|
CRISTO
DE LOS FAVORES
El viejo
Haakon cuidaba cierta Ermita. En ella se
veneraba un crucifijo de mucha devoción. Este crucifijo
recibía el nombre, bien
significativo de "Cristo de los Favores."
Todos
acudían allí para pedirle al Santo Cristo. Un
día el ermitaño Haakon quiso pedirle también un
favor. Lo impulsaba un
sentimiento generoso. Se arrodilló ante la imagen y le dijo,
"Señor,
quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero
reemplazarte en La
Cruz." Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Sagrada
Efigie, como
esperando la respuesta. El Crucifijo abrió sus labios y
habló. Sus palabras
cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras.
"Siervo
mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser
con una condición."
"Cual,
Señor?" preguntó con acento
suplicante Haakon.
"Es una
condición difícil."
"Estoy
dispuesto a cumplirla con tu ayuda,
Señor," respondió el viejo ermitaño.
"Escucha.
Suceda lo que suceda y veas lo que
veas, has de guardar siempre silencio." Haakon contestó, "Os lo
prometo, Señor." Y se efectuó el cambio. Nadie
advirtió el trueque. Nadie
reconoció al ermitaño, colgado de cuatro clavos en la
Cruz. El Señor ocupaba el
puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el
compromiso. A nadie dijo
nada. Los devotos seguían desfilando pidiendo favores.
Pero un
día... Llegó un rico y, después de haber
orado, dejo allí olvidada su bolsa. Haakon lo vio y
calló. Tampoco dijo nada
cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió
de la bolsa del rico.
Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante
él, poco después, para
pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese
momento volvió
a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que
el muchacho se
la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo,
iracundo,
"!Dame la
bolsa que me has cogido!" El
joven sorprendido, replicó,
"No he cogido
ninguna bolsa."
"!No mientas,
devuelvemela enseguida!"
"Le repito
que no he cogido ninguna bolsa,"
afirmó el muchacho.
El rico
arremetió, furioso, contra él. Sonó entonces
una voz fuerte, "!Detente! El rico miró hacia arriba y vio que
la imagen
hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, grito,
defendió al joven e
increpó al rico por la falsa acusación. Este quedo
anonadado, y salió de la
Ermita. El joven salió
también porque tenía prisa para emprender su viaje.
Cuando la Ermita quedó a
solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo,
"Baja de la
Cruz. No sirves para ocupar mi
puesto. No has sabido guardar silencio."
"Señor,"
dijo Haakon, "como iba a
permitir esa injusticia?" Se cambiaron los oficios. Jesús ocupo
la Cruz de
nuevo y el ermitaño se quedo de rodillas ante el Crucifijo. El
Señor, clavado,
siguió hablando.
"Tu no sabias
que al rico le convenía perder la
bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven
mujer. El
pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo
bien en
llevárselo; En cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus
heridas le
hubieran impedido realizar el viaje que para El resultaría
fatal. Ahora, hace
unos minutos, acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la
vida. Tu no sabías
nada. No sabes nada. Yo sí se. Por eso callo."
Y la sagrada
imagen del crucificado guardó silencio.
Haakon levantó sus ojos hacia él y exclamó:
"Perdón, Señor, Perdón!"
Dios
calla. Y, cuando habla; sus
palabras no destruyen del todo su divino silencio; más bien lo
subrayan con
trazo vigoroso; pues son sus palabras destinadas a Convencernos de que
el
misterio del dolor en este caso, seguirá de Cualquier modo,
siendo misterioso.
Si habla, dice poco más o menos,
"Confiad en mi, que sé
bien lo
que debo hacer".
OBSTÁCULOS
Hace
mucho tiempo, un rey
colocó una gran roca obstaculizando un camino. Luego se
escondió para ver si
alguien quitaba la tremenda roca.
Algunos
de los comerciantes
más adinerados del reino y varios cortesanos pasaron por el
camino y
simplemente le dieron una vuelta; muchos culparon al rey ruidosamente
de no
mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la
piedra
grande del camino.
Entonces
llegó un campesino
que llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, puso su
carga en
el suelo y trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y
fatigarse mucho, pudo lograrlo.
Mientras
recogía su carga de
vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde
había
estado la roca. La
cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey
indicando que
el oro era para la persona que moviera la piedra del camino.
El
campesino sabía lo que
los otros nunca entendieron: Cada obstáculo presenta una
oportunidad para
mejorar tu condición.
QUE
GRAN
CONSUELO
Algún día, cuando mis
hijos
sean suficientemente grandes para entender la lógica que motiva
a las madres,
les diré:
Te
amé lo suficiente, como
para preguntarte a dónde ibas, con quién, y a qué
hora regresarías a casa.
Te
amé lo suficiente, como
para insistir en que ahorraras dinero para comprarte una bicicleta
aunque
nosotros, tus padres, pudiéramos comprarte una.
Te
amé lo suficiente, como
para callarme y dejarte descubrir que tu nuevo y mejor amigo era un
patán.
Te
amé lo suficiente, como
para fastidiarte y estar encima de ti, durante dos horas, mientras
arreglabas
tu cuarto, un trabajo que me hubiese tomado a mí sólo 15
minutos.
