ayudarte a seguir tu camino y permanecer siempre cerca
de ti.
Aférrate
a todo lo que eres y a todo lo que has aprendido, porque esto es lo que
te
convierte en un ser singular. No menosprecies lo que sientes y lo que
crees que
es bueno e importante, tu corazón te habla con más fuerza
que tu mente.
Aférrate
a tus sueños, alcánzalos de manera diligente y honrada.
No tomes nunca el
camino fácil ni te rindas ante el engaño.
Recuerda
a otros en tu camino y dedica tiempo para atender sus necesidades.
Disfruta de
la belleza que te rodea. Ten valor para ver las cosas de manera
diferente y más
clara.
Haz
del mundo un lugar mejor día a día y no te olvides de las
cosas importantes que
dan significado a tu vida.
CAMBIAR
YO PARA QUE
CAMBIE EL MUNDO
El
sufi Bayazid dice acerca de sí mismo:
"De
joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en
decir a Dios: 'Señor, dame fuerzas para cambiar el
mundo'."
"A
medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de
que me había pasado
media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé
mi oración y
comencé a decir: 'Señor, dame la gracia
de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo
sea a mi
familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho'."
"Ahora,
que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a
comprender lo
estúpido que yo he sido. Mi única oración es la
siguiente: 'Señor, dame la gracia de cambiarme a
mí mismo'. Si yo hubiera
orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi
vida."
LA
MIRADA DE JESÚS
"Le dijo Pedro:
"¡Hombre, no sé de que me hablas!" Y en aquel momento,
estando aún
hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y
miró a Pedro... Y Pedro,
saliendo fuera, rompió a llorar amargamente."
Yo he tenido unas relaciones
bastante buenas con el Señor. Le pedía cosas, conversaba
con Él, cantaba sus
alabanzas, le daba gracias... Pero siempre tuve la incómoda
sensación de que Él
deseaba que le mirara a los ojos..., cosa que yo no hacía. Yo le
hablaba, pero
desviaba mi mirada cuando sentía que Él me miraba.
Yo miraba siempre a otra
parte. Y sabía por qué: tenía miedo. Pensaba que
en sus ojos iba a encontrar
una mirada de reproche. Pensaba que en sus ojos iba a descubrir una
exigencia;
que había algo que Él deseaba de mí.
Al fin, un día, reuní el
suficiente valor y miré. No había en sus ojos reproche ni
exigencia. Sus ojos
se limitaban a decir: "TE QUIERO". Me quedé mirando fijamente
durante
un largo tiempo y allí seguía el mismo mensaje: "TE
QUIERO".
Y, al igual que Pedro, salí
fuera y lloré.
SE
BUSCA UN
SANTO
Perdóname,
Señor, que venga a molestarte, pero se me acaba de ocurrir una
idea:
Dicen
que tienes necesidad de un Santo y pienso que tal vez podría
servirte
yo...
Vengo,
pues, a ofrecerme para tal empleo; creo que podría cumplir bien
esa
ocupación.
A
pesar de lo que digan, el mundo está lleno de personas perfectas.
Hay
muchos que te ofrecen tantos sacrificios que, para que no te
equivoques
al contarlos, los marcan con pequeñas cruces en un
cuadernillo.
A mí, la verdad, no me gustan los sacrificios, me fastidian
enormemente...
Lo
que te he dado, Señor, tú sabes bien que lo has cogido
tú mismo sin
pedirme
permiso y, lo más que yo he hecho, ha sido no protestar...
Hay
también otros que se corrigen de un defecto por semana y
¡claro!
Serán
forzosamente perfectos al cabo de un trimestre.
Pero
yo no tengo suficiente confianza en mí para hacer eso,
¿quién sabe
si
perseveraré al cabo de la primera semana?
¡Soy
tan impulsivo, Dios mío!
Por
eso, prefiero quedarme con mis defectos, aunque usándolos lo
menos posible...
Las
personas perfectas tienen tantas cualidades, que no hay sitio en su
alma para
otra cosa y por lo tanto nunca llegaran a ser Santos.
Además,
tampoco tienen ganas de serlo por miedo a faltar a la humildad.
Pero
un Santo, Señor, yo creo que es ser un vaso vacío, que
tú llenarás de tu
gracia, con el amor que desborda tu Corazón, con la santidad de
los Tres...
Mira,
Señor, que yo soy eso: un vaso vacío, sin nada;
sólo hay un poco de fango
estancado en el fondo y no está muy limpio, ya lo sé...
Pero
seguro que ahí arriba tú tienes algún detergente
celestial!
y
además, ¿para qué serviría el Agua de tu
Costado sino para lavarlo antes de
usarlo?
Pero
si tampoco tú quieres de mí, Señor, no
insistiré...
Piensa,
sin embargo, en mi propuesta, que va en serio.
Cuando
vayas a tu bodega a sacar el vino de tu amor, acuérdate que, en
cierto lugar de
la tierra, tienes un pequeño vaso a tu disposición.
WANTED!
ALIAS:
EL
MESÍAS, EL HIJO DE DIOS, EL PRÍNCIPE DE LA PAZ...
Notable
líder de un movimiento de liberación.
Se
le busca por estas razones:
-
Practica la medicina, fabrica vino y distribuye alimentos sin licencia.
-
Se entromete en los asuntos públicos, alborota al pueblo y
atenta contra la libertad
de los comerciantes.
-
Se arroga autoridad para hacer de la gente hijos de Dios.
Apariencia:
Cabellos largos, barba, túnica y sandalias.
Merodea
por los barrios bajos, tiene pocos amigos ricos y con frecuencia se
esconde en
el desierto.
Tiene
un grupo de seguidores a quienes llaman apóstoles.
Atención:
Este hombre es extremadamente peligroso. Su insidioso e inflamador
mensaje es
particularmente incitador para la gente joven: una vez conocido,
difícilmente
se olvida. Transforma a los hombres y exige para ellos la libertad.
Este
vagabundo constituye un peligro público.
AVISO: ESTÁ
TODAVÍA EN LIBERTAD
LA SILLA
La hija de un hombre le pidió al sacerdote
que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba
muy enfermo.
Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo,
encontró a este hombre
en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había
una silla al
lado de su cama, por lo que el sacerdote asumió que el hombre
sabía que vendría
a verlo.
- "Supongo
que me estaba esperando", le dijo.
- "No,
¿quién es usted?", dijo el hombre.
- "Soy el
sacerdote que su hija llamó para que orase con
usted. Cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que
usted sabía que
yo iba a venir a verlo".
- "Oh
sí, la silla", dijo el hombre enfermo.
"¿Le importa cerrar la puerta?".
El sacerdote, sorprendido, la cerró.
"Nunca le he dicho esto a nadie, pero... toda mi vida la he pasado sin
saber cómo orar. Cuando he estado en la iglesia he escuchado
siempre al
respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que
trae, etc., pero
siempre esto de las oraciones me entró por un oído y
salió por el otro, pues no
tengo idea de cómo hacerlo. Por ello hace mucho tiempo
abandoné por
completo la oración. Esto ha sido así en mí hasta
hace unos cuatro años, cuando
conversando con mi mejor amigo me dijo: "José, esto de la
oración es
simplemente tener una conversación con Jesús. Así
es como te sugiero que lo
hagas... Te sientas en una silla y colocas otra silla vacía
enfrente tuyo,
luego con fe mira a Jesús sentado delante tuyo. No es algo
alocado el hacerlo,
pues Él nos dijo 'Yo estaré siempre con vosotros'. Por lo
tanto, le hablas y lo
escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo
ahora mismo".
José continuó hablando: "Es así
que lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo
unas dos horas
diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a
ver mi
hija, pues me internaría de inmediato en la casa de los locos".
El sacerdote sintió una gran emoción al
escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que
había estado haciendo y
que no cesara de hacerlo, luego hizo una oración con él,
le extendió una
bendición, los santos óleos y se fue a su parroquia.
Dos días después, la hija de José llamó al
sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El
sacerdote le preguntó:
"¿Falleció en paz?". "Sí", respondió
la hija.
"Cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me
llamó y fui a
verlo a su cama. Me dijo lo mucho que me quería y me dio
un beso. Cuando
regresé de hacer compras una hora más tarde ya lo
encontré muerto. Pero hay
algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente justo
antes de morir
se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y
recostó su cabeza en ella,
pues así lo encontré. ¿Qué cree usted
que pueda significar esto?".
El sacerdote se secó las lágrimas de
emoción y le respondió: "Ojalá que todos nos
pudiésemos ir de esa
manera".
EL
HILO PRIMORDIAL
Agosto estaba
terminando tibio. Había llovido en la ultima semana y, con el
llanto de las
nubes, el cielo se había despejado. Cuando se acerca septiembre,
suele suceder
que el viento de tierra adentro sopla suavemente y a la vez que va
entibiando
su aliento, logra devolver al cielo todo su azul y su luminosidad.
Y aquella
tarde, pasaje entre agosto y septiembre, el cielo azul se vio poblado
por las
finas telitas voladoras que los niños llaman Babas del
Diablo. De dónde
venían? Para dónde iban? Pienso que venían del
territorio de los cuentos, y
avanzaban hacia la tierra de los hombres.
En una de
esas telitas, finas y misteriosas como todo nacimiento, venia navegando
una
arañita. Pequeña: puro futuro e instinto. Volando tan
alto, la arañita veía
allá muy abajo los campos verdes recién sembrados y
dispuestos en praderas.
Todo parecía casi ilusión o ensueño para imaginar.
Nada era preciso. Todo
permitía adivinar más que conocer.
Pero poco a
poco la nave del animalito fue descendiendo hacia la tierra de los
hombres. Se
fueron haciendo más claras las cosas y más chico el
horizonte. Las casas eran
ya casi casas, y los árboles frutales podían distinguirse
por lo floridos, de
los otros que eran frondosos.
Cuando la
tela flotante llegó en su descenso a rozar la altura de los
árboles grandes,
nuestro animalito se sobresaltó. Porque la enorme mole de los
eucaliptos
comenzó a pesar misteriosa y amenazadoramente a su lado como
grises témpanos de
un mar desconocido.
Y de
repente: Tras! Un sacudón conmovió el vuelo y lo detuvo.
Qué había pasado?
Simplemente
que la nave había encallado en la rama de un
árbol y el oleaje del viento la hacia flamear fija en el mismo
sitio.
Pasado el
primer susto, la arañita, no sé si por instinto o por una
orden misteriosa y ancestral,
comenzó a correr por la tela hasta pararse finalmente en el
tronco en que
había encallado su nave. Y desde allí se largó en
vertical buscando la tierra.
Su aterrizaje no fue una caída, fue un descenso. Porque un hilo
fino pero muy
resistente, la acompañó en su trayecto y la mantuvo unida
a su punto de
partida. Y por ese hilo volvió luego a subir hasta su punto de
desembarco.
Ya era de noche. Y como era pequeña y la
tierra le daba miedo, se quedó a dormir en la altura.
Por la mañana
volvió a repetir su descenso, que esta vez fue para ponerse a
construir una
pequeña tela que le sirviera en su deseo de atrapar bichitos.
Porque la arañita
sintió hambre. Hambre y sed.
Su primera
emoción fue grande al sentir que un insecto más
pequeño que ella había quedado prendido en su
tela-trampa. Lo envolvió y lo
succionó. Luego, como ya era tarde, volvió a trepar por
el hilito primordial, a
fin de pasar la noche reencontrándose consigo misma allá
en su punto de
desembarco.
Y esto se
repitió cada mañana y cada noche. Aunque cada día
la tela era más grande, más
sólida y más capaz de atrapar bichos mayores. Y siempre
que añadía un nuevo
círculo a su tela, se veía obligada a utilizar aquel fino
hilo primordial a fin
de mantenerla tensa, agarrando de él los hilos cuyas otras
puntas eran fijadas
en ramas, troncos o yuyos que tironeaban para abajo. El hilo ese era el
único
que tironeaba para arriba. Y por ello lograba mantener tensa toda la
estructura
de la tela.