Te
amé lo suficiente, como
para dejarte ver mi ira, desilusión y lágrimas en mis
ojos. Los hijos también
deben entender que no somos perfectas.
Te
amé lo suficiente, como
para dejar que asumieras la responsabilidad de tus acciones, aunque los
castigos eran tan duros que rompían mi corazón.
Pero
sobre todo, te amé lo
suficiente, como para decirte que "NO" cuando sabía que me ibas
a
odiar por ello.
Esas
fueron las batallas más
difíciles para mí.
Pero
estoy contenta por
haberlas ganado porque, al final, también las ganaste tú.
Y algún día, cuando tus
hijos sean suficientemente grandes para entender la lógica que
motiva a los
padres, tu les dirás: "Te amé lo
suficiente, como para
hacer todo lo que
hice por ti".
TU
AMIGO,
JESÚS
¿COMO
ESTAS? Tenia que
mandarte esta nota para decirte lo mucho que me importas. Ayer te vi
cuando
caminabas y hablabas con tus amigos. Yo esperé todo el
día
deseando que tu
quisieras también hablar conmigo.
Conforme
avanzaba el
día te di una puesta de sol para cerrar tu día, te
di brisa suave y fresca para descansarte, esperé, pero siempre
te amo
porque
soy tu amigo, te vi quedarte dormido anoche y tenia ganas de tocar tu
frente,
así que dejé que un rayo te acariciara tu rostro.
Te
esperé otra vez queriendo
apresurarme para que pudiéramos hablar...tengo tantos regalos
para
ti. Te
levantase esta mañana muy deprisa y no tuviste tiempo de
hablarme, mis
lagrimas estaban en la lluvia y el rocio esta mañana. Hoy
te veo tan triste,
tan solo, me duele en mi corazón verte así, sabes? yo te
comprendo, porque mis
amigos también me desilusionaron, pero yo si te quiero... yo
trato de decírtelo
a través del cielo azul y del pasto verde y de las flores. Te
grito en los ríos
de las montanas y les doy a los pájaros canciones de amor para
cantarte, te
visto con rayos de sol y perfumo el aire con las esencias de la
naturaleza.
Mi amor
por ti es mas
profundo que los mares y más grande que cualquier necesidad que
tengas
en tu
corazón. Oh, si tu supieras cuánto anhelo caminar
contigo...Yo sé
lo dura que es
la vida en la tierra !vaya que si lo sé! y quiero ayudarte,
quiero que
conozcas
a mi padre, El quiere ayudarte también, solamente tienes que
invocar mi nombre
y pedírmelo.
Ya no te molesto más, sé que estás muy ocupado
pero
quiero que, por
favor, no olvides que te amo.
TU
AMIGO, J E S ÚS
ESTOY
SIEMPRE CONTIGO
¿Me
necesitas? Estoy aquí
contigo.
No
puedes verme, sin embargo
soy la Luz que te permite ver.
No
puedes oírme, sin embargo
hablo a través de tu voz.
No
puedes sentirme, sin
embargo soy el poder que trabaja en tus manos.
Estoy
trabajando en ti,
aunque desconozcas mis senderos.
Estoy
trabajando, aunque no
reconozcas mis obras.
No
soy una visión extraña.
No soy un misterio.
Sólo
en silencio absoluto,
más allá del “yo” que aparentas ser, puedes conocerme.
Todavía
estoy aquí contigo.
Todavía te oigo.
Todavía
te contesto.
Aunque
me niegues, estoy
contigo.
En
los momentos en que más
solo crees encontrarte, Yo estoy contigo.
Aún
en tus temores, estoy
contigo.
Aun
en tu dolor, estoy
contigo.
Estoy
contigo cuando oras y
cuando no oras.
Estoy
en ti y tú estás en
Mi.
Sólo
en tu mente puedes
sentirte separado de Mi, pues sólo en tu mente
están
las brumas de “lo
tuyo” y “lo mío”.
Sin
embargo tan solo con tu
mente puedes conocerme y sentirme.
Vacía
tu corazón de temores
ignorantes. Cuando quites el “yo” del medio, estoy contigo.
Tu
sólo no puedes hacer
nada, pero Yo todo lo puedo.
Yo
estoy en todo. Aunque no
puedas ver bien, el bien está allí, pues Yo estoy
allí.
Sólo
en Mi el mundo tiene
significado; sólo de Mi toma el mundo forma.
Sólo por mi el mundo sigue adelante.
Soy
tu paz. Soy uno contigo.
YO SOY.
Aunque tardes en buscarme, Yo nunca dejo de encontrarte.
Aunque
tu fe en Mi es
insegura, mi fe en ti nunca flaquea.
Porque
te conozco,
porque
te amo.
Mi
hijo bienamado, estoy
aquí, contigo.
Y te
espero.
NO
RECIBÍ NADA DE LO QUE PEDÍ
Pedí
a Dios ser fuerte,
a
fin de ejecutar proyectos grandiosos,
y
El me hizo débil,
para
conservarme en la humildad.
Pedí
a Dios que me diese salud,
para
realizar grandes empresas
y
El me dio la enfermedad,
para
comprenderlas mejor.
Pedí
a Dios la riqueza,
para
poseerlo todo,
y
El me dejó pobre,
para
no ser egoísta.
Pedí
a Dios el poder,
para
que los hombres necesitasen de mí,
y
El me dio la humildad
para
que yo necesitase de ellos.
Pedí
a Dios gozar de la vida,
y
El me dio la vida para que pudiese gozar de todo.
Señor,
no recibí nada de lo que pedí,
pero
me diste todo lo que necesitaba.
Y
casi contra mi voluntad,
las
oraciones que no hice fueron escuchadas.
¡Alabado
seas, oh Dios mío!
Entre
todos los hombres nadie tiene más que yo.
Oración
de un atleta estadounidense que, a los 24 años,quedó
paralizado y encontró a Dios en el sufrimiento.
QUIEN
TIENDE LAS MANOS
Quien
tiende las manos, quien da calor,
y
quien no pide nada, sabe de amor.
Quien
cada mañana saluda alegre al sol,
quien
es fuerte, quien vive, sabe de amor.
Quien
no se retira, quien cuida el calor,
quien
no cierra las puertas, sabe de amor.
Quien
siempre espera del otro lo mejor
y
quien nunca se cansa, sabe de amor.
Quien
tiene en su vida sólo una obsesión,
quien
acoge las cargas, sabe de amor.
Quien
tiene escondida su fuerza en una cruz,
es
que ha recibido de Dios la luz.
Quien
fuerte proclama que Dios es Salvador
es
que ha conocido que Dios es Amor.
Una
sonrisa no cuesta nada
Y
produce mucho.
Enriquece
al que la recibe
sin
empobrecer al que la da;
no
dura más que un instante,
pero
su recuerdo en a veces eterno.
Ninguno
es tan rico
que
pueda prescindir de ella,
ninguno
es tan miserable
para
no necesitarla.
Una
sonrisa
creadora
de la felicidad,
es
un sostén en
la familia
Y
en la tarea diaria.
Una
sonrisa
es
el signo de la amistad.
Una
sonrisa
da
reposo en el cansancio,
en
el desaliento renueva
el valor,
es
consolidación en la tristeza.
Una
sonrisa
es
el antídoto natural
en
todas las penas,
pero
es un bien
que
no se puede
comprar,
ni comprometer,
ni
robar...
Porque
solo tiene valor
en
el instante en
que se da.
Si
encontraran
quizá,
que la esperada
sonrisa
no
se les dona,
sean
generosos y
den la suya.
Porque
nadie tiene
tanta
necesidad
de
una sonrisa
como
aquel
que
a los demás
no
sabe darla.
GRATITUD
DE
AMIGO
Por la
amistad que me profesas,
por mis defectos que no notas,
por mis valores que estimulas,
por mi fe que alimentas,
por esta paz que nos transmitimos,
por este pan de amor que repartimos,
por el silencio que dice casi todo,
por esa mirada muda que reprueba,
por esa mirada que dice:
-¡Amigo, vas hacia adelante!,
porque no te callas y no consientes,
por la pureza de estos sentimientos,
por estar presente en todos los momentos,
aun cuando estás
ausente,
por ser feliz cuando me ves contento,
por estar triste cuando estoy entristecido,
por reír conmigo cuando estoy alegre,
por reprenderme cuando estoy equivocado,
por mi secreto que siempre guardaste,
por tu secreto que sólo yo conozco, y
por darme cuenta que apenas lo merezo,
porque en cada instante me acercas a Dios,
por ese amor fraterno tan constante,
por todo esto y mucho más yo te digo:
-Dios te bendiga, mi querido amigo.
A ESO DE CAER Y VOLVER A
LEVANTARTE
A eso de caer y volver a
levantarte.
De fracasar y volver a comenzar.
De seguir un camino y tener que torcerlo.
De encontrar el dolor y tener que afrontarlo.
A eso no le llames adversidad,
Llámale sabiduría.
A eso de sentir la mano de
DIOS
Y saberte impotente.
De fijarte una meta y tener que seguir otra.
De huir de una prueba y tener que encararla.
De planear un vuelo y tener que recortarlo.
De aspirar y no poder, de querer y no saber,
De avanzar y no llegar.
A eso no le llames castigo,
Llámale enseñanza.
A eso de pasar días juntos
radiantes.
Días felices y días tristes.
Días de soledad y días de compañía.
A eso no le llames rutina,
Llámale experiencia.
A eso de que tus ojos miren
Y tus oídos oigan.
Y tu cerebro funcione y tus manos trabajen.
Y tu alma irradie, y tu sensibilidad sienta.
Y tu corazón ame.
A eso no le llames poder humano,
Llámale milagro divino…
EL
PLAN DE DIOS
No te detengas en lo malo
que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a
cambiar.
No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.
No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación,
sino en cada paso
que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas.
No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu
propia vida y trata de
cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es
alcanzarla.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el
futuro llegue a su
tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que "cada día tiene su
propio
afán" (Mt. 6,34)
NO
LLORES SI
ME AMAS
No llores si me amas
¡Si conocieras el don de Dios
y lo que es el cielo!
Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
¡Si por un instante pudieran contemplar,
como yo, la belleza, ante la cual
las bellezas palidecen!
¿Me has amado en el país
de las sombras y no te resignas a verme
en el de las inmutables realidades?
Créeme, cuando llegue el día
que Dios ha fijado,
y tu alma venga a este cielo,
en que te ha precedido la mía,
volverás a ver a este corazón
que siempre te ama, con todas
sus ternuras purificadas,
transfigurado y feliz,
no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo por senderos de luz.
Enjuga tu llanto, no llores si me amas.
San Agustín
PADRE
NUESTRO
TU: Padre Nuestro que estás en
los cielos..
DIOS: Si.. Aquí estoy..
TU: Por favor ... no me interrumpa,
estoy orando!
DIOS: Pero tu me llamaste!..
TU: Que llamé? No llamé a nadie.
Estoy
orando.... Padre Nuestro que estás en los cielos...
DIOS: Ah!!! Eres tu nuevamente.
TU: ¿Cómo?
DIOS: Me llamaste!, Tu dijiste:
Padre nuestro que estás en cielos... Estoy aquí.
¿En que te puedo ayudar?
TU: Pero no quise decir eso. Estoy
orando. Oro el Padrenuestro todos los días, me siento bien
orando así. Es como
cumplir con un deber. Y no me siento bien hasta cumplirlo.
DIOS: Pero como puedes decir Padre
Nuestro, sin pensar que todos son tus Hermanos, ¿Cómo
puedes decir que estás en
los cielos, si no sabes que el cielo es paz, que el cielo es amor a
todos...
TU: Es que.... realmente, no había
pensado en eso.
DIOS: Pero.. prosigue tu oración.
TU: Santificado sea tu nombre...
DIOS: Espera ahí! ¿qué
quieres decir
con eso?
TU: Quiero decir... quiero decir, ... lo que
significa. Como lo voy a saber? Es parte de la
oración. Solo eso!
DIOS: Santificado significa digno de
respeto, Santo, Sagrado.
TU: Ahora lo entiendo. Pero nunca había
pensado en el sentido de la palabra SANTIFICADO. Venga a nosotros tu
reino,
hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo..."
DIOS: Estás hablando en serio?
TU: Claro! ¿Por que no?
DIOS: Y que haces tu para que eso
suceda?
TU: ¿Cómo que hago? Nada!!... Es
que
es parte de la oración, hablando de eso... seria bueno que el
Señor tuviera
control de todo lo que aconteciese en el cielo y en la tierra
también.
DIOS: ¿Tengo control sobre ti?
TU: Bueno... yo voy a la Iglesia!
DIOS: No fue eso lo que te pregunté!
Que tal el modo en que tratas a tus hermanos, la forma en que gastas tu
dinero,
el mucho tiempo que das a la televisión, las propagandas por las
que corres
detrás, y el poco tiempo que me dedicas a Mi?
TU: Por favor, para de criticar!
DIOS: Disculpa. Pensé que estabas
pidiendo para que se haga mi voluntad. Si eso fuera a acontecer..
qué hacer con
aquellos que rezan y aceptan mi voluntad, el frío, el calor, la
lluvia, la
naturaleza, la comunidad....
TU: Es cierto, tienes razón... Nunca
acepto tu voluntad, pues reclamo de todo: Si mandas lluvia, pido sol;
si
mandas sol me quejo del calor, si mandas frio, continuó
pidiendo, pido salud,
pero no cuido de ella.
DIOS: Excelente que reconozcas todo
eso. Vamos a trabajar juntos tu y yo. Vamos a tener victorias y
derrotas. Me
está gustando mucho tu nueva actitud.
TU: Oye Señor, necesito terminar
ahora, esta oración esta tardando mucho más de lo
acostumbrado. Continúo...
"el pan nuestro de cada día danos hoy"...
DIOS: Para ahí! ¿Me estas pidiendo
pan material? No solo de pan vive el hombre sino también de mi
Palabra. Cuando
me pidas el pan, acuérdate de aquellos que no tienen pan. Puedes
pedirme lo
que quieras, deja que me vea como un Padre amoroso! Estoy interesado en
la
ultima parte de tu oración.. continúa...
TU: "Perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden..."
DIOS: y tu hermano despreciado?
TU: Ves? Oye Señor, él me
criticó
muchas veces y no era verdad lo que decía. Ahora no consigo
perdonarlo.
Necesito vengarme.
DIOS: Pero.. y tu oración? ¿que
quieres decir con tu oración? Tu me llamaste y estoy
aquí, quiero que salgas de
aquí transformado, me gusta que seas honesto. Pero no es bueno
cargar con el
peso de la ira dentro tuyo¿Entiendes?
TU: Entiendo que me sentiría mejor
si me vengara.
DIOS: No! Te vas a sentir peor. La
venganza no es buena como parece. Piensa en la tristeza que me
causarías,
piensa en tu tristeza ahora. Yo puedo cambiar todo para ti. Basta que
tu
quieras.
TU: Puedes? ¿Pero como?