Por
supuesto, la arañita no filosofaba demasiado sobre estructuras,
tironeos o
tensiones. Simplemente obraba con inteligencia y obedecía a la
lógica de la
vida de su estirpe tejedora. Y cada noche trepaba por el hilo inicial a
fin de
reencontrarse con su punto de partida.
Pero un día
atrapó un bicho de marca mayor. Fue un banquetazo. Luego de
succionarlo (que es
algo así como vaciar para apropiarse) se sintió contenta
y agotada. Esa noche
se dijo que no subiría por el hilo. O no se lo dijo. Simplemente
no subió. Y la
mañana siguiente vio con sorpresa que por no haber subido,
tampoco se veía
obligada a descender. Y esto le hizo decidir no tomarse el trabajo del
crepúsculo y del amanecer, a fin de dedicar sus fuerzas a la
caza y succión de
presas que cada día preveía mayores.
Y así, poco
a poco fue olvidándose de su origen, y dejando de recorrer aquel
hilito fino y
primordial que la unía a su infancia viajera y soñadora.
Sólo se preocupaba por
los hilos útiles que había que reparar o tejer cada
día, debido a que la caza
mayor tenía exigencias agotadoras.
Así amaneció
el día fatal. Era una mañana de verano pleno. Se
despertó con el sol naciente.
La luz rasante irisaba de perlas el rocío cristalizado en gotas
en su tela. Y
en el centro de su tela radiante, la araña adulta se
sintió el centro del
mundo. Y comenzó a filosofar. Satisfecha de sí misma,
quiso darse a sí misma la
razón de todo lo que existía a su alrededor. Ella no
sabia que de tanto mirar
lo cercano, se había vuelto miope. De tanto preocuparse por lo
inmediato y
urgente, terminó por olvidar que más allá de ella
y del radio de su tela, aun
quedaba mucho mundo con existencia y realidad. Podría al menos
haberlo intuido
del hecho de que todas sus presas venían del más
allá. Pero también había
perdido la capacidad de intuición. Diría que a ella no le
interesaba el mundo
del más allá; solo le interesaba lo que del más
allá llegaba hasta ella y nada
más, salvo quizá por su tela cazadora.
Y mirando su
tela, comenzó a encontrarle una finalidad a cada hilo.
Sabía de
donde partían y hacia donde se dirigían. Donde se
enganchaban y para que
servían.
Hasta que
se topó con ese bendito hilo primordial. Intrigada
trató de recordar cuando lo había tejido. Y ya no
logró recordarlo. Porque a
esa altura de la vida los recuerdos, para poder durarle, tenían
que estar
ligados a alguna presa conquistada. Su memoria era eminentemente
utilitarista.
Y ese hilo no había apresado nada en todos aquellos meses.
Se preguntó
entonces a donde conduciría. Y tampoco logró darse una
respuesta apropiada.
Esto le dio rabia. Caramba! Ella era una araña
práctica, científica y
técnica. Que no le vinieran ya con poemas infantiles de vuelos
en atardeceres
tibios de primavera. O ese hilo servía para algo, o había
que eliminarlo.
Faltaba más, que hubiera que ocuparse de cosas inútiles a
una altura de la vida
en que eran tan exigentes las tareas de crecimiento y subsistencia!
Y le dio
tanta rabia el no verle sentido al hilo primordial, que
tomándolo entre las
pinzas de sus mandíbulas, lo seccionó de un solo golpe.
Nunca lo
hubiera hecho! Al perder su punto de tensión hacia arriba, la
tela se cerró
como una trampa fatal sobre la araña. Cada cosa recuperó
su fuerza
disgregadora, y el golpe que azotó a la araña contra el
duro suelo, fue
terrible. Tan tremendo que la pobre perdió el conocimiento y
quedó desmayada
sobre la tierra, que esta vez la recibía mortíferamente.
Cuando
empezó a recuperar su conciencia, el sol ya se acercaba a su
cenit. La tela
pringosa, al resecarse sobre su cuerpo magullado, la iba estrangulando
sin
compasión y las osamentas de sus presas le trituraban el pecho
en un abrazo
angustioso y asesino.
Pronto entró
en las tinieblas, sin comprender siquiera que se había suicidado
al cortar
aquel hilo primordial por el que había tenido su primer contacto
con la tierra
madre, que ahora seria su tumba.
Conozco
realmente cual es el hilo primordial de mi vida?
Lo cuido o
lo olvido constantemente?
Desearía
encontrarlo? Dónde creo que lo podré encontrar?
Y la
oración? Cómo anda mi diálogo con Dios?
Me preocupo
por mirar más allá de mi realidad terrena?
Todos los
días al mediodía, un pobre anciano entraba en la iglesia
del pueblo y pocos
minutos después salía. Un día el sacerdote del
lugar le preguntó lo que venía a
hacer (pues existían muchos objetos de valor en la parroquia).
- Vengo a
rezar, respondió el anciano.
- Pero es
muy raro, le dijo el sacerdote, que usted consiga rezar tan
rápido.
- Bien, respondió el anciano, yo no sé
recitar aquellas oraciones largas, pero todos los días al
mediodía, entro en la
iglesia y solamente digo "HOLA JESUS, SOY JUAN". En un minuto ya
estoy de salida.
Es
solamente una pequeña oracioncita, pero tengo la plena
seguridad que El me escucha.
Algunos días
después, Juan sufrió un accidente y fue internado en el
hospital. En la
habitación de la enfermería, pasó a ejercer una
gran influencia sobre todos.
Los enfermos más tristes se volvieron alegres y
muchas risas comenzaron a ser oídas.
Le dijo un
día la religiosa que lo atendía:
- Los otros
enfermos dicen que fue usted quien cambió todo por aquí.
Ellos dicen que usted
está siempre alegre...
- Es verdad,
estoy siempre alegre. Es por causa de aquella visita que recibo todos
los días.
Me deja muy feliz!!!.
La religiosa
se quedó sorprendida. Ya se había dado cuenta que la
silla al lado de la cama
de Juan estaba siempre vacía. Juan era un anciano, sin nadie.
Qué visita?, A
qué hora?
- Todos los
días al mediodía, respondió Juan con un brillo
especial en los ojos. El viene,
se queda al lado de mi cama y cuando lo miro, el sonríe y me
dice: "HOLA
JUAN, SOY JESUS"
Queremos
que
nuestra vida cambie? Queremos hacer la diferencia?
Si
deseas estas cosas, debes hacerte una simple pregunta...
¿Recibes
tú la misma visita que Juan?.
Tal
vez ahí esté la respuesta a tus preguntas...
SABER ORAR
Cuentan
que un humilde zapatero tenía la costumbre de hacer siempre sus
oraciones en la
mañana, al mediodía y en la tarde. Se servía de un
libro de plegarias porque no
se sentía capaz de dirigirse al Creador con sus pobres palabras.
Un
día, se sintió muy mal porque, estando de viaje,
olvidó su
libro. Nuestro buen zapatero le dijo entonces a Dios:
"Perdóname, Dios
mío, porque necesito orar y no sé cómo. Ahora
bien, ya que Tú eres un Padre de
amor voy a recitar varias veces el alfabeto desde la a hasta la z, y
Tú que
eres sabio y bueno podrás juntar las letras y sabrás
qué es lo que yo te quiero
decir". Cuenta la historia que ese día Dios reunió a sus
ángeles en el
cielo y les dijo conmovido que esa era la más sincera y la
más bella de las
oraciones que le habían hecho en mucho tiempo.
Una
oración con las cualidades de la plegaria que hace
milagros, cierra heridas, ilumina, fortalece y acerca los corazones, es
decir,
una plegaria humilde, confiada, sincera y amorosa. ¡Cuánta
necesidad tenemos de
estas oraciones! Todos debemos aprender a orar con el corazón, a
alabar, a
bendecir, a perdonar, a agradecer. Y, claro, a tener bien presente que
la
oración se ve en la acción, en los buenos frutos y en un
compromiso por la
justicia y por la paz. En efecto, actuar sin orar es desgastarse y orar
sin
actuar es engañarse. Por eso comparto con ustedes este
comentario al Padre
Nuestro, esperando deje valiosas inquietudes en su espíritu:
Di Padre,
si cada día te portas como hijo y tratas a los
demás como hermanos.
Di Nuestro,
si no te aíslas con tu egoísmo.
Di que
estás en los cielos, cuando seas espiritual y no
pienses sólo en lo material.
Di
santificado sea tu Nombre, si amas a Dios con todo el
corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas.
Di venga a
nosotros tu Reino, si de verdad Dios es tu rey y
trabajas para que Él reine en todas partes.
Di
hágase Tu voluntad, si la aceptas y no quieres que sólo
se
haga la tuya.
Di danos
hoy nuestro pan, si sabes compartir con los pobres y
con los que sufren.
Di perdona
nuestras ofensas, si quieres cambiar y perdonar de
corazón.
Di no nos
dejes caer en tentación, si de verdad estás
decidido a alejarte del mal
Di
líbranos del mal, si tu compromiso es por el bien.
Y di
Amén si tomas en serio las palabras de esta oración.
EL RELOJERO
De esto
hace mucho tiempo. Época en la que todavía todo
oficio era un arte y una herencia. El hijo aprendía de su padre,
lo que éste
había sabido por su abuelo. El trabajo heredado terminaba por
dar un apellido a
la familia. Existían así los Herrero, los Barrero, la
familia de Tejedor,
etcétera.
Bueno, en
aquella época y en un pueblito perdido en la
montaña, pasaba más o menos lo mismo que sucedía
en todas las otras
poblaciones. Las necesidades de la gente eran satisfechas por las
diferentes
familias que con sus oficios heredados se preocupaban de solucionar
todos los
problemas. Cada día, el aguador con su familia traía
desde el río cercano toda
el agua que el pueblito necesitaba. El cantero hacía lo mismo
con respecto a
las piedras y lajas necesarias para la construcción o
reparación de las
viviendas. El panadero se ocupaba con los suyos de amasar la harina y
hornear
el pan que se consumiría. Y así pasaba con el carnicero,
el zapatero, el
relojero. Cada uno se sentía útil y necesario al aportar
lo suyo a las
necesidades comunes. Nadie se sentía más que los otros,
porque todos eran
necesarios.
Pero un
día algo vino a turbar la tranquila vida de los pobladores
de aquella aldea perdida en la montaña. En un amanecer se
sintió a lo lejos el
clarín del heraldo que hacía de postillón o
correo. El retumbo de los cascos de
caballo se fue acercando y finalmente se lo vio doblar la calle que
daba
entrada al pueblito: un caballo sudoroso que fue frenado justo delante
de la
puerta de la casa del relojero. El heraldo le entregó un grueso
sobre que traía
noticias de la capital. Toda la gente se mantuvo a la expectativa a la
puerta
de sus casas a fin de conocer la importante noticia que seguramente se
sabría
de un momento al otro.
Y
así fue efectivamente. Pronto corrió por todo el pueblo
la
voz de que desde la capital lo llamaban al relojero para que se hiciera
cargo
de una enorme herencia que un pariente le había legado. Toda la
población quedó
consternada. El pueblito se quedaría sin relojero. Todos se
sintieron turbados
frente a la idea de que desde aquel día, algo faltaría al
irse quien se ocupaba
de atender los relojes con los que podían conocer la hora exacta.
Al
día siguiente una pesada carreta cargada con todas las
pertenencias de la familia, cruzaba lentamente el poblado,
alejándose quizás
para siempre rumbo a la ciudad capital. En ella se marchaba el relojero
con
toda su gente: el viejo abuelo y los hijos pequeños. Nadie
quedaba en el lugar
que pudiera entender de relojes.
La gente se
sintió huérfana, y comenzó a mirar ansiosamente y
a cada rato el reloj de la torre de la Iglesia. Otro tanto hacía
cada uno con
su propio reloj de bolsillo. Con el pasar de los días el
sentimiento comenzó a
cambiar. El relojero se había ido y nada había cambiado.
Todo seguía en plena
normalidad. El aparato de la torre y los de cada uno seguía
rítmicamente
funcionando y dando la hora sin contratiempo alguno.
-
¡Caramba!- se decía la gente. Nos hemos asustado de gusto.
Después de todo, el relojero no era una persona indispensable
entre nosotros.