DIOS: Perdona a tu hermano, y te
perdonaré a ti y te aliviaré.
TU: Pero Señor.. no puedo perdonarlo.
DIOS: Entonces no me pidas perdón
tampoco!
TU: Estás acertado! Pero solo
quería
vengarme, quiero la paz Señor. Está bien, está
bien: perdono a todos, pero
ayúdame Señor!.... Muéstrame el camino a seguir.
DIOS: Esto que pides es maravilloso,
estoy muy feliz contigo. Y tu... Cómo te estás sintiendo?
TU: ¡Bien, muy bien! A decir verdad,
nunca me había sentido así. Es muy bueno hablar con Dios.
DIOS: Ahora terminemos la oración..
prosigue...
TU: "No nos dejes caer en la
tentación y líbranos del mal..."
DIOS: Excelente, voy a hacer
justamente eso, pero no te pongas en situaciones donde puedas ser
tentado.
TU: y ahora.. ¿que quieres decir con
eso?
DIOS: Deja de andar en compañía de
personas que te llevan a participar de cosas sucias, secretos. Abandona
la
maldad, el odio. Todo eso te lleva al camino errado. No uses todo eso
como
salida de emergencia.
TU: no te entiendo!
DIOS: Claro que entiendes!... Has
hecho conmigo eso varias veces. Vas por el camino equivocado y luego
corres a
pedirme socorro.
TU: Tengo mucha vergüenza, perdóname
Señor.
DIOS: Claro que te perdono! Siempre
perdono a quien esta dispuesto a perdonar también.... Pero
cuando me vuelvas a
llamar acuérdate de nuestra conversación, medita cada
palabra que dices.
Termina tu oración.
TU: Terminar? Ah, si,
"AMEN!"
DIOS: y que quiere decir..
"Amen"?
TU: No lo sé. Es el final de la
oración.
DIOS: Debes decir AMEN cuando
aceptas todo lo que quiero, cuando concuerdas con mi voluntad, cuando
sigues
mis mandamientos, porque AMEN quiere decir ASÍ SEA , estoy de
acuerdo con todo
lo que recé.
TU: Señor, gracias por enseñarme
esta oración, y ahora gracias también por
hacérmela entender.
DIOS: Yo amo a todos mis hijos, pero
amo más a aquellos que quieren salir del error, a aquellos que
quieren
ser
libres del pecado. Te bendigo y permanece en mi paz!
TU: Gracias Señor!. Estoy muy feliz
de saber que eres mi amigo.
AFÉRRATE
Aférrate
a la fe porque es la fuente de la creencia de que todo es posible. Es
la fibra
y es la fortaleza de un alma confiada.
Aférrate
a la esperanza porque destierra la duda y da lugar a actitudes
positivas y
alegres.
Aférrate
a la confianza porque se encuentra en el corazón de las
relaciones fructíferas
que son seguras y satisfechas.
Aférrate
al amor porque es el don más preciado de la vida, porque es
generoso, se
preocupa y da significado a la vida.
Aférrate
a la familia y a los amigos porque son las personas más
importantes en tu vida
y porque hacen del mundo un lugar mejor. Ellos son la vida que ha
crecido con
el tiempo para ayudarte a seguir tu camino y permanecer siempre cerca
de ti.
Aférrate
a todo lo que eres y a todo lo que has aprendido, porque esto es lo que
te
convierte en un ser singular. No menosprecies lo que sientes y lo que
crees que
es bueno e importante, tu corazón te habla con más fuerza
que tu mente.
Aférrate
a tus sueños, alcánzalos de manera diligente y honrada.
No tomes nunca el
camino fácil ni te rindas ante el engaño.
Recuerda
a otros en tu camino y dedica tiempo para atender sus necesidades.
Disfruta de
la belleza que te rodea. Ten valor para ver las cosas de manera
diferente y más
clara.
Haz
del mundo un lugar mejor día a día y no te olvides de las
cosas importantes que
dan significado a tu vida.
CAMBIAR
YO PARA QUE
CAMBIE EL MUNDO
El
sufi Bayazid dice acerca de sí mismo:
"De
joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en
decir a Dios: 'Señor, dame fuerzas para cambiar el
mundo'."
"A
medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de
que me había pasado
media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé
mi oración y
comencé a decir: 'Señor, dame la gracia
de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo
sea a mi
familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho'."
"Ahora,
que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a
comprender lo
estúpido que yo he sido. Mi única oración es la
siguiente: 'Señor, dame la gracia de cambiarme a
mí mismo'. Si yo hubiera
orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi
vida."
LA
MIRADA DE JESÚS
"Le dijo Pedro:
"¡Hombre, no sé de que me hablas!" Y en aquel momento,
estando aún
hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y
miró a Pedro... Y Pedro,
saliendo fuera, rompió a llorar amargamente."
Yo he tenido unas relaciones
bastante buenas con el Señor. Le pedía cosas, conversaba
con Él, cantaba sus
alabanzas, le daba gracias... Pero siempre tuve la incómoda
sensación de que Él
deseaba que le mirara a los ojos..., cosa que yo no hacía. Yo le
hablaba, pero
desviaba mi mirada cuando sentía que Él me miraba.