Se ha marchado y todo sigue en orden y bien como cuando él
estaba aquí. Otra
cosa muy distinta hubiera sido sin el panadero. No había
porqué preocuparse.
Bien se podía vivir sin el ausente.
Y los días fueron pasando, haciéndose meses. De pronto a
alguien se le cayó el
reloj, y aunque al sacudirlo comenzó a funcionar, desde ese
día su manera de
señalar la hora ya no era de fiar. Adelantaba o atrasaba sin
motivo aparente.
Fue
inútil sacudirlo o darle cuerda. La cosa no parecía tener
solución. De manera que el propietario del aparato
decidió guardarlo en su
mesita de luz, y bien pronto lo olvidó al ir amontonando sobre
él otras cosas
que también iban a para al mismo lugar de descanso.
Y lo que le
pasó a esta persona, le fue sucediendo más o
menos al resto de los pobladores. En pocos años todos los
relojes, por una
causa o por otra, dejaron de funcionar normalmente, y con ello ya no
fueron de
fiar. Recién entonces se comenzó a notar la ausencia del
relojero. Pero era
inútil lamentarlo. Ya no estaba, y esto sucedía desde
hacía varios años. Por
ello cada uno guardó su reloj en el cajón de la mesa de
luz, y poco a poco lo
fue olvidando y arrinconando.
Digo mal al decir que todos hacían esto. Porque hubo alguien que
obró de una
manera extraña. Su reloj también se descompuso.
Dejó de marcar la hora
correcta, y ya fue poco menos que inútil. Pero esta persona
tenía cariño por
aquel objeto que recibiera de sus antepasados, y que lo
acompañara cada día con
sus exigencias de darle cuerda por la noche, y de marcarle el ritmo de
las
horas durante la jornada. Por ello no lo abandonó al olvido de
las cosas
inútiles. Cierto: no le servía de gran cosa. Pero lo
mismo, cada noche, antes
de acostarse cumplía con el rito de sacar el reloj del
cajón, para darle
fielmente cuerda a fin de que se mantuviera funcionando. Le
corregía la hora
más o menos intuitivamente recordando las últimas
campanadas del reloj de la
iglesia. Luego lo volvía a guardar hasta la noche siguiente en
que repetía
religiosamente el gesto.
Un buen
día, la población fue nuevamente sacudida por una
noticia. ¡Retornaba el relojero! Se armó un enorme
revuelo. Cada uno comenzó a
buscar ansiosamente entre sus cosas olvidadas el reloj abandonado por
inútil a
fin de hacerlo llegar lo antes posible al que podría
arreglárselo. En esta
búsqueda aparecieron cartas no contestadas, facturas no pagadas,
junto al reloj
ya medio oxidado.
Fue
inútil. Los viejos engranajes tanto tiempo olvidados,
estaban trabados por el óxido y el aceite endurecido. Apenas
puestos en
funcionamiento, comenzaron a descomponerse nuevamente: a uno se le
quebraba la
cuerda, a otro se le rompía un eje, al de más allá
se le partía un engranaje. No
había compostura posible para objetos tanto tiempo detenidos. Se
habían
definitiva e irremediablemente deteriorado.
Solamente
uno de los relojes pudo ser reparado con relativa
facilidad. El que se había mantenido en funcionamiento aunque no
marcara
correctamente la hora. La fidelidad de su dueño que cada noche
le diera cuerda,
había mantenido su maquinaria lubricada y en buen estado.
Bastó con enderezarle
el eje torcido y colocar sus piezas en la posición debida, y
todo volvió a
andar como en sus mejores tiempos.
La
fidelidad a un cariño había hecho superar la utilidad, y
había mantenido la realidad en espera de tiempos mejores. Ello
había
posibilitado la recuperación.
La
oración pertenece a este tipo de realidades. Tiene mucho
de herencia, poco de utilidad a corta distancia, necesidad de fidelidad
constante, y capacidad de recuperación plena cuando regrese el
relojero.
CUÁNTO
PESA UNA ORACIÓN
Louisse
Redden, una dama pobremente vestida con el fracaso reflejado en su
mirada,
entró a una tienda de comida. Se le acercó al
dueño de la tienda de la manera
mas humilde y le preguntó si le podría dar crédito
para ella poder comprar
alimentos. Con suavidad le explicó que su esposo estaba muy
enfermo y no podía
trabajar, que tenían siete niños y que necesitaban comida.
John
Longhouse, el dueño, la puso en ridículo y le pido que
se marchara de la tienda. Ella apremiada por la situación de su
familia, le
dijo: 'Por favor, Señor!' Yo le traeré el dinero tan
pronto pueda.
John le
dijo que no le podía dar crédito, ya que ella no
tenia una cuenta abierta en su tienda. Parado junto al mostrador estaba
un
cliente que había escuchado la conversación entre los
dos. El cliente se acercó
y le dijo al dueño que él respondería por las
cosas que ella necesitaba para su
familia.
El
dueño le dijo resueltamente, "¿Tiene usted una lista
de lo que necesita?". Louise le respondió: "Si señor",
"OK" dijo él, "ponga su lista sobre la balanza y la cantidad que
su lista pese se la daré en alimentos". Louise vaciló un
momento
cabizbaja, entonces entró la mano en su bolsa, sacó un
pedazo de papel y
escribió algo en él. Con su mirada todavía en el
suelo ella puso cuidadosamente
el pedazo de papel en la balanza.
Los ojos
del dueño y del cliente mostraron sorpresa cuando la
balanza bajó por completo y se quedó abajo. El
dueño mirando la balanza se
volvió al cliente y dijo: "No lo puedo creer!"
El cliente
sonrió y el dueño empezó a poner en una bolsa los
alimentos al otro lado de la balanza. El otro lado de la balanza no se
movió
así que él continuó poniendo más y
más alimentos hasta que la balanza no pudo
más.
El
dueño se quedó parado completamente disgustado.
Finalmente, cogió el pedazo de papel de la balanza y lo
leyó con gran asombro.
No era una lista de alimentos, era una oración que decía:
"Querido
Señor, tu sabes mis necesidades y yo dejo esto
en tus manos." El dueño le dio los alimentos que había
puesto en la bolsa
sobre la balanza y se quedó parado en un silencio asombroso.
Louise le
agradeció y se fue de la tienda. El cliente le
tendió un billete de $50 dólares a John
diciéndole: "Cada centavo gastado
valió la pena." No fue sino hasta un tiempo después que
John Longhouse
descubrió que la escala había estado rota; por lo tanto,
sólo Dios sabe cuánto
pesa una oración.
¿TIENES
TIEMPO?
Una vez un
hombre se levantó por la mañana, pero como era tarde no
encontró tiempo para
agradecer a Dios por la mañana, y dijo que lo haría en el
coche, pero sonó su
móvil, había un gran atasco y además iba
desayunando, por lo
que tampoco encontró tiempo para agradecer en el coche y
pensó en hacerlo al
llegar a la oficina.
Llegó a su
oficina pero entre las juntas, las llamadas, los e-mails y los
compromisos no
encontró el tiempo para agradecer y pensó hacerlo en el
almuerzo. A esa hora unos
compañeros le invitaron a almorzar fuera y pensó en
hacerlo cuando volviera,
pero recordó que tenía una junta toda la tarde y parte de
la noche.
Al llegar
estuvo tan cansado que cayó rendido en su cama y pensó en
agradecer la mañana
siguiente, la cual no llegó pues tuvo un paro cardíaco
durante la noche.
Este hombre llegó al cielo a
pedir que lo dejaran entrar pero un ángel que custodiaba la
puerta lo buscó en
el libro de la vida y le dijo: "Lo siento pero no puedes entrar, es que
hemos estado muy ocupados y no hemos tenido tiempo de inscribirte.
EL
ALPINISTA
Cuentan que un alpinista, desesperado por
conquistar el Aconcagua inició su travesía después
de años de preparación, pero
quería la gloria para él solo, por lo tanto subió
sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde,
y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que
decidió seguir subiendo
decidido a llegar a la cima, le oscureció.
La noche cayó con gran pesadez en la
altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente
nada. Todo era negro,
cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban
cubiertas por las
nubes.
Subiendo por un acantilado, a sólo 100
metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los
aires... caía a una
velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces
manchas más oscuras que
pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser
succionado por la
gravedad.
Seguía cayendo... y en esos angustiantes
momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos
momentos de
la vida, él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente
sintió un tirón
muy fuerte que casi lo parte en dos... Sí, como todo alpinista
experimentado,
había clavado estacas de seguridad con candados a una
larguísima soga que lo
amarraba de la cintura.
En esos momentos de quietud, suspendido
por los aires, no le quedo más que gritar:
"AYUDAME DIOS MIO..."
De repente una voz grave y profunda de los
cielos le contestó:
"QUE QUIERES QUE HAGA?"
"Sálvame Dios mío "
"REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?
"
"Por supuesto Señor "
"ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE
SOSTIENE..."
Hubo un momento de silencio y quietud. El
hombre se aferró más a la cuerda y decidió no
cortarla.
Cuenta el equipo de rescate que al otro
día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto,
agarrado con fuerza a una cuerda... A DOS METROS DEL SUELO...
... Y tú ?... Tan confiado estás de tu
cuerda?
... Por
qué no la
sueltas ?
EL ACUSADO
Cuenta una antigua leyenda, que
en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de
haber
asesinado a una mujer.
En realidad, el verdadero autor
era una persona muy influyente de reino, y por eso, desde el primer
momento se
procuró un "chivo expiatorio", para encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a juicio
ya conociendo que tendría escasas o nulas posibilidades de
escapar al
terrible
veredicto: ¡¡ La horca !! El Juez, también
complotado, cuidó, no obstante, de
dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado:
"Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a
dejar en
manos de El tu destino: Vamos a escribir en dos papeles separados las
palabras
"culpable" e "inocente".
Tú escogerás y será la
mano de
Dios la que decida tu destino. Por supuesto, el mal funcionario
había preparado
dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE", y la pobre
víctima,
aun sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto
era una
trampa.
No había escapatoria. El Juez
conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.
Éste respiró
profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los
ojos cerrados
elevando una ungida oración, y cuando la sala comenzaba ya a
impacientarse,
abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno
de los papeles y llevándolo
a su boca lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados los
presentes le reprocharon airadamente... "Pero, que hizo...!!, y
¿ahora...?
¿Cómo vamos a saber el veredicto...?!
"Es muy sencillo,
respondió el hombre...." Es cuestión de leer el papel que
queda, y
sabremos lo que decía el que me tragué..."
Con
rezongos y
bronca mal disimulada, debieron
liberar al acusado salvando la vida milagrosamente.
EL
EQUILIBRISTA
En Nueva York se han construido dos
rascacielos impresionantemente altos, a treinta metros de distancia uno
del
otro. Un famoso equilibrista tendió una cuerda en lo más
alto de estos
edificios gemelos con el fin de pasar caminando sobre ella. Antes dijo
a la
multitud expectante:
-"Me subiré y cruzaré sobre la
cuerda, pero necesito que ustedes crean en mí y tengan confianza
en que lo voy
a lograr"...
- Claro que sí, respondieron todos al
mismo tiempo.
Subió por el ascensor y ayudándose de una
vara de equilibrio comenzó a atravesar de un edificio a otro
sobre la cuerda
floja.
Habiendo logrado la hazaña bajó y dijo a
la multitud que le aplaudía emocionada.
-" Ahora voy a pasar por segunda
ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por tanto, más que
antes, necesito su
confianza y su fe en mí".
El equilibrista subió por el ascensor y
luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio hasta el otro.
La gente estaba
muda de asombro y aplaudía.
Entonces el equilibrista bajó y en medio
de las ovaciones por tercera vez dijo:
- "Ahora pasaré por última vez, pero
será llevando una carretilla sobre la cuerda... Necesito,
más que nunca, que
crean y confíen en mí".
La multitud guardaba un tenso silencio.
Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible...
- Basta que una sola persona confíe en mí
y lo haré, afirmó el equilibrista.
Entonces uno de los que estaba atrás
gritó:
- Sí, sí, yo creo en ti; tú puedes. Yo
confío en ti...
El equilibrista para certificar su
confianza, lo retó:
- "Si de veras confías en mí, vente
conmigo y súbete a la carretilla..."
Cuando
en verdad le creemos a Jesús nos subimos a su cruz,
muriendo
a todo aquello que no nos deja vivir.
Este tipo
de fe nos permite ver lo invisible y esperar contra
toda esperanza,
ya que
todo es posible para el que cree.
EL
BORDADO DE DIOS
Cuando yo
era pequeño, mi mamá
solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella y le preguntaba
qué estaba
haciendo. Ella me respondía que estaba bordando.
Yo
observaba el trabajo de mi
mamá desde una posición más baja que donde estaba
sentada ella, así que siempre
me quejaba diciéndole que desde mi punto de vista lo que estaba
haciendo me
parecía muy confuso.
Ella me
sonreía, miraba hacia
abajo y gentilmente me decía: "Hijo, ve afuera a jugar un rato y
cuando
haya terminado mi bordado te pondré sobre mi regazo y te
dejaré verlo desde mi
posición".
Me
preguntaba porqué ella usaba
algunos hilos de colores oscuros y porqué me parecían tan
desordenados desde
donde yo estaba. Unos minutos más tarde escuchaba la voz de mi
mamá diciéndome:
"Hijo, ven y siéntate en mi regazo."
Yo lo
hacía de inmediato y me
sorprendía y emocionaba al ver la hermosa flor o el bello
atardecer en el
bordado. No podía creerlo; desde abajo se veía tan
confuso. Entonces mi mamá me
decía: "Hijo mío, desde abajo se veía confuso y
desordenado, pero no te
dabas cuenta de que había un plan arriba. Había un
diseño, sólo lo estaba
siguiendo. Ahora míralo desde mi posición y sabrás
lo que estaba
haciendo."
Muchas
veces a lo largo de los
años he mirado al Cielo y he dicho:
"Padre,
¿qué estás
haciendo?
Él
responde: "Estoy
bordando tu vida".
Entonces yo
le replico:
"Pero se ve
tan confuso,
es un desorden. Los hilos parecen tan oscuros, ¿por qué
no son más
brillantes?".
El Padre
parecía decirme:
"Mi
niño, ocúpate de tu
trabajo... y yo haciendo el mío, un día te traeré
al cielo y te pondré sobre mi
regazo y verás el plan desde mi posición. Entonces
entenderás..."
LA PAZ PERFECTA
"Hace
mucho tiempo en un reino muy lejano, un rey ofreció un gran
premio a aquel
artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos
artistas de
todo el imperio lo intentaron.
El rey
observó y admiró una por una todas las pinturas, pero
solamente hubo dos que a
él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera
era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se
reflejaban
unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre
éstas se encontraba un cielo muy
azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura
pensaron que
realmente reflejaba la paz perfecta.
La segunda
pintura también tenía montañas. Pero éstas
eran escabrosas y descubiertas.
Sobre ellas había un cielo furioso del
cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos.
Montaña abajo parecía retumbar
un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada
pacífico.
Pero cuando
el rey observó cuidadosamente, él miró tras la
cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este
arbusto
se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta
caída de agua,
estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su
nido... Paz perfecta.
El rey
escogió la segunda. ¿Sabes por qué?
Porque,
explicaba el rey, "paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin
problemas,
sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en
medio de
todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro
corazón. Este es el
verdadero significado de la paz".
Cuando
encuentres la paz en tu
interior, encontrarás el equilibrio en tu vida.
LÉELO
Un maestro al
despedirse de su discípulo, luego de
haberle enseñado todo lo que necesitaba
para defenderse en la vida, le dijo:
"Mi amado
discípulo, ya te he enseñado todo lo necesario para salir triunfante
en ésta vida, sin embargo me falta darte este
último regalo
(entregándole
un trocito de papel doblado). Y añadió:
Cuando
estés en los
momentos más tristes de tu vida: Lee el
papelito.
Cuando te
encuentres en
problemas y sientas que no puedes más: Lee el papelito.
Cuando te
sientas
incomprendido y muy sólo: Lee el papelito.
Cuando te
sientas la
persona más feliz de ésta tierra, y que nada te falta: Lee el
papelito.
Cuando te
encuentres en
los momentos más angustiantes de tu vida: Lee
el papelito.
Entonces
luego de
escuchar al maestro, el discípulo leyó el papelito y decía:
"Solo el amor de Dios es eterno, nada más puede perdurar para siempre"
Uno de los
principales problemas que
tenemos los seres humanos, es que le
damos dimensiones de eternidad a los problemas, y creemos que
estarán con
nosotros siempre. Cuando tengas un problema muy serio, debes recordar y
te
tienes que convencer de que eso va a pasar, y que si hay algo que
perdura
para siempre es el amor de Dios, aunque hay situaciones muy duras y
tristes
para todos, debes saber que esas cosas van a pasar, y que la vida debe
continuar como lo ha hecho desde la creación del mundo y como
seguirá hasta
que se termine.
Recuerda que nunca serás abandonado
por tu
creador, y que no hay nada que te
pueda apartar de su pensamiento.
EN
LOS MOMENTOS DE CRISIS
Un piloto de avión decía que
cuando el avión cae en medio de una tormenta, lo que nunca se
debe hacer, es
hacer lo que se siente; en medio de la turbulencia, vientos que azotan
al avión
de todos lados, agregado a la no visibilidad, generan en el piloto un
montón de
sensaciones como sentir que el avión está girando pero en
realidad no lo está
haciendo, sentir que desciende, pero en realidad asciende o viceversa.
Quizás
el piloto conoce la ruta y se puede estar diciendo que si sigue como
siente se
va a estrellar contra una montaña, pero ellos saben bien que sus
sentimientos
los engañan, que si responden a ellos de seguro se
terminarán estrellando y en
esos momentos que podrían decirse de crisis es cuando más tienen
que confiar en los instrumentos ciegamente.
Me imagino
que debe ser un momento difícil, es negarse a sí mismo
conociendo sus
limitaciones y terminar dependiendo totalmente de los instrumentos.
La Biblia dice que nuestro
corazón puede ser engañoso más que todas las
cosas, así que deberíamos aprender
como los pilotos, que en los momentos en que nuestra fe está en
crisis es
cuando menos tenemos que hacer lo que sentimos, por más
razonable que nos parezca
y buscar del Señor y hacer lo que El nos diga que hagamos por
más irrazonable
que nos parezca. Será negarnos a nosotros mismos conociendo
nuestras
limitaciones y terminar dependiendo totalmente del Señor y
así llegaremos a
buen puerto.
UN
ENCUENTRO CON DIOS
Había
una vez un pequeño niño que quería conocer a
Dios. El sabía que había que hacer un largo viaje hacia
donde vivía Dios,
entonces empaquetó una maleta con panecillos y un tetrabrick de
zumo y
emprendió su partida.
Cuando
había recorrido cerca de 3 Km., se encontró
con una viejecita. Ella estaba sentada en el parque, observando algunas
palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su
maleta. El estaba a punto de
tomar su zumo cuando notó que la viejecita se veía con
hambre, entonces él le
ofreció un panecillo. Ella lo aceptó muy agradecida. Su
sonrisa era tan bella
que el niñito quería ver esa sonrisa nuevamente, entonces
le ofreció a ella un
zumo. Nuevamente ella volvió a esbozar su hermosa sonrisa. El
niño estaba
encantado.
Ellos se
quedaron allí toda la tarde comiendo y
sonriendo, pero ninguno de ellos decía palabra alguna.
Cuando
empezó a oscurecer, el niño estaba cansado y
se levantó para irse. Antes de haber dado unos pasos más,
el se dio la vuelta y
corrió hacia la viejecita y le dio un abrazo. Ella le dio la
más grande y
hermosa sonrisa.
Cuando el
niño abrió la puerta de su casa, su madre
estaba sorprendida por la felicidad que el niño demostraba. Ella
le preguntó
cual era la causa. El le contestó:
- "He comido
con Dios. ¿Y sabes qué? Ella tiene
la sonrisa mas bella que he visto!". Mientras tanto la viejecita,
también
con mucha felicidad, regresó a su casa. Su hijo estaba anonadado
por la paz que
mostraba en su cara y preguntó:
- "Madre,
¿qué hiciste hoy que te ha hecho tan
feliz?". Ella contestó:
- "Yo
comí panecillos en el parque con Dios. ¿Y
sabes qué?, él es más joven de lo que esperaba."
Esta historia nos muestra que
tú encuentras a Dios en Todos los lugares y
rostros. Desafortunadamente, muchos de
nosotros pasamos la vida buscando una
visita de Dios, sólo para estar muy
ocupados para reconocerla cuando la tenemos...
Había una señora que todos los
días se dirigía
a la Iglesia del pueblo para orar desde las siete de la tarde. Era muy
puntual
y nunca faltaba. Cuando se atrasaba porque las cosas de la casa o la
cena le
ocupaban más de lo acostumbrado, iba corriendo por la calle para
llegar a
tiempo.
Tan rápido
hacía las cosas para cumplir con el horario de su oración
que, muchas veces,
trataba mal a la gente en la fila del mercado o caminaba atropellando a
los
demás. Si algún mendigo le pedía una moneda en la
puerta de la Capilla, ni lo
miraba; estaba tan apurada que entraba veloz como un rayo.
Un
día, "le pasaron todas". Se peleó con
el almacenero, porque tardó mucho en hacer la cuenta de las
cosas que había
comprado; atropelló a una señora que tenía la
bolsa llena de patatas y caminaba
lentamente; por último, le volvió la cara a unos chicos
que
se le acercaban
para pedirle unos pesos para comprar leche.
En su propia
casa, las cosas no anduvieron mejor.
Uno de sus hijos le pidió ayuda para hacer una tarea, le dijo
que se las
arreglara solo. El marido, que había llegado muy cansado de
trabajar, tuvo la
ocurrencia de conversar un rato con ella, mientras tomaban un
café; lo dejó
plantado en el patio.
A pesar de
todos estos "obstáculos", salió de su casa, llegó
a la Iglesia casi a
tiempo.... y se encontró con que estaba cerrada.
¡¡
Cómo puede ser !! ¡¡ Le dio una rabia !!.
Se
metió por un pasillo lateral que bordeaba la
construcción, pero, nada. Todo estaba cerrado.
Volvió
a ir por la entrada principal y, precisamente
allí, vio que en la puerta del templo había un cartelito
clavado con chinches
que decía:
"NO
ME BUSQUES AQUI... ESTOY ALLÁ AFUERA". JESÚS.
Cuántas
veces
el Señor Jesucristo nos ha dicho y enseñado sobre la
verdadera relación con él,
cuántas veces nos ha enseñado sobre el amar a los
demás, sobre respetarnos unos
a otros, sobre adorar al Padre en espíritu y verdad, entonces,
¿qué nos pasa a
veces que caemos en actitudes religiosas?. Pero sed hacedores de la
palabra, y
no tan solo oidores, engañándoos a vosotros mismos
(Santiago 1:22).
Jesucristo
mismo en Lucas 6:46 dijo "¿Por qué
me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo
que yo digo?.
LA
LUCHA DE LA MARIPOSA
Un hombre
encontró un capullo de una mariposa y se
lo llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera del
capullo. Un día
vio que había un pequeño orificio y entonces se
sentó a observar por varias
horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir de capullo.
El hombre vio
que forcejeaba duramente para poder
pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el
capullo , hasta que llego
un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues
aparentemente no
progresaba en su intento. Pareció que se había atascado.
Entonces el hombre, en
su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña
tijera cortó al lado
del orificio del capullo para hacerlo más grande y así
fue que por fin la
mariposa pudo salir.
Sin embargo
al salir la mariposa tenía el cuerpo muy
hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.
El hombre
continuó observando, pues esperaba que en
cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían
lo suficiente para
soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado
que estaba.
Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente
podía
arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas
dobladas... Nunca
pudo llegar a volar.
Lo que el
hombre en su bondad y apuro no entendió,
fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha
requerida por la
mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la
naturaleza
forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que
estuviesen
grandes y fuertes y luego pudiese volar.
Libertad y
vuelo solamente podrán llegar tras
la lucha. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue
privada su salud.
Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si Dios nos
permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos
convertiría en
inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como
podíamos haberlo sido.
¡Cuánta verdad hay en esto! Cuántas veces hemos
querido tomar el camino corto
para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el
esfuerzo para
poder ser libres.
Necesitamos
recordar que nunca recibimos más de lo
que podemos soportar y que a través de nuestros esfuerzos y
caídas, somos
fortalecidos, así como el oro es refinado con el fuego.
Nunca
permitamos que las cosas que no podemos tener,
o que no tenemos, o que no debemos tener, interrumpan nuestro gozo de
las cosas
que tenemos y podemos tener.
No pensemos
ni nos enfoquemos en lo que no tenemos,
disfrutemos cada instante de cada día por lo que tenemos y nos
ha sido dado.
LA
HERRAMIENTA FAVORITA
En una tienda
de herramientas, dentro de un estuche
de cartón y plástico, colgado en una mampara se
encontraba un destornillador,
era el último modelo que se había sacado al mercado, su
mango estaba pintado de
vistosos colores que lo hacían ser bastante llamativo.. cuando
caía la noche y
toda la gente abandonaba la tienda, las herramientas se ponían a
platicar...
-- Hoy vino
un electricista y me estuvo observando
por varios minutos, seguro que en cuanto junte el dinero viene a
comprarme --
platicaba emocionada la caja de herramientas.
-- Pues hoy
se vendieron diez de mis hermanos
destornilladores, seguramente no tarda en que alguien me compre a
mí, somos las
herramientas más nuevas y bonitas que hay en toda la tienda --
decía el
orgulloso destornillador.
Y
tenía razón, al día siguiente un padre de familia,
de esos que les gusta hacer un poco de todo y que no
contratarían a un plomero
o a un electricista hasta no estar seguros de haber dejado sin remedio
aquello
que querían arreglar por sí mismos con tal de ahorrarse
unos centavos.. El
señor iba en busca de un nuevo destornillador y nuestro
orgulloso amigo resultó
ser el afortunado elegido... camino a su nuevo hogar iba pensando en
todos los
tornillos que atornillaría o destornillaría... .
Después de todo él había sido
fabricado para hacer eso y le emocionaba cumplir con su destino. Por
fin llegó
a su nuevo hogar y su dueño lo metió dentro de la caja de
herramientas, el
destornillador se puso a observar a sus nuevos compañeros, todos
lucían sucios
y grasientos,
-- Todos
lucen terribles, definitivamente soy la
herramienta más bella que tiene mi amo, no creo tardar en
convertirme en su
destornillador favorito--pensaba nuestro amigo, sin embargo se puso a
buscar a
su competencia, ¿en dónde estaban los otros
destornilladores?, no podía
encontrarlos.
Después
de algunos minutos de búsqueda la llave de
tuercas le informó que no había más
destornilladores, el único que había se
rompió y por eso el dueño tuvo que comprar otro.
Las palabras
de la llave de tuercas tranquilizaron
al destornillador, él sería el favorito y no
tendría competencia.. Al poco
tiempo comenzó su trabajo, un día a quitar los tornillos
de un contacto
eléctrico, al otro a desarmar la plancha y así fue
pasando la vida del
destornillador, hubo un día en que el amo estaba pintando unas
ventanas y quiso
revolver la pintura, la única herramienta que se encontraba
cerca de él era el
destornillador así que lo tomo, lo metió a la lata de
pintura y comenzó a
revolver. El destornillador estaba confundido, el no estaba hecho para
eso, él
era un DESTORNILLADOR no un revolvedor, al sacarlo de la lata estaba
todo
manchado de pintura y eso no le gustaba mucho a un destornillador tan
orgulloso
de su apariencia.
-- Espero que
no tarde mucho antes de que mi amo me
lave, no quiero lucir así por el resto de mi vida-- sin embargo
ese día nunca
llegó y tuvo que vivir manchado por siempre.
En otra
ocasión, el dueño estaba clavando unas maderas, cuando
sólo le faltaba colocar
un clavo se dio cuenta que el martillo se encontraba algo lejos,
así que tomó
el destornillador y utilizó su mango como martillo. El
destornillador sintió
dolor, los golpes le dejaron algunas marcas y su apariencia se
había
deteriorado aún más y así fueron pasando los
días,
en ocasiones servía como
espátula, otras como martillo o como palanca, en una
ocasión hasta sirvió de
asta de bandera para que el hijo de su amo jugara a los soldaditos, un
día se
dio cuenta que los colores que tanto orgullo le causaban ya no
podrían
distinguirse entre tantos rasguños, abolladuras y manchas, pero
era el único
así que no tenía de que preocuparse...
Casualmente
ese mismo día su dueño llegó con un
destornillador nuevo, un nuevo modelo con colores aun más
vistosos que los que
él había tenido cuando era nuevo.. nuestro amigo se
preocupó,
-- Ya no me
va a utilizar, ahora él va a ser el
destornillador favorito, luce mucho mejor que yo
-- nuestro amigo se llevó una gran sorpresa al día
siguiente cuando se dio
cuenta que su amo lo seguía utilizando en sus labores diarias.
Nuestro amigo
no entendía lo que pasaba, cada día su apariencia era
peor, cada día estaba más
maltratado, en cambio su rival lucía totalmente nuevo, bello y
lleno de color,
simplemente no podía comprender que era lo que pasaba,
¿porque él tenía tanto
trabajo y el otro destornillador no?, pronto se llenó de
envidia.
-- Todo el
trabajo lo hago yo y por eso tengo esta
apariencia tan horrible, mi cuerpo esta cansado, en cambio tu no haces
nada y
por eso luces así de bello, no es justo!! -- le gritó
desesperado al otro
destornillador, en eso se escuchó la voz de su amo platicando
con otra persona.
-- Pero aun
no tengo dinero ¿con qué quieres que
cubra mi deuda?--
-- Puedes
darme algo a cambio del dinero, por
ejemplo tu caja de herramientas--
El amo de las
herramientas se dirigió a la caja y
separó su viejo, manchado y maltratado destornillador y dijo en
voz alta,
"este destornillador es lo único que me voy a quedar, es mi
favorito, me
ha servido para muchísimas cosas, el resto de las herramientas
son tuyas".
El
corazón del viejo destornillador se llenó de
alegría, pudo comprender que nunca fue el favorito por su
apariencia sino por
todo el trabajo que había realizado para su amo, al recordar
todo lo que había
hecho desde que salió de la tienda se dio cuenta de que no solo
había servido
para poner y quitar tornillos sino que había servido para muchas
otras cosas
que jamás imaginó y que gracias a todo eso fue que su amo
le tomó mayor
aprecio.
Cuando estés cansado,
desvelado o enfermo y veas que eres el que más ha
trabajado para el único dueño que todos nosotros tenemos
no te enojes con el
que luce limpio, sano y poco cansado, por el contrario siéntete
feliz porque tú
eres el favorito, si de pronto te sucede lo que al desarmador, que
recibes
golpes, rayones, maltratos o trabajos, cansancios, preocupaciones,
problemas y
responsabilidades con los que otros no tienen que vivir, entonces
alégrate de
ser la herramienta favorita de Dios porque igual que al destornillador
del
cuento, puedes estar seguro que en el día de la verdad vas a ser
de los
seleccionados para quedarse por siempre a acompañarlo en su casa.
La clave está en estar
siempre dispuesto a trabajar por Dios en lo que
Dios te pida sin importar si fue para eso para lo que te preparaste y
sin
importar que tanto hayas trabajado por él, por el contrario,
preocúpate si tú o
tu vida luce demasiado bien debido a que nunca te has preocupado por
trabajar
para El.
ELIGIENDO
CRUCES
Este cuento
relata la historia de un hombre que
hacía ya unos años había abandonado a su familia y
a sus amigos, y se había
largado a buscar aventuras.
Cierto día de
fea llovizna, amargado y cansado, llegó nuestro amigo a la
estación de
ferrocarril, donde consiguió un permiso para pasar la noche.
Comió un poco de
estofado que le dio el sereno de la estación, y reconfortado
preparó su cama:
un trozo de plástico negro como colchón que evitaba la
humedad. Se tapó con
unas bolsas, se hizo la señal de la cruz y rezó el
Padrenuestro, tal como se lo
enseñara su madre. Tal vez fue el recuerdo de su madre el que lo
hizo pensar en
Dios, y como no tenía otro a quien quejarse, se las
agarró con el Todopoderoso
reprochándole su mala suerte. A él tenían que
tocarle todas, parecía que el
mismo Dios se las había agarrado con él haciéndolo
cargar con todas las cruces
del mundo. Y con estos pensamientos se quedó dormido. En un
sueño, Dios le
dijo: ven amigo, estoy cansado de que los hombres se anden quejando
siempre,
parece que nadie está conforme con lo que yo le he destinado,
así que desde
ahora dejo que cada uno elija la cruz que quiera llevar, pero que
después no me
vengan con quejas, la que elijan la van a tener que llevar sin protesta.
Acabo de
recorrer el mundo quitando todas las
cruces, y usted va a ser el primero en tener la oportunidad de elegir.
El hombre
quedó sorprendido al ver que el lugar
estaba lleno de cruces, de todos los tamaños, pesos y formas.
Miró
primero para el lado que estaban las más
chiquitas, pero le dio vergüenza pedir una tan chiquita,
Buscó entonces entre
las grandes, pero se desanimó enseguida porque se dio cuenta que
no le daba el
hombro para tanto. Fue entonces y se decidió por un
tamaño medio, ni muy grande
ni tan chica. Pero resulta que entre éstas había unas muy
pesadas de plomo, y
otras ligeritas de cartón. Le dio no sé que elegir una de
juguete y tuvo miedo
de no poder cargar una de las pesadas. Se quedó con una de peso
regular. Pero
todavía faltaba tomar otra decisión porque no todas las
cruces tenían la misma
terminación. Había lisitas y parejas, que se acomodaban
perfectamente al hombro
y había otras llenas de rugosidades y nudos que al menor
movimiento podían
sacar heridas.
Se decidió por
fin y, tomando una de las medianas en tamaño, la que era regular
de peso y
tamaño, se dirigió a Dios diciéndole que
elegía para su vida aquella cruz.
Dios lo
miró a los ojos, y le preguntó si estaba
seguro de su elección, que lo pensara bien para luego no
arrepentirse y venir
otra vez con quejas.
Pero el
hombre se afirmó en lo hecho y garantizó que
lo había pensado muy bien, que aquella cruz era justa para
él.
Dios,
casi riéndose le
dijo: esa cruz que has elegido es la que has venido llevando hasta el
presente.
Así que de ahora en adelante carga tu cruz y sígueme, y
déjate de protestas que
yo sé bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para
llegar bien a mi
casa.
LAS
GRIETAS
Un cargador
de agua de la India tenía dos grandes
vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de
los
hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que
la otra era
perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie,
desde el
arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la
vasija rota solo
tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente,
desde luego la vasija
perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía
perfecta para los
fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba
muy
avergonzada de su propia imperfección y se sentía
miserable porque solo podía
hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su
obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló
al aguador diciéndole:
"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis
grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la
mitad del
valor que deberías recibir."
El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente:
"Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas
flores que
crecen a lo largo del camino."
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores
hermosas a lo largo
del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al
final, sólo
quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces "¿Te diste cuenta de que las flores
sólo
crecen en tu lado del camino?. Siempre he sabido de tus grietas y quise
sacar
el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo
largo del camino
por donde vas y todos los días las has regado y por dos
años yo he podido
recoger estas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras
exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible
crear
esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas
agrietadas,
pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las
grietas
para obtener buenos resultados. Uno no deja de reír por hacerse
viejo, se hace
uno viejo por dejar de reír.
REFLEXION:
Callar de sí mismo es
humildad.
Callar los defectos ajenos es
caridad.
Callar las palabras
inútiles es penitencia.
Callar a tiempo es prudencia.
Callar en el dolor es
heroísmo.
MANOS QUE ORAN
Durante el
siglo XV, en una pequeña aldea cercana a
Nuremberg, vivía una familia con 18 niños. Para poder
poner pan en la mesa para
tal prole, el padre, y jefe de la familia, trabajaba casi 18 horas
diarias en
las minas de oro, y en cualquier otra cosa que se presentara.