Yo miraba siempre a otra
parte. Y sabía por qué: tenía miedo. Pensaba que
en sus ojos iba a encontrar
una mirada de reproche. Pensaba que en sus ojos iba a descubrir una
exigencia;
que había algo que Él deseaba de mí.
Al fin, un día, reuní el
suficiente valor y miré. No había en sus ojos reproche ni
exigencia. Sus ojos
se limitaban a decir: "TE QUIERO". Me quedé mirando fijamente
durante
un largo tiempo y allí seguía el mismo mensaje: "TE
QUIERO".
Y, al igual que Pedro, salí
fuera y lloré.
SE
BUSCA UN
SANTO
Perdóname,
Señor, que venga a molestarte, pero se me acaba de ocurrir una
idea:
Dicen
que tienes necesidad de un Santo y pienso que tal vez podría
servirte
yo...
Vengo,
pues, a ofrecerme para tal empleo; creo que podría cumplir bien
esa
ocupación.
A
pesar de lo que digan, el mundo está lleno de personas perfectas.
Hay
muchos que te ofrecen tantos sacrificios que, para que no te
equivoques
al contarlos, los marcan con pequeñas cruces en un
cuadernillo.
A mí, la verdad, no me gustan los sacrificios, me fastidian
enormemente...
Lo
que te he dado, Señor, tú sabes bien que lo has cogido
tú mismo sin
pedirme
permiso y, lo más que yo he hecho, ha sido no protestar...
Hay
también otros que se corrigen de un defecto por semana y
¡claro!
Serán
forzosamente perfectos al cabo de un trimestre.
Pero
yo no tengo suficiente confianza en mí para hacer eso,
¿quién sabe
si
perseveraré al cabo de la primera semana?
¡Soy
tan impulsivo, Dios mío!
Por
eso, prefiero quedarme con mis defectos, aunque usándolos lo
menos posible...
Las
personas perfectas tienen tantas cualidades, que no hay sitio en su
alma para
otra cosa y por lo tanto nunca llegaran a ser Santos.
Además,
tampoco tienen ganas de serlo por miedo a faltar a la humildad.
Pero
un Santo, Señor, yo creo que es ser un vaso vacío, que
tú llenarás de tu
gracia, con el amor que desborda tu Corazón, con la santidad de
los Tres...
Mira,
Señor, que yo soy eso: un vaso vacío, sin nada;
sólo hay un poco de fango
estancado en el fondo y no está muy limpio, ya lo sé...
Pero
seguro que ahí arriba tú tienes algún detergente
celestial!
y
además, ¿para qué serviría el Agua de tu
Costado sino para lavarlo antes de
usarlo?
Pero
si tampoco tú quieres de mí, Señor, no
insistiré...
Piensa,
sin embargo, en mi propuesta, que va en serio.
Cuando
vayas a tu bodega a sacar el vino de tu amor, acuérdate que, en
cierto lugar de
la tierra, tienes un pequeño vaso a tu disposición.
WANTED!
ALIAS:
EL
MESÍAS, EL HIJO DE DIOS, EL PRÍNCIPE DE LA PAZ...
Notable
líder de un movimiento de liberación.
Se
le busca por estas razones:
-
Practica la medicina, fabrica vino y distribuye alimentos sin licencia.
-
Se entromete en los asuntos públicos, alborota al pueblo y
atenta contra la libertad
de los comerciantes.
-
Se arroga autoridad para hacer de la gente hijos de Dios.
Apariencia:
Cabellos largos, barba, túnica y sandalias.
Merodea
por los barrios bajos, tiene pocos amigos ricos y con frecuencia se
esconde en
el desierto.
Tiene
un grupo de seguidores a quienes llaman apóstoles.
Atención:
Este hombre es extremadamente peligroso. Su insidioso e inflamador
mensaje es
particularmente incitador para la gente joven: una vez conocido,
difícilmente
se olvida. Transforma a los hombres y exige para ellos la libertad.
Este
vagabundo constituye un peligro público.
AVISO: ESTÁ
TODAVÍA EN LIBERTAD
LA SILLA
La hija de un hombre le pidió al sacerdote
que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba
muy enfermo.
Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo,
encontró a este hombre
en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había
una silla al
lado de su cama, por lo que el sacerdote asumió que el hombre
sabía que vendría
a verlo.
- "Supongo
que me estaba esperando", le dijo.
- "No,
¿quién es usted?", dijo el hombre.
- "Soy el
sacerdote que su hija llamó para que orase con
usted. Cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que
usted sabía que
yo iba a venir a verlo".
- "Oh
sí, la silla", dijo el hombre enfermo.
"¿Le importa cerrar la puerta?".
El sacerdote, sorprendido, la cerró.