A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los
hijos de
Albrecht Durer tenían un sueño. Ambos querían
desarrollar su talento para el
arte, pero bien sabían que su padre jamás podría
enviar a ninguno de ellos a
estudiar a la Academia.
Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los
dos, llegaron a
un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El perdedor
trabajaría en las minas
para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el
ganador
pagaría entonces los estudios al que quedara en casa, con las
ventas de sus
obras, o como fuera necesario.
Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Albretch
Durer
ganó y se fue a estudiar a Nuremberg. Albert comenzó
entonces el peligroso
trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos
cuatro años para
sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue
toda una
sensación en la Academia.
Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos llegaron a
ser mucho mejores
que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su
graduación, ya
había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su
arte.
Cuando el joven artista
regresó a su aldea, la familia Durer se reunió
para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada,
Albretch
se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis
por su
hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus
estudios una
realidad.
Sus palabras finales fueron: "Y ahora, Albert hermano mío, es tu
turno.
Ahora puedes ir tú a Nuremberg a perseguir tus sueños,
que yo me haré cargo de
ti".
Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el
rincón de la mesa
que ocupaba Albert, quien tenía el rostro empapado en
lágrimas, y movía de lado
a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez: "No... no...
no...".
Finalmente, Albert se puso de pie y secó sus lágrimas.
Miró por un momento a
cada uno de aquellos seres queridos y se dirigió luego a su
hermano, y poniendo
su mano en la mejilla de aquel le dijo suavemente: "No, hermano, no
puedo
ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Mira lo que cuatro
años de trabajo en las minas
han hecho a mis manos.
Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y
últimamente la artritis
en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo
levantar la
copa durante tu brindis... mucho menos podría trabajar con
delicadas líneas el
compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el
pincel. No, hermano...
para mí ya es tarde".
Mas de 450
años han pasado desde ese día. Hoy los
grabados, óleos, acuarelas,
tallas y demás obras de Albretch Durer pueden ser vistos en
museos alrededor de
todo el mundo. Pero seguramente la mayoría de las personas,
sólo recuerde uno,
tal vez hasta tenga uno en su oficina o en su casa.
Un
día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert,
Albretch Durer
dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas
unidas y los dedos
apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente
"Manos",
pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a esta
maravilla y le cambió
el nombre por el de "Manos que oran".
VOLAR
SOBRE EL PANTANO
Si sientes que
la vida no tiene sentido, que los problemas te están acabando,
memoriza esta
parábola:
"Un
pájaro que vivía resignado en un árbol
podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar
ahí, comía gusanos
del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo.
Sus alas
estaban inutilizadas por el peso de la
mugre hasta que cierto día un gran ventarrón
destruyó su guarida; el árbol
podrido fue tragado por el cieno y el se dio cuenta que iba a morir.
En un deseo
repentino de salvarse comenzó a aletear
con fuerza para emprender el vuelo, le costó mucho trabajo
porque había
olvidado cómo volar, pero enfrentó el dolor del
entumecimiento hasta que logró
levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque
fértil y
hermoso"
Los problemas
son como el ventarrón que ha destruido
tu guarida y te están obligando a elevar el vuelo... o a morir...
Nunca es
tarde. No importa lo que se haya vivido, no
importa los errores que se hayan cometido, no importa las oportunidades
que se
hayan dejado pasar, no importa la edad, siempre estamos a tiempo para
decir
basta, para oír la llamada que tenemos de buscar la
perfección, para sacudirnos
el cieno y volar alto y muy lejos del pantano.
LAS
TRES PIPAS
Una
vez un miembro de la tribu se presento furioso ante su jefe para
informarle que
estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había
ofendido
gravemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin
piedad!
El
jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer
lo que tenía
pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara
con calma
al pie del árbol sagrado del pueblo.
El
hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran
árbol.
Tardó
una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y
decidió volver a
hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que
era excesivo
matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza
memorable para que nunca se
olvidara de la ofensa.
Nuevamente
el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero
le ordenó que ya que había
cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al
mismo lugar.
También
esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora
meditando.
Después
regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba
excesivo castigar físicamente
a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala
acción y le haría pasar
vergüenza delante de todos.
Como
siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a
ordenarle que
repitiera su meditación como lo había hecho las veces
anteriores.
El
hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió
al árbol centenario y
allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca.
Cuando
terminó, volvió al jefe y le dijo: "Pensándolo
mejor veo que la cosa no es
para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo.
Así recuperaré
un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho".
El
jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar
juntos al pie del
árbol, diciéndole: "Eso es precisamente lo que tenia que
pedirte, pero no
podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que
lo descubrieras tu
mismo".
DAR SIN RECIBIR
Un
día un muchacho muy pobre, quien era vendedor de puerta a puerta
para pagar sus
estudios, se encontró con solo diez centavos en su bolsillo y
tenía mucha
hambre. Entonces decidió que en la próxima casa iba a
pedir comida. No
obstante, perdió su coraje cuando una linda y joven muchacha
abrió la puerta.
En
lugar de pedir comida pidió un vaso con agua. Ella pensó
que el se veía hambriento
y le trajo un gran vaso con leche. El se lo tomó lentamente y
luego le
preguntó, "Cuánto le debo?"
"No me debe nada," ella respondió. "Mi mamá nos
enseñó a nunca
aceptar pago por bondad." El dijo..."Entonces le agradezco de
corazón." Cuando Howard Kelly se fue de esa casa, no solo se
sintió más
fuerte en sus fuerzas sino también en su fe en Dios y en la
humanidad. El ya
estaba listo para rendirse y renunciar.
Años
más tarde esa joven muchacha se enfermó gravemente. Los
doctores locales
estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron a la gran ciudad donde
llamaron
a especialistas para que estudiaran su rara enfermedad. Uno de esos
especialistas era el Dr. Howard Kelly.
Cuando
él se dio cuenta del nombre del pueblo de donde ella
venía, una extraña luz brilló
en sus ojos.Inmediatamente él se levantó y fue al cuarto
donde ella estaba.
Vestido en sus
ropas de doctor fue a verla y la reconoció inmediatamente. Luego
volvió a su
oficina determinado a hacer lo posible para salvar su vida.
Desde
ese día le dio atención especial al caso. Después
de una larga lucha, la
batalla fue ganada. El Dr. Kelly pidió a la oficina de cobros
que le pasaran la
cuenta final para darle su aprobación. La miró y luego
escribió algo en la
esquina y la cuenta fue enviada al cuarto de la muchacha. Ella
sintió temor de
abrirla porque estaba segura de que pasaría el resto de su vida
tratando de
pagar esa cuenta. Finalmente ella miró, y algo llamó su
atención en la esquina
de la factura. Ella leyó las siguientes palabras...."Pagado por
completo
con un vaso de leche."
AMAR
ES DARSE TODO
El
hombre estaba tras el mostrador, mirando la calle
distraídamente.
Una
niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita
contra el vidrio de la
vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un
determinado
objeto. Entró en el negocio y pidió para ver el collar de
turquesa azul.
-"Es
para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?". -dijo
ella.
El
dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y
le preguntó:
-¿Cuánto
dinero tienes?
Sin
dudar, sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo
atadito y fue deshaciendo
los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:
-
"¿Esto alcanza?".
Eran
apenas algunas monedas las que exhibía orgullosa.
-"¿Sabe?,
quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió
nuestra madre, ella
cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños
y estoy segura
que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos"
El
hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche,
envolvió con un
vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.
-"Tome,
dijo a la niña. Llévelo con cuidado".
Ella
salió feliz, corriendo y saltando calle abajo. Aún no
acababa el día, cuando
una linda joven entró en el negocio. Colocó sobre el
mostrador el ya conocido
envoltorio deshecho e indagó:
-"¿Este
collar fue comprado aquí? "¿Cuánto costó?
-
"Ah!", - habló el dueño del negocio. "El precio de
cualquier
producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el
vendedor y el
cliente".
La
joven exclamó:
-"Pero
mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es
verdadero, ¿no? Ella
no tendría dinero para pagarlo".
El
hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo
cariño, colocó la
cinta y lo devolvió a la joven y le dijo:
-
"Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede
pagar: ELLA DIO
TODO LO QUE TENÍA".
El
silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas
rodaron por la faz emocionada
de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.
La
verdadera donación es darse por entero, sin restricciones. La
gratitud de quien
ama no conoce límites para los gestos de ternura. Agradece
siempre, pero no
esperes el reconocimiento de nadie. Gratitud con amor no sólo
reanima a quien
recibe, reconforta a quien ofrece.
EL REGALO MÁS GRANDE
DEL MUNDO
"El día que mi María José
nació, en
verdad no sentí gran alegría porque la decepción
que sentía parecía ser más
grande que el gran acontecimiento que representa tener hijo. Yo
quería un
varón.
A los dos
días de haber nacido, fui a buscar a mis
dos mujeres, una lucía pálida y la otra radiante y
dormilona. En pocos meses me
dejé cautivar por la sonrisa de María José y por
el negro de su mirada fija y
penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su
carita, su
sonrisa y su mirada no se apartaban ni un instante de mi pensamiento.
Todo se
lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña,
hacía planes, todo sería para
mi María José."
Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de María
José. Yo
también sentía gran afecto por la niña que era la
razón más grande para vivir
de Randolf, según decía él mismo. Una tarde estaba
mi familia y la de Randolf
haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la
niña entabló
una conversación con su papá, un diálogo que todos
escuchamos...
-Papi, cuando cumpla quince años... ¿Cuál
será mi regalo?.
-Pero mi amor si apenas tienes diez añitos... ¿No te
parece que falta mucho
para esa fecha?.
-Bueno papi, tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque
yo nunca lo he
visto por aquí.
La conversación se extendía y todos participamos de ella.
Al caer el sol
regresamos a nuestras casas.
Una mañana me encontré con Randolf enfrente del colegio
donde estudiaba su hija
quien ya tenía catorce años.
El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su
rostro. Con
gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de
María José, eran notas
impresionantes, ninguna bajaba de nueve y los estímulos
que les habían
escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicité al
dichoso padre y
le invité a un café.
María José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y
en el corazón de su
familia, especialmente en el corazón de su padre. Todo
ocurrió un domingo, muy
temprano, cuando nos dirigíamos a misa... En ese momento
María José tropezó con
algo, o eso creímos todos, y ella dio un traspié. Sin
embargo, en ese momento
no cayó pues su padre la tomó de inmediato, evitando que
se lastimara. De
cualquier forma, ya instalados en el coche, vimos como María
José se tumbó
lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento.
Inmediatamente,
buscando un taxi, la llevamos al hospital.
Allí permaneció por diez días y fue entonces
cuando le informaron que su hija
padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su
corazón, pero no era
algo definitivo, que debían practicársele otras pruebas
para llegar a un
diagnóstico firme.
Los
días iban transcurriendo, Randolf renunció a su trabajo
para dedicarse al
cuidado de María José, su madre quería hacerlo
pero decidieron que ella
trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de
él. Una mañana Randolf
se encontraba al lado de su hija cuando ella le preguntó:
- ¿Voy a morir, no es cierto?. Te lo dijeron los médicos.
- No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no
permitiría que pierda
lo que más he amado en el mundo- respondió el padre.
- ¿Van a algún lugar?. ¿Pueden ver desde lo alto a
las personas queridas?.
¿Sabes si pueden volver?.
- Bueno hija, respondió, en verdad nadie ha regresado de
allá a contar algo
sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola. Estando en el
mas allá
buscaría la manera de comunicarme contigo, en última
instancia utilizaría el
viento para venir a verte.
- ¿Al viento?- replicó María José. -
¿Y cómo lo harías?.
- No tengo la menor idea hija, solo sé que si algún
día muero, sentirás que
estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca
bese tus
mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era
grave, su hija
estaba muriendo, necesitaban un corazón pues el de ella no
resistiría sino unos
quince o veinte días más. ¡Un corazón!.
¿Dónde hallaría un corazón?. ¿Lo
vendían en la farmacia acaso, en el supermercado,
o en una de esas grandes tiendas
que propagan por radio y televisión?. ¡Un corazón!.
¿Dónde?.
Ese
mismo mes, María José cumpliría sus quince
años. Fue el viernes por la tarde
cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar. El domingo
por la
tarde, ya María José estuvo operada y todo salió
como los médicos lo habían
planeado. ¡Éxito total!.
Sin embargo,
Randolf no había vuelto por el hospital
y María José lo comenzó a extrañar. Su
mamá tuvo que explicarle que ya que todo
estaba bien, a partir de ese momento su papá era quien
trabajaría para sostener
la familia. María José permaneció en el hospital
por quince días más, los
médicos no habían querido dejarla ir hasta que su
corazón estuviera firme y
fuerte y así lo hicieron. Al llegar a casa todos se sentaron en
un enorme sofá
y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le
entregó una carta de su padre.
María José, mi gran amor:
"Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un
corazón fuerte
latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te
operaron. No
puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no poder estar a tu
lado en
este instante. Cuando supe que ibas a morir sentí que yo
también moriría
contigo, y me preguntaba ¿qué podía hacer?...
después de tanto pensar y sentir
mil cosas dentro de mi, decidí finalmente que la mejor manera de
hacer algo por
ti era darle respuesta a una pregunta que me hiciste cuando
tenías diez años y
a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo
más hermoso que nadie jamás ha
hecho. Te regalo mi vida entera, sin condición alguna para que
hagas con ella
lo que creas que es mejor, sintiendo muchas cosas bellas y sabiendo que
en el
mundo lo más importante es que quieras vivir, ¡Vive hija!.
Te amo!!!!...
También
quiero que sepas que hoy, mañana y siempre estaré a tu
lado,
siempre. Te Amo y siempre Te Amaré, porque eres lo más
grande y hermoso que
Dios me ha dado... siempre estaré contigo, siempre TE
AMARÉ..."
María José
lloró todo el día y toda la noche. Al día
siguiente, fue al cementerio y se
sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie
lo ha hecho y susurró:
-Papi ahora puedo comprender cuanto me amabas, yo también te amo
aunque nunca
te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir
"TE
AMO". Y te pido perdón por haber guardado silencio... en ese
instante las
copas de los árboles se movieron suavemente y cayeron algunas
flores.
Sintió María José que un suave viento rozó
su cara y una brisa fresca besó sus
mejillas. Alzó la mirada al cielo sintiendo una paz inmensa y
dio gracias a
Dios por eso. Se levantó y caminó a casa con la
alegría de saber que lleva en
su corazón "el amor más grande del mundo"...
PAPÁ
OLVIDA
Era
una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me encontraba
de mal humor.
Te regañé porque te estabas tardando demasiado en
desayunar; te grité porque no
parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque
masticabas con la boca
abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche
sobre tu ropa.
Furioso, te levanté de los cabellos y te empujé
violentamente para que fueses a
cambiarte de inmediato.
Camino
a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del coche llevabas la
mirada
perdida. Te despediste de mí tímidamente y yo sólo
te advertí que no hicieras
travesuras.
Por
la tarde, cuando regresé a casa después de un día
de mucho trabajo, te encontré
jugando en el jardín. Llevabas puesto unos pantalones nuevos y
estabas sucio y
mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa
y los zapatos,
que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres
para vestirte, te hice
entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas
delante de
mí te indiqué que caminaras erguido. Más tarde
continuaste haciendo ruido y
corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la
servilleta sobre la
mesa y me puse de pie furioso porque tú no parabas de jugar.
Dije que no
soportaba más ese escándalo y subí a mi estudio.
Al
poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta que
había exagerado mi
postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia. pero no pude.
¿Cómo
podía un padre, después de hacer su teatro de
indignación, mostrarse tan sumiso
y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta.
"Adelante"
- dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te
detuviste indeciso en
el umbral de la habitación. Me volví con seriedad hacia
ti. "Ya te vas a
dormir? Vienes a despedirte?". No contestaste. Caminaste lentamente,
con
tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu
andar para echarte
en mis brazos cariñosamente. Te abracé y con un nudo en
la garganta percibí la
ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi
cuello y
me diste un beso suave en la mejilla. Sentí que mi alma se
quebrantaba.
"Hasta
mañana, papi" - me dijiste. Me quedé helado en mi
silla.
¿Qué
es lo que estaba haciendo? ¿Por qué me desesperaba tan
fácilmente? Me había
acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si
fueses
igual a mí y ciertamente no eras igual. Tú tenías
una calidad humana de la que
yo carecía; eras legítimo, puro, bueno y sobre todo,
sabías demostrar amor...
¿Porqué me costaba a mí tanto trabajo? ¿Por
qué tenía el hábito de estar
siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba ocurriendo? Yo
también fui niño.
¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?
Después de un rato entré a tu
habitación y encendí la luz con sigilo. Dormías
profundamente. Tu hermoso
rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente
húmeda, tu aspecto
indefenso como el de un bebé...
Me
incliné para rozar con mis labios tus mejillas, respiré
tu aroma limpio y
dulce. No pude contener la congoja y cerré los ojos. Una de mis
lágrimas cayó
en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí
perdón en silencio.
Es tan difícil aprende a dominarse, a comprender la pureza de
nuestros hijos.
Somos los adultos quienes los hacemos temerosos, rencorosos,
violentos... Te
cubrí cuidadosamente y salí de la
habitación.
Si
Dios me da otra oportunidad y te permite vivir, algún
día, cuando leas esta
carta, sabrás que a veces nuestros padres no son perfectos. Pero
sobre todo,
ojalá que siempre te des cuenta que, pese a todos sus errores,
ellos te aman
más que a su propia vida.
EL CONEJO EN LA LUNA
Ryokan
es un monje japonés, famoso por su humor en las cosas del
espíritu y por la
sencillez de su pobreza. Narra este hermoso cuento, en el que nos
recuerda que
nuestros mayores sabían ver mas allá de los simples
fenómenos naturales y
miraban el mundo y la realidad con ojos de fantasía.
Hace
muchísimo tiempo, había un mono, una zorra y un conejo
que vivían juntos como
buenos amigos. Durante el día se divertían en los campos
y en los prados y por
la noche regresaban al monte.
Así
transcurrieron varios años. Pero un día el Señor
del cielo oyó hablar de ellos
y queriendo comprobarlo con sus propios ojos, se disfrazó de
viejo vagabundo y
se acercó por aquellas tierras.
“He
viajado por valles y montañas, estoy cansado y me faltan
fuerzas. ¿Me podrían
dar algo de comer?…. dijo, dejando caer su bastón y
sentándose a descansar”
El
monito, aprovechando su agilidad, salió enseguida a buscar
frutos de los
árboles y se los trajo. La zorra aprovechando su astucia le
trajo peces del
río. El conejo corrió por los campos en todas direcciones
pero no consiguió
encontrar nada. Cuando los tres volvieron, el mono y la zorra se
burlaban de
el.
“
NO SIRVES PARA NADA “
El
conejo se quedó triste y pensativo. Al cabo de un rato,
pidió que el mono fuese
a recoger leña y a la zorra que encendiese un gran fuego lo que
hicieron sin
tardanza.
Entonces
el conejo le dijo al anciano: “Cómeme, por favor”, y
arrojándose al fuego se
ofreció en holocausto.
Al
ver esto el “viejo vagabundo” experimentó un profundo dolor, y
lloró
copiosamente mirando al cielo. Luego, golpeando el suelo con su
bastón exclamó:
“Todos
merecéis mis alabanzas, pues habéis sido buenos y
valientes. No hay ni
vencedores ni vencidos, pero la prueba de AMOR del conejo ha sido
excepcional”
Y
volviendo el conejo a su forma original, llevó su cadáver
consigo al cielo y lo
enterró en el Palacio de la Luna”
Y
en las noches de luna llena se ve un conejito.
La extrema pobreza
del conejito y la tremenda
grandeza de su corazón.
La zorra y el monito ofrecieron su
habilidad y destreza pero el conejito se dio él.
LOS TRES DESEOS
Este es un
cuento viejo. Lo he escuchado mucha veces
y de distintas manera. Pertenece a aquellos que han rodado mucho y que
vienen
muy golpeados.
Erase una
noche de invierno. Y en ella una pareja
que habitaba un rancho frío, por el que se colaba el viento
haciendo
parpadear el candil de sebo que lo alumbraba. Don Ciriaco y la Nemesia,
su
mujer, aparentemente ya no tenían nada que decirse. Hacía
años que vivían
juntos, y los hijos habían dejado el rancho buscando
otros
horizontes donde anidar. La ancianidad se les iba acercando despacio
como para
que tuvieran todo el tiempo de sentirle los pasos
cansados.
Se
encontraban uno frente al otro, simplemente
porque el braserito improvisado con una lata, estaba entre ellos. Sus
miradas
clavadas en los carbones incandescentes que de vez en cuando
chisporroteaban,
buscaban mirar realidades muy lejanas. El diálogo ya
parecía inútil. Se había
desdoblado en dos monólogos interiores en el que cada uno
soliloquiaba con sus
propios recuerdos.
- ¡Vaya con
mi triste suerte! - se decía Ciricaco -. Haber renunciado a
tantas cosas por atarme
a la Nemesia. Yo era libre. Sólo los caminos eran mi
querencia. Anidaba
al sereno, y entre el montado y el carguero repartía mi cuerpo y
mis cosas en
mi libre andar de pago en pago. Pero un día me embretaron los
ojos de la
Nemesia, y me dejé atrapar. Me
aquerenció en este trozo de
tierra, y aquí levanté este ranchito lleno de
sueños, que ahora se va despojando, yo que podría haber
llegado a tener
tantas cosas. Yo, que habría podido conocer mundo,
aquí estoy,
estancado por haber creído que la Nemesia me
iba a hacer
feliz. Quizá la pobre no pudo dar más. Pero lo mismo.
Aquí estoy y es esta mi
triste suerte.
También
la Nemesia tenía sus recuerdos para rumiar.
Ella había sido la flor del pago. Cuántas veces los
troperos al pasar habían
detenido adrede sus fletes delante del rancho, con cualquier excusa,
por el
simple deseo de recibir de sus manos el mate cordial y prometedor. Si,
recordaba
bien aquella tarde en que él, mozo guapo, con montado y
carguero de tiro,
había pedido humildemente permiso para desensillar en cualquier
parte, mientras
con la mirada decía bien a las claras, cual era el patio donde
quería hacer
pie. Tantas cosas había ella soñado aquella noche. Sus
ilusiones le habían
prometido un futuro feliz, con horizontes infinitamente más
amplios que los de
aquel rancho que terminaba con la mirada entre los cardos.
Lo vio
libre, y se imaginó que sería el creador
de la libertad. Lo vio fuerte, y lo soñó el distribuidor
de la firmeza y la seguridad.
No estaba segura de haberse equivocado. Pero sentía pena que no
le había podido
llenar sus sueños.
Y así
estaban los dos, en sus soliloquios, deseando
imposibles y desperdiciando oportunidades. Pidiendo a Dios en el
secreto de sus
corazones todo aquello que creían podría llenar sus
anhelos y curar sus
frustraciones.
Y Dios los
estaba escuchando. Como escucha todo lo
que pasa por dentro del corazón de cada uno de nosotros, aunque
no nos animemos
a sacarlo hecho súplica y palabra. Y Tata Dios en su bondad
quiso hacerles dar
un paso hacia delante. Eligió a uno de los mejores.
Mandó al ángel
Gabriel que fuera volando a llevarles su propuesta.
¡Impresionante! A pesar de lo serenito de aquella
noche de frío en que las estrellas brillaban como nunca, el
rancho fue
sacudido por el
trueno, y un relámpago lo llenó de luz. La Nemesia se
santiguó, como en un
conjuro, mientras que Ciriaco levantó instintivamente el brazo
izquierdo a la
altura de la cara, como si en él tuviera enrollado el poncho.
-
¡Nómbrese a Dios! ¡La paz con ustedes! ¡No
tengan
miedo! - dijo Gabriel con tono tranquilo, como para infundirles
confianza.