"Nunca le he dicho esto a nadie, pero... toda mi vida la he pasado sin
saber cómo orar. Cuando he estado en la iglesia he escuchado
siempre al
respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que
trae, etc., pero
siempre esto de las oraciones me entró por un oído y
salió por el otro, pues no
tengo idea de cómo hacerlo. Por ello hace mucho tiempo
abandoné por
completo la oración. Esto ha sido así en mí hasta
hace unos cuatro años, cuando
conversando con mi mejor amigo me dijo: "José, esto de la
oración es
simplemente tener una conversación con Jesús. Así
es como te sugiero que lo
hagas... Te sientas en una silla y colocas otra silla vacía
enfrente tuyo,
luego con fe mira a Jesús sentado delante tuyo. No es algo
alocado el hacerlo,
pues Él nos dijo 'Yo estaré siempre con vosotros'. Por lo
tanto, le hablas y lo
escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo
ahora mismo".
José continuó hablando: "Es así
que lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo
unas dos horas
diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a
ver mi
hija, pues me internaría de inmediato en la casa de los locos".
El sacerdote sintió una gran emoción al
escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que
había estado haciendo y
que no cesara de hacerlo, luego hizo una oración con él,
le extendió una
bendición, los santos óleos y se fue a su parroquia.
Dos días después, la hija de José llamó al
sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El
sacerdote le preguntó:
"¿Falleció en paz?". "Sí", respondió
la hija.
"Cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me
llamó y fui a
verlo a su cama. Me dijo lo mucho que me quería y me dio
un beso. Cuando
regresé de hacer compras una hora más tarde ya lo
encontré muerto. Pero hay
algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente justo
antes de morir
se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y
recostó su cabeza en ella,
pues así lo encontré. ¿Qué cree usted
que pueda significar esto?".
El sacerdote se secó las lágrimas de
emoción y le respondió: "Ojalá que todos nos
pudiésemos ir de esa
manera".
EL
HILO PRIMORDIAL
Agosto estaba
terminando tibio. Había llovido en la ultima semana y, con el
llanto de las
nubes, el cielo se había despejado. Cuando se acerca septiembre,
suele suceder
que el viento de tierra adentro sopla suavemente y a la vez que va
entibiando
su aliento, logra devolver al cielo todo su azul y su luminosidad.
Y aquella
tarde, pasaje entre agosto y septiembre, el cielo azul se vio poblado
por las
finas telitas voladoras que los niños llaman Babas del
Diablo. De dónde
venían? Para dónde iban? Pienso que venían del
territorio de los cuentos, y
avanzaban hacia la tierra de los hombres.
En una de
esas telitas, finas y misteriosas como todo nacimiento, venia navegando
una
arañita. Pequeña: puro futuro e instinto. Volando tan
alto, la arañita veía
allá muy abajo los campos verdes recién sembrados y
dispuestos en praderas.
Todo parecía casi ilusión o ensueño para imaginar.
Nada era preciso. Todo
permitía adivinar más que conocer.
Pero poco a
poco la nave del animalito fue descendiendo hacia la tierra de los
hombres. Se
fueron haciendo más claras las cosas y más chico el
horizonte. Las casas eran
ya casi casas, y los árboles frutales podían distinguirse
por lo floridos, de
los otros que eran frondosos.
Cuando la
tela flotante llegó en su descenso a rozar la altura de los
árboles grandes,
nuestro animalito se sobresaltó. Porque la enorme mole de los
eucaliptos
comenzó a pesar misteriosa y amenazadoramente a su lado como
grises témpanos de
un mar desconocido.
Y de
repente: Tras! Un sacudón conmovió el vuelo y lo detuvo.
Qué había pasado?
Simplemente
que la nave había encallado en la rama de un
árbol y el oleaje del viento la hacia flamear fija en el mismo
sitio.
Pasado el
primer susto, la arañita, no sé si por instinto o por una
orden misteriosa y ancestral,
comenzó a correr por la tela hasta pararse finalmente en el
tronco en que
había encallado su nave. Y desde allí se largó en
vertical buscando la tierra.
Su aterrizaje no fue una caída, fue un descenso. Porque un hilo
fino pero muy
resistente, la acompañó en su trayecto y la mantuvo unida
a su punto de
partida. Y por ese hilo volvió luego a subir hasta su punto de
desembarco.
Ya era de noche. Y como era pequeña y la
tierra le daba miedo, se quedó a dormir en la altura.
Por la mañana
volvió a repetir su descenso, que esta vez fue para ponerse a
construir una
pequeña tela que le sirviera en su deseo de atrapar bichitos.
Porque la arañita
sintió hambre. Hambre y sed.
Su primera
emoción fue grande al sentir que un insecto más
pequeño que ella había quedado prendido en su
tela-trampa. Lo envolvió y lo
succionó. Luego, como ya era tarde, volvió a trepar por
el hilito primordial, a
fin de pasar la noche reencontrándose consigo misma allá
en su punto de
desembarco.
Y esto se
repitió cada mañana y cada noche. Aunque cada día
la tela era más grande, más
sólida y más capaz de atrapar bichos mayores. Y siempre
que añadía un nuevo
círculo a su tela, se veía obligada a utilizar aquel fino
hilo primordial a fin
de mantenerla tensa, agarrando de él los hilos cuyas otras
puntas eran fijadas
en ramas, troncos o yuyos que tironeaban para abajo. El hilo ese era el
único
que tironeaba para arriba. Y por ello lograba mantener tensa toda la
estructura
de la tela.