No
podían creer lo que sus ojos veían a pesar del
encandilamiento. En su mismo rancho, un ángel del cielo
había aparecido, y les
hablaba. Si parecía un sueño. Pero no. Ahí estaba,
todo resplandeciente, hecho
un temblor de luz, trayéndoles un mensaje del mismo Dios
para ellos dos.
- ¡Nómbrese a
Dios! ¡La paz esté con ustedes! - volvió a repetir
el arcángel San Gabriel -.
Vengo de parte de Dios para anunciarles que El ha escuchado lo que
ustedes
piensan, desean y andan diciéndose en su corazón. Y ahora
les manda el
siguiente recado: tres deseos se les van a cumplir. Los primeros que
ustedes
pidan. Usted, doña Nemesia, tiene derecho a pedir
individualmente un deseo. El
primero que pida en voz alta se le va a cumplir en el acto. Lo mismo
para
usted, don Ciriaco. Lo primero que se le ocurra en voz alta será
cumplido en el
acto. Piénselo bien cada uno. Porque más luego,
tendrán todavía la oportunidad
de un tercer deseo. Pero para que éste se realice tendrán
que ponerse de
acuerdo los dos y pedirlo en forma conjunta. Ya saben: piénsenlo
bien, y que
Dios esté con ustedes.
Dichas estas
palabras el ángel desapareció como
había venido, en medio de luces y temblor de
plumas.
Imagínense cómo habrán quedado los dos esposos con
semejante sorpresa. No podía
hacerse a la idea. Pero al final tomaron conciencia de que la cosa era
cierta.
La primera en reaccionar fue la Nemesia. Como fuera de sí por la
emoción, se
levantó de un salto y tomando el banquito donde estaba sentada
lo dio vueltas
dando la espalda a su esposo, mientras le decía:
- ¡Por favor
Ciriaco, no me digas nada, no me hables! Déjame pensar a solas
lo que tendré
que pedir. - Y luego exclamó para sí: ¡Ay, mi
diosito lindo! Quien lo hubiera
imaginado! Podré al fin cumplir mis sueños. Esos que el
Ciriaco nunca pudo
darme.
Y extasiada
consigo misma comenzó a pasar a toda velocidad la
película de sus sueños, sus
deseos y sus ambiciones personales. Pensó en pedir de nuevo la
juventud, la
belleza, las oportunidades. Luego se imaginó que todo eso era
poco. Pediría
plata, salud, larga vida. Tampoco así quedaba satisfecha del
todo. Debería
pedir además amistades, un palacio, vestidos, cantidad de
sirvientes, y la
oportunidad de hacer fiestas todas las semanas.
Mientras la
Nemesia continuaba su soliloquio
fantasioso, el Ciriaco hacía más o menos lo mismo. Dando
vueltas la cabeza de
vaca que le servía de asiento, comenzó a golpearse
despacito las botas, mientras soltaba
la tropilla de ambiciones por los campos de su imaginación. Ya
se veía al
trotecito del redomón
haciendo punta a su tropilla de un pelo, con madrina zaina y cencerro
cantor.
La estancia que pensaba pedir no tendría límites, y la
hacienda que la poblaría
no necesitaría ser contada. Hasta donde diera la vista, campo y
cielo, todo
sería de don Ciriaco.
En estos y
otros pensamientos estaban ambos,
mientras la noche seguía su curso y el viento enfriaba cada vez
más el
interior del rancho. Entumecida por la inmovilidad y la temperatura
exterior,
la Nemesia volvió a la realidad buscando con los ojos el
brasero. Se dio vuelta
y volvió a estirar sus manos sobre él para calentarse un
poco. Y cayó en la
trampa. Al ver aquellas brasas rojas y sobre ellas la parrillita, va
y se le
cruza el maldito con una tentación haciéndole imaginar un
chorizo chirriando
sobre los carbones encendidos. Imaginarlo y desearlo es casi lo mismo.
Lo peor
fue que lo expresó en voz alta:
-
¡Qué hermosas brasas! ¡Cómo me
gustaría tener aquí
sobre la parrillita un chorizo de dos cuartas de largo asándose!
¡Para qué lo
habrá dicho! Aunque ni se le había pasado por la mente
que este sería su
deseo, de hecho lo fue. Decirlo y suceder fue lo mismo. Porque en ese
preciso
instante un hermoso chorizo apareció milagrosamente goteando
grasa en
el
centro del brasero, sobre la parrillita.
Nemesia
pegó un grito. Pero ya era tarde. Su deseo
estaba realizado. Se quedó atónita mirando el fuego y
sintiendo el crepitar de
las gotitas de grasa al caer sobre las brasas, mientras un humo
apetitoso
comenzaba a llenar el rancho. Ciriaco, que casi ni había
escuchado a su mujer,
volvía la realidad con su grito. Fue ver, y darse cuenta de lo
sucedido. Y como
era hombre de genio arrebatado y de palabra rápida,
también él cayó en la
trampa que parecía pensada por el mismo Mandinga. Se
levantó de un salto y
dirigiéndose a su mujer la apostrofó:
- ¡Pero
mujer! Tenías que ser siempre la misma. Mira
lo que has hecho. Venir a gastar la gran oportunidad de tu vida
pidiendo
solamente un miserable chorizo. Si sería como para sacarte
zumbando ahora mismo
del rancho. Tenías que ser tu, siempre la misma arrebatada,
incapaz de pensar
con la cabeza antes de meter la pata. ¡Cómo me
gustaría que este chorizo se te
pegar en la nariz y no te lo pudieras sacar!
¡Para qué lo
habrá dicho! Porque el hombre no imaginó que al decir
aquello estaba expresando
en voz alta su primer deseo. De esto solo se percató cuando ante
sus ojos
asombrados vio cómo el chorizo pegaba un brinco desde el brasero
para ir a
colgarse de la punta de la nariz de Nemesia. Imagínense el grito
de dolor y de
rabia de la mujer al sentir que su nariz ardía por la quemadura,
lo mismo que
sus dedos al querer sacárselo.
La escena que
siguió no es para describir, sino para imaginar. Porque ahora le
tocó el turno
a la Nemesia, que arremetió con todo lo peor de su abundante
vocabulario para
hacerle sentir al Ciriaco la enormidad de lo que acababa de realizar.
Porque no
sólo había malgastado también él su
oportunidad, sino que lo había hecho
provocándole semejante estropicio a ella.
Todo fue
inútil para calmarla. El Ciriaco se
arrodilló, suplicó, lloró, prometió, quiso
hacer que la Nemesia se calmara para
reflexionar. Pero nada. Y no era para menos. Gritaba pidiendo que se
llamara
inmediatamente al ángel para que en forma conjunta le pidieran
que se pudiera
sacar de su nariz ese maldito chorizo que la estaba martirizando.
Ciriaco
sintió que el mundo se le venía abajo.
Acababan de desperdiciar ambos su oportunidad personal, y ahora
veía con
angustia que tendrían que malgastar también la tercera
posibilidad de ser
felices, simplemente tratando de arreglar el desastre que habían
provocado.
Pero no le quedaba otra alternativa que ceder. Y con pena cedió.
El
ángel fue llamado. Apareció en el pobre rancho
llenándolo nuevamente de luz. Escuchó con bondad la
súplica compungida del
hombre en favor de su mujer, y simplemente dijo:
-
¡Hágase como ustedes han deseado!
En aquel mismo
instante todo volvió a estar como al principio. Solamente que a
la pobre
Nemesia le quedó ardiendo la nariz, y por todo el rancho los
cuzcos y perros
grandes andaban husmeando en busca del chorizo desaparecido.
A veces se me
ocurre pensar que el cuento podría
haber terminado diferente, si lo hubiera podido inventar yo. Me lo
imaginaría
al Ciriaco tomándolo de las manas a la Nemesia, y
mirándola profundamente a los
ojos, le diría:
- Al fin
tengo la oportunidad de cumplir tus sueños.
Quisiera saber cuáles son tus esperanzas y anhelos, porque deseo
gastar esta
gran oportunidad de mi vida, en tu favor.
Emocionada la
Nemesia le respondería más o menos de
la misma manera. Gastaría su oportunidad pidiendo que se
cumplieran los sueños
de Ciricaco. Y todavía les quedaría la tercera
posibilidad conjunta. Sugiero
que la piensen ustedes mismos. Porque este cuento tiene que
completarlo cada
uno según el momento del cuento en que esté.
24
MANERAS DE AMAR
Cuando a la
gente se la habla de que "hay que
amarse los unos a los otros" son muchos los que se te quedan mirando y
te
preguntan: ¿y amar, qué es: un calorcillo en el
corazón? ¿Cómo se hace eso de
amar, sobre todo cuando se trata de desconocidos o semiconocidos?
¿Amar son,
tal vez, solamente algunos impresionantes gestos heroicos?
Un amigo mío, Amado Sáez de Ibarra, publicó hace
muchos años un folleto que se
titulaba "El arte de amar" y en él ofrecía una serie de
pequeños
gestos de amor, de esos que seguramente no cambian el mundo, pero que,
por un
lado, lo hacen más vividero y, por otro, estiran el
corazón de quien los hace.
Siguiendo su
ejemplo voy a ofrecer aquí una lista de
24 pequeñas maneras de amar:
- Aprenderse los nombres de la gente que
trabaja con
nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por
su
nombre.
- Estudiar los gustos ajenos y tratar de
complacerles.
- Pensar, por
principio, bien de todo el mundo.
- Tener la manía de hacer el bien,
sobre todo a los
que no se la merecerían teóricamente.
- Sonreír. Sonreír a todas
horas. Con ganas o sin
ellas.
- Multiplicar el saludo, incluso a los
semiconocidos.
- Visitar a los enfermos, sobre todo sin son
crónicos.
- Prestar libros aunque te pierdan alguno.
Devolverlos tú.
- Hacer favores. Y concederlos antes de que
terminen
de pedírtelos.
- Olvidar ofensas. Y sonreír
especialmente a los
ofensores.
- Aguantar a los pesados. No poner cara de
vinagre
escuchándolos.
- Tratar con antipáticos. Conversar
con los sordos
sin ponerte nervioso.
- Contestar, si te es posible, a todas las
cartas.
- Entretener a los niños chiquitines.
No pensar que
con ellos pierdes el tiempo.
- Animar a los viejos. No engañarles
como
chiquillos, pero subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.
- Recordar las fechas de los santos y
cumpleaños de
los conocidos y amigos.
- Hacer regalos muy pequeños, que
demuestren el
cariño pero no crean obligación de ser compensados con
otro regalo.
- Acudir puntualmente a las citas, aunque
tengas que
esperar tú.
- Contarle a la gente cosas buenas que
alguien ha
dicho de ellos.
- Dar buenas noticias.
- No
contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.
- Exponer nuestras razones en las
discusiones, pero
sin tratar de aplastar.
- Mandar con tono suave. No gritar nunca.
- Corregir de modo que se note que te duele
el
hacerlo.
La lista
podría ser interminable y los ejemplos
similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos
millones de
pequeñas minucias como éstas el mundo se haría
más habitable.
DOS
LOBOS
Un viejo
amerindio estaba hablando con su nieto.
Le decía:
- "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón.
Uno de los
dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno
de amor y
compasión".
El nieto preguntó:
"Abuelo, dime, Cuál de los dos lobos ganará la pelea en
tu corazón?"
El abuelo contestó:
- "Aquel que yo alimente" . . .
LA
RANA Y EL ORGULLO
Una
rana se preguntaba cómo podía alejarse del clima
frío del invierno. Unos gansos
le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana
no sabía
volar. "Déjenmelo a mí -dijo la rana-. Tengo un cerebro
espléndido".
Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una
caña fuerte, cada uno
sosteniéndola por un extremo. La rana pensaba agarrarse a la
caña por la boca.
A su debido tiempo, los gansos
y la rana comenzaron su travesía. Al
poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de
allí salieron
para ver el inusitado espectáculo. Alguien preguntó:
"¿A quién se le
ocurrió tan brillante idea?" Esto hizo que la rana se sintiera
tan
orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó:
"¡A MI!" .
Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca,
se soltó de la
caña, cayó al vacío, y murió.
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