Por
supuesto, la arañita no filosofaba demasiado sobre estructuras,
tironeos o
tensiones. Simplemente obraba con inteligencia y obedecía a la
lógica de la
vida de su estirpe tejedora. Y cada noche trepaba por el hilo inicial a
fin de
reencontrarse con su punto de partida.
Pero un día
atrapó un bicho de marca mayor. Fue un banquetazo. Luego de
succionarlo (que es
algo así como vaciar para apropiarse) se sintió contenta
y agotada. Esa noche
se dijo que no subiría por el hilo. O no se lo dijo. Simplemente
no subió. Y la
mañana siguiente vio con sorpresa que por no haber subido,
tampoco se veía
obligada a descender. Y esto le hizo decidir no tomarse el trabajo del
crepúsculo y del amanecer, a fin de dedicar sus fuerzas a la
caza y succión de
presas que cada día preveía mayores.
Y así, poco
a poco fue olvidándose de su origen, y dejando de recorrer aquel
hilito fino y
primordial que la unía a su infancia viajera y soñadora.
Sólo se preocupaba por
los hilos útiles que había que reparar o tejer cada
día, debido a que la caza
mayor tenía exigencias agotadoras.
Así amaneció
el día fatal. Era una mañana de verano pleno. Se
despertó con el sol naciente.
La luz rasante irisaba de perlas el rocío cristalizado en gotas
en su tela. Y
en el centro de su tela radiante, la araña adulta se
sintió el centro del
mundo. Y comenzó a filosofar. Satisfecha de sí misma,
quiso darse a sí misma la
razón de todo lo que existía a su alrededor. Ella no
sabia que de tanto mirar
lo cercano, se había vuelto miope. De tanto preocuparse por lo
inmediato y
urgente, terminó por olvidar que más allá de ella
y del radio de su tela, aun
quedaba mucho mundo con existencia y realidad. Podría al menos
haberlo intuido
del hecho de que todas sus presas venían del más
allá. Pero también había
perdido la capacidad de intuición. Diría que a ella no le
interesaba el mundo
del más allá; solo le interesaba lo que del más
allá llegaba hasta ella y nada
más, salvo quizá por su tela cazadora.
Y mirando su
tela, comenzó a encontrarle una finalidad a cada hilo.
Sabía de
donde partían y hacia donde se dirigían. Donde se
enganchaban y para que
servían.
Hasta que
se topó con ese bendito hilo primordial. Intrigada
trató de recordar cuando lo había tejido. Y ya no
logró recordarlo. Porque a
esa altura de la vida los recuerdos, para poder durarle, tenían
que estar
ligados a alguna presa conquistada. Su memoria era eminentemente
utilitarista.
Y ese hilo no había apresado nada en todos aquellos meses.
Se preguntó
entonces a donde conduciría. Y tampoco logró darse una
respuesta apropiada.
Esto le dio rabia. Caramba! Ella era una araña
práctica, científica y
técnica. Que no le vinieran ya con poemas infantiles de vuelos
en atardeceres
tibios de primavera. O ese hilo servía para algo, o había
que eliminarlo.
Faltaba más, que hubiera que ocuparse de cosas inútiles a
una altura de la vida
en que eran tan exigentes las tareas de crecimiento y subsistencia!
Y le dio
tanta rabia el no verle sentido al hilo primordial, que
tomándolo entre las
pinzas de sus mandíbulas, lo seccionó de un solo golpe.
Nunca lo
hubiera hecho! Al perder su punto de tensión hacia arriba, la
tela se cerró
como una trampa fatal sobre la araña. Cada cosa recuperó
su fuerza
disgregadora, y el golpe que azotó a la araña contra el
duro suelo, fue
terrible. Tan tremendo que la pobre perdió el conocimiento y
quedó desmayada
sobre la tierra, que esta vez la recibía mortíferamente.
Cuando
empezó a recuperar su conciencia, el sol ya se acercaba a su
cenit. La tela
pringosa, al resecarse sobre su cuerpo magullado, la iba estrangulando
sin
compasión y las osamentas de sus presas le trituraban el pecho
en un abrazo
angustioso y asesino.
Pronto entró
en las tinieblas, sin comprender siquiera que se había suicidado
al cortar
aquel hilo primordial por el que había tenido su primer contacto
con la tierra
madre, que ahora seria su tumba.
Conozco
realmente cual es el hilo primordial de mi vida?
Lo cuido o
lo olvido constantemente?
Desearía
encontrarlo? Dónde creo que lo podré encontrar?
Y la
oración? Cómo anda mi diálogo con Dios?
Me preocupo
por mirar más allá de mi realidad terrena?
Todos los
días al mediodía, un pobre anciano entraba en la iglesia
del pueblo y pocos
minutos después salía. Un día el sacerdote del
lugar le preguntó lo que venía a
hacer (pues existían muchos objetos de valor en la parroquia).
- Vengo a
rezar, respondió el anciano.
- Pero es
muy raro, le dijo el sacerdote, que usted consiga rezar tan
rápido.
- Bien, respondió el anciano, yo no sé
recitar aquellas oraciones largas, pero todos los días al
mediodía, entro en la
iglesia y solamente digo "HOLA JE |